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Ejemplos de oraciones con la palabra peligrosos

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra peligrosos en el contexto de una oración.

Término peligrosos: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "peligrosos" aquí tienes una selección de 11 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra peligrosos para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Nada de teatros ni de bailes que aún son más peligrosos que en Vetusta.
  • Sus ataques eran más terribles, sobre todo más peligrosos, que los del remordimiento.
  • ¿Serían indicios peligrosos de un espíritu aventurero, exaltado, torcido desde la infancia?
  • Ideas y sentimientos que ella tenía aprisionados como peligrosos enemigos rompieron las ligaduras.
  • Para momentos peligrosos, es más conveniente un remo largo, bien sujeto a popa, haciendo de espadilla.
  • Había algunos cafés cantantes y casas de juego, muy cerrados, que a Hurtado se le antojaban peligrosos.
  • Le parecía mejor ver al Magistral en la iglesia, allí encontraba ella el fervor religioso necesario para confesar sus ideas malas, sus deseos peligrosos.
  • Desde que avistamos su gran vela mayor vimos segura nuestra salvación, y el comandante del Rayo dio las órdenes para que el trasbordo se verificara sin atropello en tan peligrosos momentos.
  • ¡Ah! y después, cuando se llegaba más arriba, a la seguridad de sí mismo, cuando ya no se temía la tentación sino con temor prudente, se encontraban edificantes muchos espectáculos que antes eran peligrosos.
  • Estupiñá se encargaba de traer estos peligrosos artículos de la casa de un truchimán que los vendía de ocultis, y cuando atravesaba las calles de Madrid con las cajas debajo de su capa verde, el corazón le palpitaba de gozo, considerando la trastada que le jugaba a la Hacienda pública y recordando sus hermosos tiempos juveniles.
  • La Regenta no subía la cuesta, persistía en sus peligrosos anhelos panteísticos, que así los calificaba él, se empeñaba en que era piedad aquella ternura que sentía con motivo de espectáculos profanos, y declaraba francamente que las lecturas devotas le sugerían reflexiones probablemente heréticas, o por lo menos, poco a propósito para llegar a la profunda fe que el Magistral exigía como preparación absolutamente indispensable para dar un paso en firme.