Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra periódicos

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra periódicos en el contexto de una oración.

Término periódicos: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "periódicos" aquí tienes una selección de 87 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra periódicos para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • A propósito de periódicos.
  • ¿Qué periódicos has leído?
  • Después iba a ver los periódicos.
  • No se acordaba de periódicos ni de libros.
  • Sobre la mesa tengo un montón de periódicos.
  • En el Casino leía los periódicos de La Costa.
  • ¡Si sabría él cómo se hacían los periódicos!
  • Vocea con voz plañidera un vendedor de periódicos.
  • De los periódicos e ilustraciones se hacía más uso.
  • Los periódicos traían cálculos completamente falsos.
  • Andrés iba a ella a comprar papel y algunos periódicos.
  • Los periódicos no decían más que necedades y bravuconadas.
  • Leía muchos periódicos antes de convertirlos en cucuruchos.
  • He de leer una porción de libros, he de ojear mil periódicos.
  • ¡Y está abandonado! Se burlan de él hasta en los periódicos.
  • Voy a ver los partes de los periódicos, y después nos largamos juntos.
  • ¿Pero dónde están esas damas distinguidas de que hablan los periódicos?
  • Y ahora rabian porque no les dejan decir esas picardías en los periódicos.
  • Una porción de folletines publicados en los periódicos durante varios años.
  • Escribir cartas a los periódicos de la corte con las noticias más contradictorias.
  • Y de pronto me pongo un poco pálido y dejo caer de las manos uno de los periódicos.
  • El mismo día escribió a Bayona y a París pidiendo católogos y periódicos de modas.
  • Andrés no había seguido en los periódicos aquella cuestión de las guerras coloniales.
  • Se resolvió últimamente dejar los periódicos libres, pero ejercer una gran vigilancia.
  • ¡Periódicos a él! Por hacer que hacemos estaba allí cinco minutos, y salía triunfante.
  • Pero a un hombre que escribe en los periódicos, ¿le es lícito no pensar nada de una cosa?
  • Francamente, aquellos enternecimientos periódicos le parecían excesivos y molestos a la larga.
  • Esta cuestión del hurto de periódicos era de las difíciles que tenían que resolver las juntas.
  • Pero sin presumir, huyendo siempre de señalarse y de que los periódicos les llamaran anfitriones.
  • Contaba Lulú que de niña la pegaban para que no comiera el yeso de las paredes y los periódicos.
  • Hay cafés casi cómodos, periódicos casi legibles, tiendas casi buenas, restaurants casi aceptables.
  • Los periódicos, que hablan constantemente de él, anteponen siempre a su nombre algún mote muy salado.
  • Leía a su madre, con los ojos brillantes de entusiasmo, los periódicos que hablaban de los peligros del P.
  • Hasta con la jorobadita que vendía en la puerta fósforos y periódicos tenía cierto parentesco espiritual.
  • A las nueve, cuando aparecían La Correspondencia y los demás periódicos de la noche, aumentaba el bullicio.
  • ¡No, no! Un hombre que borrajea en los periódicos ha de tener siempre lista su opinión sobre todas las cosas.
  • Azorín es un hombre vulgar, aunque escriba todo lo que quiera en los periódicos (o por eso mismo de que escribe).
  • Pasaba revista a varios periódicos con febril ansiedad y desaparecía en seguida con un desengaño más en el alma.
  • Justamente el primo Rafael iba alcanzando algún renombre y los periódicos hablaban de él elogiándolo como médico.
  • Se acercaba a la mesa, después de respirar fuerte, silbaba la marcha real, y fingía echar un vistazo a los periódicos.
  • Había leído muy poco y nutría su entendimiento de lo que en los cafés escuchaba y de lo que los periódicos le decían.
  • El Magistral había hablado de las consultas que los periódicos protestantes establecen para dilucidar casos de conciencia.
  • Mendigaba alguna invitación en las redacciones de los periódicos, y si la conseguía, iba al baile, pero sólo hasta la una.
  • Un pillo, hijo, un pillo redomado que emplea la pamplina de la caridad y se da bombos en los periódicos para engañar incautos.
  • En el centro del coche, sobre una maleta en pie, que no cabe en las rejillas ocupadas, a modo de velador, he colocado unos periódicos.
  • Desde entonces leyó periódicos y novelas de Pigault Lebrun y Paul de Kock, únicos libros que podía mirar sin dormirse acto continuo.
  • Los periódicos hablaban de asesinatos en Málaga, de incendios en Alcoy, de soldados que desobedecían a los jefes y se negaban a batirse.
  • En los periódicos satíricos que compraba Rafael había visto aquellas caras convencionales, destrozadas por él lápiz de los caricaturistas.
