Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra pelo

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra pelo en el contexto de una oración.

Término pelo: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "pelo" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra pelo para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • De pelo negro.
  • Buen pelo, buen pelo.
  • Buen pelo echamos, ¿eh?
  • Sólo tiene buen pelo y buen genio.
  • ¡Hija mía! ¿De quién es ese pelo?
  • No se le ven ni el pelo ni las orejas.
  • Se peinaban y se ponían cintas en el pelo.
  • Llevaba una bata vieja y una gorra de pelo.
  • Su pelo está estriado de rayitas argentadas.
  • Tiene un bello pelo rubio abundante y sedoso.
  • El otro, pequeño, de pelo negro y ojos vivos.
  • Además el pelo se le caía muy abundantemente.
  • ¿Para qué se mete a buscarle el pelo al huevo?
  • Su pelo negro parecía más brillante y copioso.
  • Tenía muy poco pelo, casi se puede decir ninguno.
  • Ojos negrísimos y pelo brillante como el azabache.
  • La frente era espaciosa, con un mechón de pelo negro.
  • Asnos sin orejas, de pelo sucio y asquerosas pústulas.
  • Y la joven a quien pertenecía ese pelo, ¿dónde está?
  • La cabeza era bonita, de poco pelo y muy bien arreglada.
  • Se dejaba sotabarba, ya blanca, y el pelo lo llevaba largo.
  • El pelo rubio blanquecino, con la finura flácida de la seda.
  • Unos, viéndola tan sin pelo, la tenían por de cuero de rana.
  • El pelo rubio, de fuego, y la expresión entre asustada y salvaje.
  • Ha ido a cortarse el pelo le dijo Ballester, ofreciéndole una silla.
  • Ten cuidado me dijo, porque aquí, en Cádiz, te van a tomar el pelo.
  • Chim llevaba una peineta de concha y el pelo largo, como las mujeres.
  • Si no lo supiera no podría ahora decir si tu pelo es rubio o moreno.
  • El pelo blanco, patillas muy cortas y los ojos pequeños y brillantes.
  • ¡Qué guapo!, ¡qué pelo!, ¡qué ojos! ¿De quién es esta criatura?
  • Ha comprendido que es absurdo llevar el pelo blanco y las patillas negras.
  • A mí ningún pollo neque me toma el pelo dijo el Chafandín, levantándose.
  • El uno era descuidero, el otro tomador, y el tercero hacía a pelo y a pluma.
  • Era el arqueólogo bajo, traía el pelo rapado como cepillo de cerdas negras.
  • Pero le alababa el pelo de oro y la blancura del cutis, y por algo se empieza.
  • El pelo cortado al rape, la escopeta de pistón, viejísima y atada con cuerdas.
  • Le habían cortado el pelo días antes para poderle curar la herida de la cabeza.
  • Su hija, una muchacha delgada y muy pálida, con el pelo negro y los ojos azules.
  • Pero más alto, de nariz aguileña, pelo entrecano, tez cetrina y aspecto marcial.
  • A otras les cortaba el pelo o lo untaba de brea y luego se lo pegaba a la espalda.
  • Un joven alto, de pelo negro y rizoso, muy moreno, vestido con blusa azul, gritaba.
  • Su pelo de un rubio obscuro era rizoso y caía en mechones revueltos sobre su frente.
  • Al amanecer, a la hora de diana, me levantaba con las ropas húmedas y el pelo mojado.
  • Segunda Izquierdo era una mujer corpulenta y con la cara arrebatada, el pelo entrecano.
  • El secretario era un tipo un poco petulante, con el pelo negro rizado y los ojos vivos.
  • Era un hombre viejo, encorvado por la cintura, con el pelo blanco y la pipa en la boca.
  • Era todavía un hombre en pleno vigor, grueso, fuerte, de facciones nobles, de pelo gris.
  • La hermana, doña Isabel, tenía el color muy blanco, el pelo muy negro y la voz lacrimosa.
  • Llevaba el traje lleno de lamparones, la boina sucia, el pelo largo, se olvidaba la corbata.
  • Por mal de sus pecados, aquella noche se había trabajado el pelo con tanta perfección, que.
  • Si hasta que venga el Príncipe no le llevan a usted a su ramo, menudo pelo va usted a echar.
  • Todo aquel fárrago de sentencias estéticas lo guardaba con las cartas y los mechones de pelo.
  • Miraba la cabeza, ¡y qué ganas tenía de arrancarle una mecha de pelo, de pegarle un coscorrón!
  • Esto es muy delicado, tan delicado como una pistola montada al pelo, con la cual no se puede jugar.
  • Te aseguro que le va a arder el pelo al tal primito con todo su mal de corazón y su extranjerismo.
  • Mesía, aunque con trabajo, respetaba a la Regenta hasta el punto de no tocarle al pelo de la ropa.
  • No quiero que te tomen el pelo por mí, fue lo que dijo, y se quedó tan fresca, esperando convencerle.
  • Por entonces, la pasión política sacaba partido hasta de la estatura, del color del pelo, de la edad.
  • Las mujeres frescas y graciosas, vestidas de indiana y peinadas con rosquillas de pelo sobre las sienes.
  • Iriberri era un viejecito pequeño, imberbe, con el aire enfermizo, el pelo rubio y los ojos ribeteados.
  • Se acercó á un caballote fuerte y de pelo brillante, que no pensaba comprar, adivinando su alto precio.
