Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "perdón" aquí tienes una selección de 83 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra perdón para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Perdón.
- ¡A mí!, perdón.
- ¿A pedirle perdón?
- Nunca pedía perdón.
- Era un perdón general.
- Sí, a pedirle perdón.
- ¡Oh!, perdón, perdón.
- Perdón por todas las faltas.
- O hay perdón o no hay perdón.
- Perdón, yo, señora, y a usted.
- Yo tengo que pedir a usted perdón.
- ¿Y a Jacinta, le pediría yo perdón?
- Este perdón sí que era de los duros.
- Pidiéronme perdón y dejáronme solo.
- (Manolita, pídele perdón a Andrés).
- Me daban ganas de ir a pedirles perdón.
- ¿Y por qué no le pidió usted perdón?
- Quiero el perdón de Dios y el de usted.
- No, te pide perdón y se casará contigo.
- Aquella sonrisa pedía perdón y bendecía.
- El clérigo quiso humillarse, pedir perdón.
- , ¡con perdón! ¿Pero no que el izquierdo?
- Ahora mismo vas a pedir perdón a tu hermana.
- Doña Petronila era la que no tenía perdón.
- Porque, con perdón de Zorrilla, yo no sé si.
- También a ella le pediría perdón si la viera.
- Pidiéronme perdón y ofreciéronme toda caricia.
- (Pausa.) Pero si no, Quintanar, no tienes perdón de Dios.
- El perdón puramente espiritual o evangélico, ya lo tiene.
- ¿Piensa usted pedir perdón a su marido y reconciliarse con él?
- ¡perdón! exclamó la joven anegándose en su propia generosidad.
- Si pecó, todo varía en mí, y no me rebajo yo a pedirle perdón.
- Conocíle por el (hablando con perdón) cuerno que traía en la mano.
- Le pediré perdón por lo mal que me porté aquel día, y me perdonará.
- De esta falta le pido a usted perdón, porque reconozco que me porté mal.
- , ¡con perdón de las barbas!, con mi escopeta más agarrada que la Bula.
- Porque hayas sido muy mala no vayas a creerte que Dios te niega su perdón.
- Es un falso, un hipócrita, y si no le aborrezco, no tengo perdón de Dios.
- Y como le pida perdón de sus pecados con verdadera contrición, se lo dará.
- Aquí tienes a tu amo, a Ramiro, que te pide perdón por lo que de ti ha hecho.
- El perdón ya lo pedí por haber callado, y ya no tengo que pedir más perdones.
- Necesito ver a usted, quiero pedirle perdón y jurarle que soy digna de su cariñoso amparo.
- En cuanto a él lucía deslumbradora bota de charol, con perdón de la propiedad histórica.
- ¡Déjale! No, porque es un miserable, un canalla cobarde, y te va a pedir perdón de rodillas.
- Maximiliano buscaba una fórmula para pedirle perdón sin menoscabo de su dignidad de señorito.
- Pero el otro perdón, el que llamaríamos social, porque equivale a reconciliarse, es imposible.
- Ahora le dijo tranquilamente ésta ve a dar las gracias a tu mujer, a pedirle perdón y a animarla.
- No te echo de mi casa por lástima, porque espero que todavía has de arrepentirte y me has de pedir perdón.
- Ballester la contradecía suavemente, recomendándole la prudencia, la tolerancia y el perdón de las injurias.
- Decía lo de este es el puerto, llamaba a la gente senado, pedía perdón de las faltas y silencio, y entréme.
- , lo que quiero es tu perdón, el perdón de la humanidad, a quien he ofendido, a quien he ultrajado y pisoteado.
- El don Diego se me ofreció y me pidió perdón del agravio que me había hecho en tenerme por el hijo del barbero.
- Primitivo, arrimándose a un servidor de usted o al judío, con perdón, de Barbacana, conseguiría lo que quisiese ¿eh?
- Y luego le apretaba a la criaturita contra sus pechos pidiéndole perdón en silencio por aquella tentación de su pureza.
- Pronto se habían de ver claras las cosas, y el asno de su marido vendría a pedirle perdón y a sacarla de aquel encierro.
- Era una criatura tímida, dulce, encogida, que hablaba con los ojos bajos y sonreía a cada palabra, como pidiendo perdón.
- Mas tal golpe me le dieron al caballo en la cara que, yendo a empinarse, cayó conmigo en una (hablando con perdón) privada.
- ésta no la consentía, aunque el primo le pidiese perdón de rodillas y estuviese todo un año cantando romanzas sentimentales.
- Era la agredida, y no sólo podía serenarse más pronto, sino responder a la ofensa con desdén soberano y aun con el perdón mismo.
- Y entonces las frases frías, desmadejadas, con que el Magistral recomendaba el perdón, el olvido, le sonaban a hueco, a retórica vana.
- Cierto que debía pedirle perdón por el intento que tuvo de arañarle la cara, ¡qué barbaridad!, y por las palabras que se dejó decir.