  • Don Eugenio escuchaba con frialdad el nombre del célebre banquero, que todos los días repetían los periódicos, pero Juanito se estremeció.
  • Aquello era, con relación a la filosofía, lo que son los específicos de la cuarta plana de los periódicos respecto a la medicina verdadera.
  • Estos y otros lectores asiduos se pasan los periódicos de mano en mano, en silencio, devorando noticias que leen repetidas en ocho o diez papeles.
  • Encontróle todo alborotado con los noticiones políticos, que acababan de confirmar los pocos periódicos que se recibían en aquellos andurriales.
  • Era un chico de mérito, que estudiaba el último año de no sé qué carrera, y escribía artículos de crítica (gratis) en diferentes periódicos.
  • Sólo a ese chino, que los españoles consideramos como el colmo de la candidez, se le pueden decir las cosas que nos están diciendo los periódicos.
  • La luz iluminaba la mesilla cubierta de hule negro, sobre el cual estaban los libros de estudio, forrados con periódicos y muy bien ordenados por doña Lupe.
  • La acción de la cultura europea en España era realmente restringida, y localizada a cuestiones técnicas, los periódicos daban una idea incompleta de todo.
  • Don Manuel no era ningún lince, pero afiliado platónicamente desde muchos años atrás al partido moderado puro, hecho a leer periódicos, conocía la rutina.
  • A eso de las tres, marido y mujer estaban solos en el despacho, él en el sillón leyendo periódicos, ella arreglando la habitación que estaba algo desordenada.
  • La música era digna de la arquitectura, y sonaba a zarzuela sentimental o a canción de las que se reparten como regalo a las suscritoras en los periódicos de modas.
  • Leía todos los artículos de su novio, que este le llevaba recortados de los periódicos y pegados en cuartillas, y con esta lectura se iba ilustrando considerablemente.
  • En regiones como Castilla, como la Mancha, sin agua, sin caminos, sin árboles, sin libros, sin periódicos, sin casas confortables, ¿cómo va a entrar el espíritu moderno?
  • Los periódicos le habían comparado con los mejores oradores católicos, con Monescillo, con Manterola, eclesiásticos como él, con Nocedal, con Vinader, con Estrada, legos.
  • Entre la generalidad de los tipos vulgares, obscuros, borrosos, que iban al casino a leer los periódicos y hablar de política, había dos personajes verdaderamente pintorescos.
  • Mucho más de la mitad del caudal fugitivo de sus conocimientos consiste en los recortes de la Correspondencia que los periódicos pobres se van echando, como pelotas, de tijeras en tijeras.
  • Frígilis no tuvo más remedio que obedecer, porque al saber Quintanar que el otro pensaba escapar, amenazó con seguirle al fin del mundo y llamarle cobarde en los periódicos, en la calle.
  • La jorobada y un su hermano, también algo cargado de espaldas, entraban con las manos de papel, y dando brazadas por entre las mesas del centro, iban alargando periódicos a todo el que los pedía.
  • No le faltó perspicacia para comprender que el mundo daba mucho a las apariencias, y que en el Casino pasaban por más sabios los que gritaban más, eran más tercos y leían más periódicos del día.
  • Muchos periódicos de Madrid y provincias, pero en particular La Gaceta Económica, que era el órgano más autorizado de la escuela economista, reprodujeron dichos trabajos, elogiándolos calurosamente.
  • El mismo Napoleón mandó a los periódicos que no se hablara del asunto, y cuando se le dio cuenta de la victoria de sus implacables enemigos los ingleses, se contentó con encogerse de hombros diciendo.
  • Entonces no había periódicos, y las ideas políticas, así como las noticias, circulaban de viva voz, desfigurándose entonces más que ahora, porque siempre fue la palabra más mentirosa que la imprenta.
  • Algunos de éstos, a modo de vivientes periódicos, concurrían a casa de aquella señora por las tardes, y esto, además del buen chocolate y mejores bollos, atraía a otros ansiosos de saber lo que pasaba.
  • Raro era el día que no echaban los periódicos un extraordinario anunciando batallas, desembarcos de armas, movimientos de tropas, cambios de generales y otras cosas que por lo común daban pie a inacabables comentarios.
  • Pero no faltan clases enteras, la de mancebos de tienda, la de los cajistas, por ejemplo, que cultivan en teatros caseros el difícil arte de Talía, y con grandes resultados según El Lábaro y otros periódicos locales.
  • Estaba sentado junto a la chimenea, envuelto de la cintura abajo en una manta que parecía la piel de un tigre, gorro calado hasta las orejas, en la mano un periódico, en la silla inmediata tres, cuatro, muchos periódicos.