  • Aracil era un poco petulante, se cuidaba el pelo, el bigote, las uñas y le gustaba echárselas de guapo.
  • Un pañuelo de percal negro le ceñía la cabeza sobre la plata del pelo espeso y duro, como un turbante.
  • Y con no tratarla nadie que se le cubriese pelo, solas las calvas se la cubría, porque hacía cabelleras.
  • La Virgen, con la vestidura azul y blanca, el pelo suelto, la mirada en el cielo y las manos sobre el pecho.
  • Y salió el pastor, que es uno que llaman Don Horacio, que tiene el pelo colorado y ralo, como barbas de maíz.
  • Era un buen muchacho, grandullón, con los ojos azules y el pelo de color rojo, pesado, pero excelente persona.
  • Volviose y vio una niña como de cinco o seis años, lindísima, muy limpia, con una hoja de bónibus en el pelo.
  • Aquella mujer singularísima, bella y varonil tenía el pelo corto y lo llevaba siempre mal peinado y peor sujeto.
  • Y en el pelo rubio, de un color de mazorca tierna, aparecían ya las canas á puñados antes de los treinta años.
  • Quien ve estas botas mías, ¿cómo pensará que andan caballeras en las piernas en pelo, sin media, ni otra cosa?
  • Venía la moza arremangada hasta el codo, con el pelo alborotado, seco y volandero, del calor de la cama sin duda.
  • Pero la noticia, dada así con tales detalles, como el pelo negro, el número de la casa, era un jicarazo tremendo.
  • Fortunata vio primero a una de pelo blanco, después a Jacinta, después a una pollita que debía de ser su hermana.
  • Más de un millar de cabezas que pasaban por debajo de los balcones con la raya partida y el pelo aceitoso o rizado.
  • Pero ella no tiene motivo para desconfiar, porque ni Paco ni Joaquín se van a atrever a tocarle el pelo de la ropa.
  • Y con esto, comidos de piojos y huéspedas, nos volvemos en este pelo a rogar a los moros y herejes con nuestros cuerpos.
  • Lo peor de todo, fue que al asno no se le vio más el pelo, y la familia tuvo que pagar por él una fuerte indemnización.
  • Doña Paula se había arrancado los parches, las trenzas espesas de su pelo blanco cayeron sobre los hombros y la espalda.
  • , que no hay más pelo en ellas que en un guijarro, que es Dios servido de dárnosle en la barba y quitárnosle en la capa.
  • Para el pelo fue preciso emplear aceite, pomada, agua a chorros, un batidor de gruesas púas que desbrozase la virgen selva.
  • Barbarita creía que se podrían coger flores a puñados, hacer ramilletes o guirnaldas, llenar canastillas y adornarse el pelo.
  • El otro, grueso y majestuoso, con ojillos que apenas si se veían bajo los dos puñados de pelo blanco de sus cejas, era Mislata.
  • Deben de ser dos, pensó el Magistral, que cada vez que veía al animalucho encima sentía un poco de frío en las raíces del pelo.
  • Agradece que estamos en la calle, que si no, ahora mismo te daba un par de repelones y de cada manotada me traía un mechón de pelo.
  • Todos los presentes se apresuraron a felicitar al favorecido, quedándose él tan parado y suspenso, que creyó que le tomaban el pelo.
  • Por los desiguales tejados paseábanse gatos de feroz aspecto, flacos, con las quijadas angulosas, los ojos dormilones, el pelo erizado.
  • Lo más que yo pude hacer fue dar en ellos mil besos y, lo más delicado que yo pude, del partido partí un poco al pelo que él estaba.
  • Él se hacía la ropa, él se afeitaba y se cortaba el pelo, se fabrica las abarcas, y no necesitaba de nadie, ni de mujer ni de hombre.
  • Era muy morena, la frente muy huesuda, los párpados salientes, ceja gris espesa, como la gran mata de pelo áspero que ceñía su cabeza.
  • Vestía marsellés y una gorra de pelo y llevaba el pito de plata, pendiente de un cordón de seda negro, enlazado en el ojal de la chaqueta.
  • Era de cuerpo pequeño y no bien conformado, tan endeble que parecía que se lo iba a llevar el viento, la cabeza chata, el pelo lacio y ralo.
  • Hasta parecía que había engordado, que tenía más pelo en la cabeza, que era menos miope, y que se le habían quitado diez años de encima.
  • Luego, un hombre rubio, al parecer extranjero, y después saltó una muchacha morena, que ayudó a bajar a una señora gruesa, de pelo blanco.
  • Por ser joven y de miembros delicados, y por no tener pelo de barba, pareciera un niño, a no desmentir la presunción sus trazas sacerdotales.
  • Yo empecé luego, para trabar conversación, a jugar del vocablo, de tercio y pelado y pelo y apelo y pospelo, y no dejé hueso sano a la razón.
  • Si no se trata aquí de que yo eche pelo ni de que no eche pelo manifestó Don Basilio incomodándose un poco y mostrando el palillo deshilachado.
  • ¡Cuántas veces pensamos mal de un sujeto, fundándonos en hablillas del vulgo o en cualquier dato inseguro, como por ejemplo, un pelo, un botón!
  • Jaime Massó, así se llamaba, tenía la cabeza pequeña, el pelo negro, muy fino, la tez de un color blanco amarillento, y la mandíbula prognata.
  • Gracias que las oficialas sujetaron a la fiera en el momento en que clavaba sus garras en el pelo de la víctima, que si no, allí da cuenta de ella.