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Ejemplos de oraciones con la palabra perros

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra perros en el contexto de una oración.

Término perros: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "perros" aquí tienes una selección de 92 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra perros para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • ¿Y los perros?
  • ¿Y los perros?
  • Ladran los perros.
  • ¿Serían los perros?
  • Que los perros en misa.
  • O el moquillo de los perros.
  • ¿Y los perros, vamos a ver?
  • Los dos perros se detestaban.
  • Ladraban los perros tristemente.
  • Los perros de Frígilis se aburrían.
  • Uno de los perros continúa ladrando.
  • Te voy a echar los perros como al oso.
  • La miseria, señora, esta vida de perros.
  • ¡Lástima de corazón echado a los perros.
  • Ladraban los perros, cada vez más furiosos.
  • Esto lo sabían hasta los perros de la calle.
  • Que machaquen duro sobre esos perros ingleses.
  • Los perros ladraban en el silencio de la noche.
  • Ahora, la que más y la que menos huele a perros.
  • No puedo resistir más esta vida de perros decía.
  • Parecía que me olía como los perros huelen la caza.
  • Amasábanlo para hacer tortas del tamaño de perros grandes.
  • Siguió andando, guiado por el ladrido lejano de los perros.
  • Este sendero se llamaba Cuesta de los Perros (Chacur aldapa).
  • Las personas que son como usted suelen pasar una vida de perros.
  • Bueno, entremos añadió Ospitalech que la noche está de perros.
  • Por aquella brecha penetraban perros y gatos en el cementerio civil.
  • ¡Si lo sabría ella! Unos perros que no valían la pena de mirarlos.
  • Los perros ladraban al verle de lejos, como si se aproximase la muerte.
  • Por él ladraban todos los perros de la huerta con desesperados aullidos.
  • Ellos riñen en el interior como perros y gatos, pero le dejan a uno en paz.
  • No se ve un alma por allí, en las calles no hay más que perros y policías.
  • ¡Eh, locos! ¡locos! que os echo los perros, que destrozáis la yerba de Pepe.
  • Quedamos enemigos como gatos y gatos, que en despensa es peor que gatos y perros.
  • Y al nieto, que en pos de los perros venía, le dio una especie de festivo soplamocos.
  • ¡Qué Restauración ni qué niño muerto! Son los mismos perros con distintos collares.
  • Acariciólos Primitivo con su enjuta mano, pues era sumamente afectuoso para los perros.
  • El viento silbaba en las encrucijadas, ladraban los perros, comenzaba a llover a chaparrón.
  • Los perros de caza, despeados y anhelantes de fatiga, se habían sentado al pie del crucero.
  • La sed de su trigo y el recuerdo de la multa eran dos feroces perros agarrados á su corazón.
  • Después de las mujeres venales, el Marquesito adoraba los animales mansos, sobre todo perros y caballos.
  • La subida por la Cuesta de los Perros era bastante fatigosa, y el viejo se detuvo varias veces a descansar.
  • Verán ustedes la lucha del oso de los Pirineos con los perros que saltan sobre él y acaban por sujetarle.
  • El domador hizo restallar el látigo, y todos los perros a una comenzaron a ladrar y a aullar furiosamente.
  • Pero por más que hagan esos perros, no me quitarán, Dios mío, que yo sea tan ángel como otra cualquiera.
  • Se trataba de ir a ver los perros de caza y uno del monte de San Bernardo que Paco había comprado días antes.
  • ¡Pues y el nuestro, el de Ulloa, que es presentado por mí! Ése es tan mío como los perros que llevo a cazar.
  • Es estricnina, a la dosis que se echa a los perros, bien neutralizado el sabor con regaliz, y forrada de azúcar.
  • Estos se echaron como perros, y un momento después iban los dos policías al fondo del mar cosidos a puñaladas.
  • Alrededor del circo, atados a los pies de un banco hecho con tablas, había diez o doce perros flacos y sarnosos.
  • Corría sola por los prados, entraba en las cabañas donde la conocían y acariciaban, sobre todo los perros grandes.
  • Desde su bolsa hasta se arrojaban perros chicos a la escena, para exagerar la falta de compostura de los de enfrente.
  • ¡Ay!, crea usted que si aquellos perros guindillas no me dejan venir a dar de mamar a mi hijo, no sé lo que me pasa.
  • El Magistral se dejó introducir en el estrado por una criada sesentona, que ladraba a los pobres como los perros malos.
  • Un individuo que sobre una mesilla de tijera exhibe el gran invento para cortar cristal, tiene que salir a espeta perros.
  • Algunos reían y otros lanzaban exclamaciones indecentes, chasqueando la lengua como si se tratara de una riña de perros.
  • Lanzaban los perros alaridos entrecortados, de interrogación y deseo, sin atreverse aún a tomar posesión de la pitanza.
  • El señorito de Ulloa entraba seguido de dos perros perdigueros, cuyos cascabeles acompañaban su aparición con jubiloso repique.
  • Con poner en el otro platillo los perros grandes y chicos que me has sacado, me salvo díjole Moreno riendo y manoseándole la cara.
  • Para Tellagorri, los perros si no hablaban era porque no querían, pero él los consideraba con tanta inteligencia como una persona.
  • Los perros se echaban con tal furia sobre el oso que para obligarles a soltar la presa el domador o el viejo tenían que morderles la cola.
  • ¡Eh, los náufragos! ¡Adelante! Empujamos la puerta, pasamos al jardín y entramos por un patio a cuyos lados había dos perros de piedra.
