Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "pecado" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra pecado para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- No había pecado.
- ¿Era aquello pecado?
- Que eso no es pecado.
- Has pecado, has padecido.
- Y si ese chico es mi pecado.
- El pecado trae la penitencia.
- ¿Habría pecado involuntario?
- Tú has padecido, tú has pecado.
- Y sí, es pecado, es acaso pecado.
- ¡Así se explica el pecado original!
- Porque éstos son hijos de mi pecado.
- Que vivan en gracia, libres de pecado.
- El peligro que hay, decía, raya en pecado.
- Come, hijo, que el comer no es pecado gordo.
- Y ella había pecado, sí, sí, había pecado.
- El pecado ese es de lo más atroz que puede haber.
- Era pecado enamorarse de él, porque era clérigo.
- ¿Cómo era posible que la Virgen defendiera el pecado?
- Es un pecado, un pecado tan grande como otro cualquiera.
- Para ella no había más pecado mortal que la hipocresía.
- ¡pecado mortal! En fin que aquello se tenía que concluir.
- Se la quiso convencer de que había cometido un gran pecado.
- Al pie de la letra es pecado, es una rebelión, es horrible.
- En realidad no era aquello virtud, sino cansancio del pecado.
- ¿Y crees tú que una idea, pongo por caso, es también pecado?
- Y el amor, aquel amor, lo que ella se figuraba, pecado, pequeñez.
- Pero así y todo, hay peligro que raya en pecado, por ser peligro.
- También usted ha padecido, también usted ha pecado, querida tía.
- Sería cometer un horrible pecado de ingratitud por salvar mi alma.
- Vamos, que no era pecado muy gordo, se me subió la hiel a la cabeza.
- Aquella amistad de Germán había sido un pecado, ¿quién lo diría?
- Pero aún no había lavado su pecado original que llevaba en el nombre.
- Pero mayor pecado era engañarle, clavarle aquellas espinas en el alma.
- Según su relato, no había pecado, todo había sido pura equivocación.
- La ociosidad me volvería al pecado, como volvía a la misma Santa Teresa.
- ¡Ay!, yo creí que matar al que nos engaña, al que nos vende, no es pecado.
- Me parece que esto no es ningún pecado, ni tampoco el llevarme a la pequeña.
- La mancha del pecado era tal, que aun a la misma inocencia extendía su sombra.
- ¡oh! estoy segura de que, tal como lo siento, nada de lo que he dicho es pecado.
- No, no era Dios, sino el pecado, en figura de Sabel, quien lo arrojaba del paraíso.
- ¡peligro habrá, no lo niego, pero pecado no! ¡Por lo demás (cambio de voz) dicho.
- Aquella pájara, aquella Regenta, santurrona en pecado mortal, le tenía ciego, loco.
- Allí, además, parece ocioso hablar de lo que no es pecado o por lo menos camino de él.
- Eso no tenía duda, y por más que dijeran, nada que se relacionase con el amor era pecado.
- Eso es el pecado original, y la Santísima Virgen Madre nació sin mancha de pecado original.
- No sería un pecado ese tedio si se pudiera remediar, sería un pecado si no se quisiera remediar.
- Y aún es peor en un sacerdote, si me apuran, el mal ejemplo y el escándalo, que el mismo pecado.
- ¡Ay!, señora, he cometido un pecado tan grande, tan regrande, que no creo que me lo perdone Dios.
- Cuanto más horroroso le parecía el pecado de pensar en don Álvaro, más placer encontraba en él.
- Es que usted, como si lo viera, conserva resentimientos y quizá pretensiones que son un gran pecado.
- En fin, todo ello no es más que falta de conciencia, podredumbre del corazón, subterfugios del pecado.
- No puede uno echar fuera completamente el hombre supersticioso que lleva en la sangre la idea del pecado.
- Todo aquello añadió el Magistral después de presentarlo en resumen de puro peligroso rayaba en pecado.
- Ahora el pecado era algo más que el adulterio repugnante, era la burla, la blasfemia, el escarnio de Jesús.
- La religión no presentaba como una senda ardua la de la virtud, sino para los que viven sumidos en el pecado.
- Fuiste escogida para este prodigio, porque has padecido mucho, porque has amado mucho, porque has pecado mucho.