  • Y así, Azorín y Sarrió, sin admiradores molestos, dan unas vueltas por una plaza, husmean las tiendas, compran unos periódicos, y acaban por sentarse en la terraza de un restaurant, bajo el cielo azul, frente al mar ancho.
  • Si no había teatro, y esto era muy frecuente en Vetusta, se quedaba en su gabinete donde recibía a los amigos y amigas que quisieran hablar de sus cosas, mientras ella leía periódicos satíricos con caricaturas, revistas y novelas.
  • Estaba convidado también, así como el vientecillo indiscreto que movía los flecos de los guardamalletas de raso, los cristales prismáticos de las arañas, y las hojas de los libros y periódicos esparcidos por el centro de la sala y las consolas.
  • Por todas partes, todos los días, que las ideas consoladoras se disgregan, se pierden, huyen de las Universidades y las Academias, desertan de los libros y de los periódicos, se refugian ¡único refugio! en las almas de los labriegos y de las mujeres sencillas.
  • Los recibió el señor Guimarán en su despacho, lleno de periódicos y bustos de yeso, baratos, que representaban bien o mal a Voltaire, Rousseau, Dante, Francklin y Torcuato Tasso, por el orden de colocación sobre la cornisa de los estantes, llenos de libros viejos.
  • ¡Dios mío! ¡Qué peso se quitaban de encima! Habían dudado un poco antes de entregar sus ahorros, pero ahora sentían una dulce confianza pensando que quedaban arriba, en manos de un hombre a quien todos los días nombraban los periódicos con los títulos de acaudalado y filantrópico banquero.
  • Y mañana, cuando salga en los periódicos la extensa relación de lo ocurrido, no podréis imaginaros que la fiera en figura humana que mató al rival, a la novia y hasta a la mamá, si es que se decide a bajar, era el joven dulce y simpático que, pálido como un muerto, estaba hecho un poste cerca del cafetín.
  • La mañana pasábala don Antonio conferenciando con los corredores en la trastienda, leyendo los despachos bursátiles de los periódicos, haciendo comentarios y sosteniendo disputas con ciertos amigos nuevos que formaban corro a la puerta del establecimiento y hablaban con calor de la alza y la baja, los enteros y los céntimos.
  • Veían las cocinas con los pucheros armados sobre las ascuas, las artesas de lavar junto a la puerta, y allá en el testero de las breves estancias la indispensable cómoda con su hule, el velón con pantalla verde y en la pared una especie de altarucho formado por diferentes estampas, alguna lámina al cromo de prospectos o periódicos satíricos, y muchas fotografías.
  • La mesa de mármol, en torno de la cual formaban animado círculo las caras de los combatientes, estaba a última hora llena de cadáveres, revueltos con las cucharillas, con los vasos que aún tenían heces de café y leche, con la ceniza de cigarro, los periódicos y los platillos de metal blanco, en los cuales la mano afanadora de Don Basilio no había dejado más que polvo de azúcar.
  • En efecto Ronzal, abusando de su cargo en la Junta directiva, acaparó lo mejor del restaurant, tomó por asalto el gabinete de lectura, quitó periódicos de la mesa y puso manteles, cerró con llave la puerta, hizo que entrara el servicio por una de escape que estaba cerca del armario de libros, y allí pudo cenar la flor y nata de la nobleza vetustense con sus paniaguados y amigos de confianza.
  • Al mismo tiempo remitía a mi compañero y amigo Teodoro Llorente, director de Las Provincias, correspondencias y artículos sobre el fomento de la agricultura en general y el arbolado en particular, tan notables, que la Sociedad de Amigos del País y la de Agricultura y los periódicos de la capital me felicitaron por mis trabajos de tanta utilidad social, y aquellas Sociedades, además, me honraron nombrándome socio corresponsal.
  • Una hora después en el comedor del Casino que ocupaba una crujía del segundo piso, no lejos de la sala de juego, se sentaban a la mesa presidida por don Pompeyo Guimarán, don Álvaro Mesía, enfrente del protagonista, y en agradable confusión después, sin pensar en preferencias de sitio, Paco Vegallana, Orgaz padre e hijo, Foja, don Frutos Redondo (que acudía a todas las cenas fuesen del partido religioso o político que fuesen), el capitán Bedoya, el coronel Fulgosio, desterrado por republicano, famoso por sus malas pulgas y buena espada, un tal Juanito Reseco, que escribía en los periódicos de Madrid y venía a Vetusta, su patria, a darse tono de vez en cuando, y además un banquero y varios jóvenes de la bolsa de Mesía, trasnochadores abonados del Casino.