Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra pensarlo

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra pensarlo en el contexto de una oración.

Término pensarlo: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "pensarlo" aquí tienes una selección de 31 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra pensarlo para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Ni pensarlo.
  • No quiero pensarlo.
  • Había que pensarlo.
  • ¡Gran Dios! No quiero pensarlo.
  • Se ponía malo de sólo pensarlo.
  • Santo Cristo, no quiero pensarlo.
  • Pasaba sin pensarlo a otro eslabón.
  • Lo que hay que hacer hay que pensarlo.
  • Ya dije que el Delfín prometió pensarlo.
  • ¡ni pensarlo! Pues qué, ¿tengo mala cara?
  • Don Pedro, sin pensarlo, era un hombre a la antigua.
  • Sólo el pensarlo le mortificaba y le corroía el alma.
  • Ana se vio envuelta, sin pensarlo, por aquella multitud.
  • Y sin pensarlo se inclinaba hacia ella, como si fuera un imán.
  • A la noche siguiente volvía a soñar lo mismo, y por el día a pensarlo.
  • En fin, tengo tiempo de pensarlo de aquí a mañana, porque lo que es hoy, no iré.
  • Al menos, con esos cuatro mil reales tiene tiempo de pensarlo y vivir algunos meses.
  • Lamela, sin pensarlo, viviendo con sus ilusiones, tomaba las proporciones de un sabio.
  • Y después, que viniera todo, hasta aquello que sólo al pensarlo tanto rubor le producía.
  • En la calle advirtió que para andar completamente derecho, necesitaba pensarlo y proponérselo.
  • , pensaba Santa Cruz, y al pensarlo sentía ganas de dejar al chico entregado a sus propios instintos.
  • Ron, sin pensarlo, ha dado un topetazo con una mosca que se hallaba muy tranquila en medio de la caja.
  • Sólo en pensarlo la producía rubor y hacía que echase su cuerpo atrás, como para huir de un peligro.
  • Es como cuando se sienta una, sin pensarlo, sobre un sombrero de copa, que no hay manera, por más que se le planche después, de volverlo a poner como estaba.
  • ¡Cuán sazonada madurez prometía tan suave primavera! Al pensarlo, felicitábase otra vez Julián por la parte que le cabía en la acertada elección del señorito.
  • Sin pensarlo, contra su propósito, se encenagó como todos los días en las complicadas cuestiones de su gobierno eclesiástico, mezcladas hasta lo más íntimo con sus propios intereses y los de su señora madre.
  • Pero, sin pensarlo, daba una intención lúbrica y cínica a su mirada, como una meretriz de calleja, que anuncia su triste comercio con los ojos, sin que la policía pueda reivindicar los derechos de la moral pública.
  • Para fijar el día, tuvo que pensarlo porque no quería dar cuenta a doña Lupe de tal visita, temerosa de que metiera en ella su cucharada, y discurrió que era preciso escoger un día en que la de los pavos fuera al Monte de Piedad.
  • ¡Con qué tristeza pensaba la niña, sin querer pensarlo, que los amigos de su padre eran personas poco delicadas, habladores temerarios! Y su mismo papá, esto era lo peor, y había que pensarlo también, su querido papá que era un hombre de talento, capaz de inventar la pólvora, un reloj, el telégrafo, cualquier cosa, se iba volviendo loco a fuerza de filosofar, y no sabía vivir con una hija que ya entendía más que él de asuntos religiosos.
  • Había recordado, como por inspiración, que ella había visto en Zaragoza a una mujer vestida de Nazareno, caminar descalza detrás de la urna de cristal que encerraba la imagen supina del Señor, y sin pensarlo más, había resuelto, se había jurado a sí misma caminar así, a la vista del pueblo entero, por todas las calles de Vetusta detrás de Jesús muerto, cerca de aquel Magistral que padecía también muerte de cruz, calumniado, despreciado por todos.
  • Ella y don Álvaro no tomaban parte activa en la broma al principio, pero al fin le tocó a la Regenta algún pellizco, ninguno de Mesía, a este varios de Obdulia y Visita, y, sin pensarlo, Ana en la general contienda más de una vez sintió su espalda oprimida por la de Álvaro, y aunque huía el contacto delicioso, de un sabor especial, en cuanto lo notaba, el contacto volvía, y Ana iba sintiendo emociones extrañas, nuevas del todo, una inquietud alarmante, sofocaciones repentinas y una especie de sed de todo el cuerpo que hasta le quitaba la conciencia de cuanto no fuese aquel rincón obscuro, estrecho, donde cantaban, reían, saltaban.