- La conversación tardó en volver al pecado de Ana, a la vergüenza de que les hablaba la carta de doña Camila.
- Vete arrepintiendo de todo, menos de querer a quien te sale de entre ti, que esto no es, como quien dice, pecado.
- Y usted sabe que ella lo arrojó al río y el clérigo dejó su pecado y murió después libre de tan gran delito.
- No podía haber pecado ni cosa parecida en reconocer que todo aquello era agradable, parecía bien y debía ser así.
- ¡Cristiano yo! ¡Mal pecado! Para que no te vuelvas a acercar más a mí, me voy a hacer protestante, judío, mormón.
- Cuando él hizo el ensayo, confieso mi pecado que también fui dello espantado y creí que ansí era, como otros muchos.
- ¡Había comido fuera de casa sin avisar! doña Paula consideraba esta falta de disciplina doméstica como pecado de calibre.
- A mí no me puede perdonar, a mí no, porque he sido muy arrastrada, pero mucho, y cuanto pecado hay, chica, lo he cometido yo.
- ¡No, de mi pecado! ¡Son los hijos de mi pecado! ¡Sí, de mi pecado! ¡Pobre chica! Y le preocupaba sobre todo la pequeñita.
- He de abrir los ojos, que para eso tengo la luz de la fe, negada a los incrédulos, a los impíos, a los que están en pecado mortal.
- Serán los nervios, como dice Quintanar, o lo que se quiera, pero yo estaba llena de un tedio horroroso, que debía ser un gran pecado.
- Y como todos daban a entender que su aventura de la barca de Trébol había sido una vergüenza, su ignorancia dio por cierto su pecado.
- Y le parecía que el pecado de querer a un Mesía era ya poco menos que nada, sobre todo si servía para huir de los amores de un Magistral.
- Hija mía (abrazándola), ¿ha perdonado usted al hombre que tiene la culpa de todos sus males y que la ha arrastrado tantas veces al pecado?
- Por esto, al oír hablar de Naturaleza y de pecado, creyó que se referían a aquellas partes que debe cubrir el recato, y dijo escandalizada.
- Porque no me entra ni me ha entrado nunca en la cabeza que sea pecado, ni delito, ni siquiera falta, ningún hecho derivado del amor verdadero.
- Si tratares con gente honrada guárdate del naipe, que desde la estampa fue concebido en pecado, y que con traer atravesado el papel, dice lo que viene.
- Ganada la votación, para contentar a la minoría, el presidente del Casino declaró imparcialmente que el verdadero pecado del Provisor era la simonía.
- Pero añado, será pecado claramente si no se aplica toda esa energía de su alma ardentísima a un objeto digno de ella, digno de una mujer honrada, Ana.
- Se permitía bromitas y estuvo a punto de declarar que el pecado de solicitación no era de los más feos y que se podría echar tierra fácilmente al asunto.
- Esto era cosa de novelistas y poetas, y la hipocresía del pecado había recurrido a esa palabra santificante para disfrazar muchas de las mil formas de la lujuria.
- Sí, también Ramiro hizo su travesía, aunque a remo y de espaldas a la estrella que le marcaba rumbo, y sufrió, pero con noble sufrir, y pecó y purgó su pecado.
- Basta decir en elogio de la sancta simplicitas de esta señora, que en sus confesiones jamás tenía nada de qué acusarse, pues ni con el pensamiento había pecado nunca.
- Pero cavilaba para sus adentros que, a pesar de haber el pecado original corrompido toda carne, aquélla que le estaban enseñando era la cosa más pura y santa del mundo.
- La alianza entre Elvira, la hija del primer Ramiro que le costó la vida a Rosa, su primera mujer, y Enrique, el hijo del pecado de aquél y de la hospiciana, era muy estrecha.
- Pero una de aquellas señoras creía que era pecado mortal no indicar algo a doña Lupe, porque esta al fin lo tenía que saber, y más valía prepararla para tan tremendo golpe.
- Salvo el debido respeto, se había llevado la trampa el matrimonio cristiano, en cierto modo obra suya, y ya no quedaba rastro de hogar, sino una sentina de corrupción y pecado.