- Se trata de no cortar el camino al perdón, antes de ver si conviene, dando a tu mujer esa puñalada mortal al entrar en su cuarto y gritar.
- No cabía en sí de inquietud, pensando en lo grande del perdón que tenía que dar en pago de lo enorme de la sinceridad que se le ofrecía.
- ¡Era, con perdón, la descarada de la liebre, que brincó por riba de mí y me tiró patas arriba! La aclaración produjo verdadero delirio.
- Me arrodillo así el ratón medio se hincó de hinojos ante el abad de Naya, y ordeñando en la palma de la mano, con perdón, zampo la leche.
- Fortunata dijo que sí con la cabeza, y sus miradas daban a entender que aquel perdón era de los fáciles, porque el amor andaba de por medio.
- Si usted reconoce que ha hecho mal, y le pide perdón a Dios de su mala intención y procura limpiarse de ella, Dios tendrá piedad de la pecadora.
- Me parece mentira dijo él, que te tengo aquí, cogida otra vez con lazo, fierecita mía, y que puedo pedirte perdón por todo el mal que te he hecho.
- Si aquellas diabluras se acabaron, ¿a qué venía maltratar de palabra y hasta de obra a la pobre Jacinta, cuando lo que procedía era pedirle perdón?
- Pidiole perdón por no haberle confiado aquel secreto, y advirtió con grandísima pena que su suegra no se entusiasmaba con la idea de poseer a Juanín.
- La madre de Martín, al saber el suceso, quiso obligar a su hijo a presentarse en casa de Ohando y a pedir perdón a Carlos, pero Martín afirmó que antes lo matarían.
- Era necesario para obtener el perdón de Dios que don Pompeyo, antes de sanar, porque sin duda sanaría y eso pensaba él también diese un ejemplo edificante de piedad.
- ¡A escotar! Me meto por el monte arriba, y llegando a donde hay unos tojos más altos que un cristiano, me tumbo así (con perdón) y saco el sombrero, y lo dejo de esta manera (reparen bien) sobre la yerba.
- Si tal hacía como hombre, en cuanto sacerdote de una religión de paz y de perdón, tenía que aconsejar y procurar, en cuanto pudiese, la suavidad, los procedimientos que la moral recomienda para tales casos.
- ¡eran de metérseme por la boca, con perdón de las barbas honradas! Aunque se armó gran algazara, la moderó algún tanto el cura de Boán recordando las diversas ocasiones en que se oían contar casos análogos.
- Mataré, gozaré después de aquel amor inefable, infinito, que no he catado nunca y que ella me ofreció en cambio del sacrificio que le hice de mi razón, y luego nos consagraremos ella y yo a hacer penitencia y a pedir a Dios perdón de nuestra culpa.
- Si en la conversación, o en aquellas polémicas que con su familia tenía a las horas de comer, se le escapaba una palabra más alta que otra, luego sentía remordimientos de haberla pronunciado, y si no la recogía, pidiendo perdón de ella, era porque la timidez le ponía un freno.
- Imaginándose lo que iba a pasar, la turbación del infiel, el perdón suyo, y mil cosas y pormenores novelescos que barruntaba, producíase en su alma un goce semejante al del artista que crea o compone, y también un poco de venganza, tal y como en alma tan noble podía producirse esta pasión.
- Y en efecto, con tal calor y elocuencia exponía las razones que, desde el punto de vista mundano, aconsejaban el derramamiento de sangre que después, cuando recordaba que tenía que defender el partido contrario, el de caridad, perdón y amor al prójimo, olvido de los agravios y conformidad con la cruz.
- Y desque fue bien vuelto en su acuerdo, echóse a los pies del señor comisario y demandóle perdón, y confesó haber dicho aquello por la boca y mandamiento del demonio, lo uno por hacer a él daño y vengarse del enojo, lo otro y más principal, porque el demonio recibía mucha pena del bien que allí se hiciera en tomar la bula.
- Ana había resuelto acercarse también, levantar el velo ante la red de tablillas oblicuas, y a través de aquellos agujeros pedir el perdón de Dios y el del hermano del alma, y si el perdón no era posible, pedir la penitencia sin el perdón, pedir a fe perdida o adormecida o quebrantada, no sabía qué, pedir la fe aunque fuera con el terror del infierno.
- Andaba yo tras de una perdiz agachadito, agachadito y el ratón se agachaba en efecto, siguiendo su inveterada costumbre de representar cuanto hablaba, porque no llevaba perro ni diaño que lo valiese, y estaba, con perdón de las barbas honradas que me escuchan, para montar a caballo de un vallado, cuando oigo ¡tras tris, tras tras!, ¡tipirí, tipirá!, el andar de una liebre.
- La infeliz tarasca viciosa, con estos cuidados y las ternezas de doña Guillermina, y más aún, con la proximidad de la muerte, estaba que parecía otra, curada de sus maldades y arrepentida en toda la extensión de la palabra, diciendo que se quería morir lo más católicamente posible, y pidiendo perdón a todos con unos ayes y una religiosidad tan fervientes que partían el corazón.