Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "pepe" aquí tienes una selección de 81 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra pepe para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Pae Pepe.
- Pae Pepe.
- Subí con Pepe.
- Tenía razón Pepe.
- Pepe, no le hagas nada.
- ¿qué he de hacer, Pepe?
- Y Pepe se reía a carcajadas.
- Corrió allá Pepe y yo detrás.
- Usted no ha conocido a Pepe Ortiz.
- Pepe que le doy a usted un cachete.
- Ya ha llegado, Pepe, ya ha llegado.
- ¿Qué te importa a ti tu papá Pepe?
- Señor Pepe te ha hecho los gatillos.
- Pepe, ¿me hace usted esos gatillos o no?
- Pero ¿no podría ir Pepe con algún criado.
- Al fin, Pepe Ortiz tomó una y yo tomé otra.
- Frígilis miró a Pepe como si no le conociera.
- Pepe, por Dios, mira que esto es serio, muy serio.
- Abra usted esa puerta, derríbela usted, señor Pepe.
- , ese chiquillín que tiene consigo mi vecino Pepe Izquierdo.
- El niño ese debe de ser el de Nicolasa, la entenada del tío Pepe.
- Pepe indicó Jacinta, sintiéndose fuerte en compañía de su amiga.
- Que no te vas con ella, porque quieres más a tu papá Pepe, piojín.
- Pepe, el casero, cantaba cantares andaluces convertidos en vetustenses.
- El señor Pepe le recogió no sé dónde, porque su madre le quería tirar.
- El sereno, aquel Pepe, conoció a don Santos y se acercó sin acelerar el paso.
- ¡Eh, locos! ¡locos! que os echo los perros, que destrozáis la yerba de Pepe.
- Poco después Pepe vio salir al coronel Fulgosio y detrás a Somoza el médico.
- Oí que le quiere comprar el niño a señó Pepe, y que le da treinta mil duros.
- ¡Vaya!, si su marido, Pepe Reoyos, era íntimo, pero íntimo, de Don Baldomero.
- Si no se presentan Pepe Samaniego y un dependiente, sabe Dios la que se arma allí.
- Como Pepe es el factor, ha convidado a todos los curas de la comarca, catorce salvo error.
- Pepe le había ofrecido una cantidad para su obra, si salía bien la inauguración, y nada.
- Tomó el pitillo Pepe, escondió la linterna, arrimó a la pared el chuzo y dijo con voz grave.
- Tiene razón Visita, tiene razón gritaban desde dentro Joaquín Orgaz o el Pepe de la bofetada.
- Yo creo dijo doña Lupe con expresión avariciosa, que Pepe Samaniego va a hacer un gran negocio.
- Pepe Ronzal alias Trabuco, no se sabe por qué era natural de Pernueces, una aldea de la provincia.
- Llamábase Pepe Samaniego y no tenía más fortuna que sus deseos de trabajar y su honradez probada.
- VII Estas y otras calidades distinguían a Pepe Ronzal, a quien Joaquinito Orgaz tenía mucho miedo.
- Anoche nos dio malos ratos, porque llamaba a su Pae Pepe y se acordaba de la pocilga en que ha vivido.
- Y el pérfido inglés se dejaba caer hacia aquellas mesas pretextando tener que hablar a su primo Pepe.
- Lo sé por Pepe Vallejo, el de la cordelería de enfrente, a quien he encargado que esté con mucho ojo.
- Repitió Pepe los golpes, y al cabo de dos minutos se abrió un balcón y una voz agria dijo desde arriba.
- Antes de llegar a la huerta se encontraron con Pepe el casero que los llamó de lejos, entre los árboles.
- Pepe, haciendo cortesías, hasta media calle, y las dos señoras subieron despacio hacia la del Ave María.
- Sí, voy a llevárselo yo mismo a la fonda añadió Pepe sonriendo ya a la propina que veía en lontananza.
- Toda la tarde en el obrador, y luego viene Pepe y me dice que ni has aparecido por allí ni ese es el camino.
- Una mañana vio Ana que Petra y Pepe llenaban de la más colorada fruta un canastillo de paja blanca y de colores.
- La Marquesa de Vegallana y su tertulia, más la del barón de la Barcaza y Pepe Ronzal cenaron en el gabinete de lectura.
- Un hermano de este casó con la hija de la viuda de Aparisi, dueño de la camisería en que fue dependiente Pepe Samaniego.
- La jarana con que en el hogar se celebraban los chistes del señor Pepe impedía que nadie atendiese al silabeo de la vieja.
- Estaban en el despacho apartados de los dos grupos de tresillistas (Don Baldomero, Ruiz Ochoa, su señora, Pepe Samaniego y otros).
- Pero nadie como Pepe Ronzal, alias Trabuco y antes El Estudiante, abonado de la bolsa de enfrente, la vecina al palco de Vegallana.
- El borracho sintió en los ojos la claridad viva y desvergonzada de un ángulo de luz que brotaba de la linterna de Pepe, su buen amigo.
- ¡Monstruo! Cuando le dio al primo Pepe el dinero para la gran tienda, puso por condición que me había de colocar al frente de las labores.
- Era Pepe Izquierdo, tío de su mujer, a quien sólo había visto una vez, yendo de paseo con Fortunata por las Rondas, y ella se lo presentó.
- Pepe el casero era aquel año factor de la fiesta de la parroquia, y pensaba echar la casa por la ventana, para no dejar mal al señor Marqués.
- Pepe, el casero de los Marqueses, con la boca abierta, en pie, pasmado y triste, esperaba órdenes en la habitación contigua a la del moribundo.
- Ana todas las mañanas, por la fresca recorría la huerta y sacudía las ramas cargadas de cerezas acompañada de don Víctor, Pepe el casero y Petra.