- Creyó ver que hablaba con un hombre, el cual seguía la misma dirección que ella, aunque algo separado, como van siempre los novios en la huerta, pues la aproximación es para ellos signo de pecado.
- Figurábasele este culto mariano muy adecuado a las circunstancias, por la convicción cada vez más firme de que Nucha era viva imagen de Nuestra Señora, en cuanto una mujer concebida en pecado puede serlo.
- ¡Soñaba! la fortaleza de la vigilia desvanecíase por la noche, y sin que ella pudiese remediarlo, la mortificaban visiones y sensaciones importunas, que a tener responsabilidad de ellas serían pecado cierto.
- Ya no le atormentaba el terror del infierno, aunque se creía perdida por su pecado, pero tampoco la consolaban aquellos estallidos de amor ideal que en otro tiempo le daban la evidencia de lo sobrenatural y divino.
- La castidad de Ana, su inocencia de mujer virtuosa, su piedad sincera, la fe con que creía en aquella amistad espiritual, sin mezcla de pecado, eran incentivo para la pasión de don Fermín y hacían mayor el peligro.
- Fue Guillermina muy parca en saludos y demostraciones de afecto, y luego, cuando se quedaron solas la señora de Rubín y la santa, esta no dijo nada de religión, ni mentó la virtud, ni el pecado, ni cosa alguna concerniente al orden moral.
- Quiso saber lo que era aquel pecado de que la acusaban, y en la maldad de doña Camila y en la torpe vida, mal disimulada, de esta mujer, se afiló la malicia de la niña que fue comprendiendo en qué consistía tener honor y en qué perderlo.
- ¿No sabe que es pecado, y pecado horrible, desear el hombre ajeno, y que la esposa ofendida tiene derecho a ponerle a usted las peras al cuarto, mientras que usted, con dos adulterios nada menos sobre su conciencia, la ofende con sólo mirarla?
- El pecado original, la expulsión del paraíso, la encarnación, la redención, eran una serie de representaciones poéticas y naturalistas que se reproducían al través de los siglos, lo mismo a orillas del Éufrates que del Nilo que del Jordán.
- De algunos días acá, justamente desde la candidatura del marqués, se había despertado en la población de Cebre un santo odio al pecado, una reprobación del concubinato y la bastardía, un sentimiento tan exquisito de rectitud y moralidad, que asombraba.
- El Magistral había sido pastor en los puertos de Tarsa ¡y era él, el mismo que ahora mandaba a su manera en Vetusta! En este salto de la imaginación estaba la esencia de aquel placer intenso, infantil y material que gozaba De Pas como un pecado de lascivia.
- Era el caso que, en su opinión, el Magistral era amante de doña Ana hacía mucho tiempo, y que la escena del bosque del Vivero la interpretó la vanidad de la criada como una victoria de su belleza que había hecho caer en pecado de inconstancia al canónigo.
- Y de Manolita, de la hija de la muerte de la hospiciana, se decía que sin su decisión de casar segunda vez a Ramiro, sin aquel haberle obligado a redimir su pecado y a rescatar a la víctima de él, a la pobre Manuela, no viviría el pálido y frágil botoncito.
- Despertaban curiosidad en los grupos de muchachas los vestidos y sombreros de toda aquella muchedumbre elegante, libre, en la cual había algunas, justo es decirlo, que habían pecado mucho más, pero muchísimo más que la peor de las que allí estaban encerradas.
- Y así bajó del púlpito y encomendó a que muy devotamente suplicasen a Nuestro Señor tuviese por bien de perdonar a aquel pecador, y volverle en su salud y sano juicio, y lanzar dél el demonio, si Su Majestad había permitido que por su gran pecado en él entrase.
- ¡ni una vez sola, desde la aparición de don Álvaro a caballo había pasado por su cerebro la imagen grave y airosa del respetado, estimado y admirado padre espiritual! Y ahora se presentaba de repente dándole un susto, como sorprendiéndola en pecado de infidelidad.
- Petra dijo, sin cesar de gemir, que necesitaba que la oyese en confesión, que no sabía si era una buena obra o un pecado lo que iba a hacer, que ella quería servirle a él, servir a su amo, servir a Dios, que al fin religión era también el interés del prójimo, pero.