Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "perdía" aquí tienes una selección de 68 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra perdía para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Pues eso se perdía.
- No perdía allí el tiempo.
- Maxi no le perdía de vista.
- Por ensayar nada se perdía.
- Don Frutos no perdía función.
- Su hijo la engañaba, la perdía.
- La otra, según dijeron, se perdía.
- Sobre este tema, se perdía en reflexiones.
- Pero la cara del chico no perdía su seriedad.
- Perdía una sencilla y acertaba doce maliciosas.
- Se perdía, confundía las señales, iba y venía.
- Uno de los Terreròla perdía terreno visiblemente.
- De seguro perdía el juicio, y nos lo hacía perder a todos.
- Como perdía en el juego con frecuencia, tenía muchos apuros.
- Pero hizo un esfuerzo por aparentar que no perdía su serenidad.
- El enfermo perdía el uso de la poca razón que tenía muy a menudo.
- Bueno, ya estaban en la esquina, pero por un poco más nada se perdía.
- Y si por casualidad se perdía un ojo o se sentía escozor en el cuerpo.
- Adán, echado del paraíso, no miraría de otro modo el bien que perdía.
- Un taller que se perdía de vista, ocupando todo el último piso del caserón.
- A Barbarita le daba aquella noche por hablar de arquitectura y no perdía ripio.
- Sintió él que perdía el aplomo, creyó que iba a decir o hacer alguna atrocidad.
- El Magistral padecía mucho siempre que Ana le hablaba de la salud que él perdía.
- Respecto a Manolita, no perdía ripio coqueteando con el señorito de la Formoseda.
- No perdía corrida, y entre sus amigos contaba a varias eminencias del arte del cuerno.
- En esta situación estaba cuando el Magistral le dijo en el confesonario que se perdía.
- Todas las tardes, apenas don Joaquín perdía de vista el grupo, empezaban las hostilidades.
- Doña Isabel estaba siempre con cada ojo como un farol, y no las perdía de vista un momento.
- Si perdía la ocasión, la vacante de Teresina, podía entrar otra y adiós señorío futuro.
- Entraba en el aula cargado con aquel fardo, y no perdía sílaba de lo que el profesor decía.
- La verdad era que el tipo aristocrático no se perdía, pese a la chusma que no quiere clases.
- A veces creía distinguirla de lejos, y la forma se perdía en el gentío como la gota en el agua.
- A pesar de esto, no se perdía, al revés, llevaba camino de enriquecerse y de acrecentar su fortuna.
- Si perdía lo más florido de su marina, en tierra alcanzaba en aquellos mismos días ruidosos triunfos.
- A cuál se le perdía una pierna en los callejones de las calzas y la venía a hallar donde menos convenía asomada.
- Pero perdía con estas galas la inefable elegancia de su perfil y tomaba los contornos de una enorme botella de champaña.
- Maxi, aparentando poner sus cinco sentidos en la pieza que tocaba Olimpia, no perdía sílaba de aquel doméstico altercado.
- Ahora se trataba ya de si don Víctor confesaba muy de tarde en tarde, si perdía o no muchas misas, (y sí que las perdía).
- La huerta estremecíase de orgullo viendo cómo se perdía aquella riqueza y los herederos de don Salvador se hacían la santísima.
- Cuando Ana se perdía en estas y otras reflexiones parecidas, se oyó la voz de Obdulia que daba grandes chillidos pidiendo socorro.
- ¡Qué dirán esos señores, Anita, qué dirán los Marqueses! Si don Álvaro perdía la esperanza, el Magistral tampoco estaba satisfecho.
- ¡Ah, grandísimo pillo! Ahora comprendía él por qué olvidaba sus deberes, por qué perdía las tardes vagando por la huerta como un gitano.
- No perdía ninguna de las corridas importantes de la provincia, y llegaba a ir hasta las fiestas de los pueblos de la Mancha baja y de Andalucía.
- Viendo el gobernador que el cacique perdía absolutamente la sangre fría, comprendió que el negocio andaba mal parado, y le preguntó severamente.
- Y a lo lejos, cuando se perdía el tren en la penumbra de los grandes focos eléctricos, Sarrió, asomado a la ventanilla, agitaba su antiguo sombrero cónico.
- Que perdía la cabeza y echaba por aquellos tubos cónicos, por aquellas trompetas y cañones, chorros de notas que parecían lucecillas para alumbrar las almas.
- El mezquino cuerpo se perdía en la anchura de aquella cama tan grande, y allí podía pasearse en sueños el esposo como en los inconmensurables espacios del Limbo.
- Parecía que el navío de Nelson iba a caer en nuestro poder, porque la artillería del Trinidad le había destrozado el aparejo, y vimos con orgullo que perdía su palo de mesana.
- La nota, que repercutía sobre sí misma, enredándose y desenredándose, como un hilo sonoro, se perdía subiendo y se desvanecía alejándose para volver descendiendo con timbre grave.