- Ya sabemos que la hija segunda de Gumersindo Arnaiz, hermana de Jacinta, casó con Pepe Samaniego, hijo de un droguista arruinado de la Concepción Jerónima.
- Las novedades de exquisito gusto, traídas de París por Pepe Samaniego, atraían mucha gente, y las señoras se enracimaban y caían como las moscas en la miel.
- Azorín dice respirando holgadamente, ¡qué gratos recuerdos guardo yo del teatro! ¡Qué cosas podría yo contarle a usted! ¿Usted no ha conocido a Pepe Ortiz?
- El capital para la instalación de esta importante industria habíalo facilitado Don Manuel Moreno Isla, que tenía confianza en la honradez y tino de Pepe Samaniego.
- Hay quien dice que Pepe Moreno Vallejo, el cordelero de la Concepción Jerónima, es primo hermano de Don Manuel Moreno Isla, uno de los Morenos que atan perros con longaniza.
- Murió el ganadero, Pepe Ronzal dejó de ser el Estudiante, vendió tierras, se trasladó a la capital y empezó a ser hombre político, no se sabe a punto fijo cómo ni por qué.
- Echose a reír aquel vestiglo, enseñando unos dientes cuya blancura con la nieve se podría comparar, y dijo a las señoras que Don Pepe no estaba, pero que al momentico vendría.
- Pepe, no lejos del pozo, vestido con los trapos de cristianar, más una corbata negra que había creído digna de un factor, dejaba hacer, dejaba pasar, se rascaba la cabeza y sonreía gozoso.
- Si estaba todavía en el establecimiento aquel mismo nene que su tío Pepe Izquierdo quiso venderle a Jacinta, ¡qué ocasión, Cristo!, ¡qué golpe! Que vieran, sí, que vieran cómo también ella.
- Dos o tres veces se sonrieron y sólo la última vez que tal osaron, sorprendió aquella correspondencia Pepe Ronzal, que, como siempre, seguía la pista a los telégrafos de su aborrecido y admirado modelo.
- Pepe Samaniego apareció en la puerta a punto que Don Baldomero pregonaba su nombre y su premio, y el favorecido no pudo contener su alegría y empezó a dar abrazos a todos los presentes, incluso a los criados.
- Don Baldomero, que deseaba echar aquella noche una partida de mus, el juego clásico y tradicional de los comerciantes de Madrid, esperó a que entrase Pepe Samaniego, que era maestro consumado, para armar la partida.
- Me acuerdo que estaba yo en el castillo de proa hablando con mi primo Pepe Débora, que me contaba las perradas de su suegra, y desde allí vi las luces del San Hermenegildo, que navegaba a estribor como a tiro de cañón.
- El dueño de este gran establecimiento, que tanto ha de llamar la atención, es Pepe Samaniego, a quien ha facilitado el dinero para montarlo mi primo Don Manuel Moreno Isla, el hombre más bueno y más generoso del mundo, y con un capital.
- Obdulia Fandiño, en pie, oía la misa apoyando su devocionario en la espalda de Pedro, el cocinero de Vegallana, y en la nuca sentía la viuda el aliento de Pepe Ronzal, que no podía, ni tal vez quería, impedir que los de atrás empujasen.
- ¡Pero créanme, como que esa luz nos está alumbrando! Venía yo de tirar a las tórtolas en un sembrado, y me encontré a la chiquilla del tío Pepe de Naya, que traía la vaca mismo cogida así y hacía ademán de arrollarse una cuerda a la muñeca.
- Pero todos estos méritos habrían sido inútiles hasta el fin del mundo, si no se le ocurriera a Pepe Samaniego establecer el comercio de ropa blanca con arreglo a los últimos adelantos del extranjero, y llevar a él a persona tan inteligente y para el caso como su prima.
- Trabuco, o sea Pepe Ronzal, de la comisión provincial, creía con la mayoría de los presentes, el jefe económico inclusive, que la razón de Estado aconsejaba preferir la pretensión del alcalde, aunque este, según malas lenguas, quería el estanco para una su ex concubina.
- Iba también a aquel corrillo Aparisi el concejal, a quien tenían ya medio trastornado los apóstoles, Pepe Samaniego, que no se dejaba embaucar, y Dámaso Trujillo, el dueño de la zapatería titulada Al ramo de azucenas, que todo se lo creía como un bendito, y a solas en su casa hacía experimentos con una banqueta de zapatero.
- Mozas que hilaban, otras que mondaban patatas, oyendo las chuscadas y chocarrerías del tío Pepe de Naya, vejete que era un puro costal de malicias, y que, viniendo a moler un saco de trigo al molino de Ulloa, donde pensaba pasar la noche, no encontraba malo refocilarse en los Pazos con el cuenco de caldo de unto y tajadas de cerdo que la hospitalaria Sabel le ofrecía.
- El cual, aquella misma mañana en el pozo lleno de yerba, antes en el patio de la iglesia, por las callejas, cuando venían detrás del tambor y de la gaita, en el bosque, después en el carro de Pepe, donde venían juntos, casi sentada ella encima de él, sin poder remediarlo, más tarde en el salón, en todas partes y en todo el día le había estado dejando ver que la adoraba, pero no se lo había dicho, por respeto.
- Cuando media hora después entraba solo por el postigo del bosque en la huerta, lo primero que vio fue a la Regenta metida en el pozo seco, cargado de yerba, y a su lado a don Álvaro que se defendía y la defendía de los ataques de Obdulia, Visita, Edelmira, Paco, Joaquín y don Víctor que arrojaban sobre ellos todo el heno que podían robar a puñados de una vara de yerba, que se erguía en la próxima pomarada de Pepe el casero.