- Mientras su mirada se perdía en el fondo del capazo que Nelet tenía abierto a sus pies, decía con la risita burlona que a doña Manuela, según confesión propia, le requemaba la sangre.
- La vista se mareaba y se perdía contemplando la inmensa madeja que formaban en la arboladura los obenques, estáis, brazas, burdas, amantillos y drizas que servían para sostener y mover el velamen.
- A veces perdía los estribos el buen español, sosteniendo que en todo lo de fuera hay mucho de farsa, y Moreno, extremando sus antipatías, sostenía que en España no hay más que tres cosas buenas.
- Los ojos de Guimarán tenían una humedad reluciente, estaban muy abiertos, miraban a los abismos de ideas en que se perdía aquel cerebro enfermo, y parecían dos ventanas a que se asomaba el asombro mudo.
- Cuatro años hacía que no perdía baile, ni reunión de confianza, ni teatro, ni paseo, y todavía las damas, cada vez que le veían bailando un rigodón (no se atrevía con el wals ni con la polka) repetían.
- A mayor abundamiento, en aquella época del 70 se le desarrolló de tal modo al Delfín la afición a los toros, que no perdía corrida, ni dejaba de ir al apartado ningún día y a veces se plantaba en la dehesa.
- Mientras él se perdía en sus recuerdos y en sus sueños pretéritos, que daba por realizados, sus compadres interrumpiéndole, entre alabanzas y admiraciones, le sacaban pellejos y más pellejos de vino pagaderos.
- Cuando se encontraba en una situación apurada, cercado por los carabineros, cuando se perdía en el monte, en medio de la noche, cuando tenía que hacer un esfuerzo sobre sí mismo, recordaba la actitud y la voz del viejo al decir.
- Su inteligencia sufría eclipses, y la memoria se le perdía en ocasiones casi por completo, quedándose en la tristeza del instante presente, sin ayer, sin historia, como si cayera de una nube en mitad de la vida, a la manera de un bólido.
- Y él mismo notaba que su rostro perdía la lozana apariencia que había recobrado en aquellos meses de buena vida, de ejercicio y abstinencia que él, prudentemente, había observado antes de dar el ataque decisivo a la fortaleza de la Regenta.
- No cesaba de hacerme toda clase de caricias, y al saber que yo también iba a la escuadra, se lamentó de ello, jurando que sería una lástima que perdiese un brazo, pierna o alguna otra parte no menos importante de mi persona, si no perdía la vida.
- A la samaritana se le aguaron los ojos, y pensó en lo que sería ella convertida de chica en señora, la imaginación limpia de aquella maleza que la perdía, la conciencia hecha de nuevo, el entendimiento iluminado por mil cosas bonitas que aprendería.
- ¡su abuelo le había prometido otros dos si le avisaba cuando la señora se quedase en la capilla después de oída la misa! Raciocinando con sorprendente rigor matemático, calculó que pues perdía dos cuartos por un lado, era urgente ganarlos por otro.
- Si se entusiasmaba hablando de sus marchitos laureles, abría las arcas, abría los armarios, y seda, galones y plumas, abalorios y cintajos en mezcla de colores chillones saltaban a la alfombra, y en aquel mar de recuerdos de trapo perdía la cabeza Quintanar.
- ¡Qué largos me parecían estos días de navegación! ¡Qué horrible este cielo azul de los trópicos! A la vuelta de mi viaje, cuando perdía de vista por las noches la Cruz del Sur y comenzaba a divisar la Estrella Polar y las dos Osas, me sentía tranquilo.
- Vacilaba algunas veces, sentía misteriosos terrores al pensar que su fortuna estaba a merced de un capricho del azar, mas no por esto perdía la confianza, y nada había reservado de su capital para responder a los vencimientos de los pagarés que le había hecho firmar su madre.
- Pronto volvía la fe, que se afanaba en conservar y hasta fortificar con el terror de quedarse a obscuras y abandonada si la perdía volvía a desmoronar aquella torrecilla del orgulloso racionalismo, retoño impuro que renacía mil veces en aquel espíritu educado lejos de una saludable disciplina religiosa.
- Adquisiciones de almoneda, que convertían en un arca de Noé el gran salón, con su techo al fresco, donde jugueteaban amorcillos descoloridos y macilentos por la pátina de un siglo entero, y con sus enormes consolas doradas sobre las cuales se ostentaban grupos de frutas contrahechas, uvas y melocotones, cuya cera perdía los vivos colores bajo la capa de los años.
- Yo, como estaba hecho al vino, moría por él, y viendo que aquel remedio de la paja no me aprovechaba ni valía, acordé en el suelo del jarro hacerle una fuentecilla y agujero sotil, y delicadamente con una muy delgada tortilla de cera taparlo, y al tiempo de comer, fingiendo haber frío, entrábame entre las piernas del triste ciego a calentarme en la pobrecilla lumbre que teníamos, y al calor della luego derretida la cera, por ser muy poca, comenzaba la fuentecilla a destillarme en la boca, la cual yo de tal manera ponía que maldita la gota se perdía.