  • Formaban círculo los cazadores, y a sus pies dormían enroscados los perros, con un ojo cerrado y otro entreabierto y de párpado convulso.
  • Nosotros navegábamos confiados, porque ni de perros herejes moros se teme la traición, cuantimás de un inglés que es civil y al modo de cristiano.
  • Soñaba que él era de cal y canto y que tenía una brecha en el vientre y por allí entraban y salían gatos y perros, y alguno que otro diablejo con rabo.
  • El teatro mágico, La mujer gorda, Los perros sabios, con órganos a la puerta que hacían sonar una música extravagante, propia de una fiesta de caníbales.
  • ¡Oid! El domador se detuvo un momento y se oyeron en el interior de la barraca terribles rugidos, y como contestándolos, el ladrar feroz de una docena de perros.
  • Luego, los alpargateros sacan su banco a la acera, y los carpinteros trabajan en medio de la calle en compañía de los chiquillos, de las gallinas y de los perros.
  • ¡Valientes perros estaban tío y sobrino! Este había hecho discursos racionalistas, y cuando la Gloriosa dio vivas a Topete y a Prim en una reunión de demócratas.
  • Estaba flaca, sucia, vestía de pingos que olían mal, y la pobreza, la vida de perros y la compañía de aquel salvaje habíanle quitado gran parte de sus atractivos.
  • La tripulación entera se echó sobre nosotros como perros y, gracias a que el piloto tenía la puerta de la sobrecámara abierta, pudimos refugiarnos allá y salvarnos.
  • Luego, cuando ya estoy saturado de espumas, de olas, de gemidos del viento, subo por la Cuesta de los Perros hasta lo alto de las dunas, y avanzo por entre los maizales.
  • Hay quien dice que Pepe Moreno Vallejo, el cordelero de la Concepción Jerónima, es primo hermano de Don Manuel Moreno Isla, uno de los Morenos que atan perros con longaniza.
  • XIII EN INFANTES Cuando me despierto oigo en la calle, a través de las maderas cerradas, voces, ruido continuo de sonoros pasos, campanadas, trinos de canarios, ladridos de perros.
  • Los perros barraqueros salían con ladridos feroces, atraídos por el estrépito de la lucha, y las mujeres, en las puertas de sus casas, levantaban los brazos al cielo, gritando indignadas.
  • Lo primero era romper la primitiva para coger el oro y la plata, pasando a la nueva la calderilla, con más de dos pesetas en perros que al objeto había cambiado en la tienda de comestibles.
  • Andresito seguía con mirada triste las evoluciones de aquellas bulliciosas salamandras con blusa, que saltaban por entre las llamas como si tal cosa, sacudiéndose las chispas como los perros.
  • Si ante él sucedían tales cosas, a la mesa por ejemplo, Julián torcía la cara, haciéndose el distraído, o alzaba el vaso para beber, o fingía atender a los perros, que husmeaban por allí.
  • Llenóse la casa de ruido, de tilinteo de cascabeles, de cadencia de uñas de perros sobre los pisos de madera, de voces sonoras y de órdenes para tener en punto al amanecer todos los arreos de caza.
  • Los hombres, las mujeres, los viejos, los niños, los perros, hasta las casas, pues mi imaginación juvenil observaba en ello no sé qué de personal y animado, se me representaban como seres sensibles.
  • De uno de estos escondites salió, al pasar el Provisor, como una perdiz levantada por los perros, el señor don Custodio el beneficiado, pálido el rostro, menos las mejillas encendidas con un tinte cárdeno.
  • En el inmediato estanque conmovíanse con estremecimientos voluptuosos las plantas verdosas que extendían sus palmitos a flor de agua, y a lo lejos, como un eco, sonaban los ladridos de los perros del arrabal.
  • Esto y los tambores, y los gritos de la vieja que vendía higos, y el clamor de toda aquella vecindad alborotada, y la risa de los chicos, y el ladrar de los perros pusiéronle a Jacinta la cabeza como una grillera.
  • Uno representaba varios perros lanzándose sobre un oso, el otro una lucha entre un león y un búfalo y el tercero unos indios atacando con lanzas a un tigre que les esperaba en la rama de un árbol como si fuera un jilguero.
  • Pero fueran como se quiera, la chica parecía dispuesta a no dejar en su alma ni rastro de ellos, según la vida de perros que llevaba, las atroces penitencias que hacía y el frenesí con que se consagraba a las tareas de piedad.
  • Como si también los perros comprendiesen su derecho a ser atendidos antes que nadie, acudieron desde el rincón más oscuro, y olvidando el cansancio, exhalaban famélicos bostezos, meneando la cola y levantando el partido hocico.
  • Desde el nacimiento de la niña, en vez de mostrarse más casero y sociable, volvía a las andadas, a su vida de cacerías, de excursiones a casa de los abades e hidalgos que poseían buenos perros y gustaban del monte, a los cazaderos lejanos.
  • Juzgando a las gentes con quienes había trabado conocimiento en pocas horas, se le figuraba Sabel provocativa, Primitivo insolente, el abad de Ulloa sobrado bebedor y nimiamente amigo de la caza, los perros excesivamente atendidos, y en cuanto al marqués.
  • Puntas de cigarros adheridas al piso, dos pares de botas inservibles en un rincón, sobre la mesa un paquete de pólvora y en un poyo varios objetos cinegéticos, jaulas para codornices, gayolas, collares de perros, una piel de conejo mal curtida y peor oliente.
  • Pero el asesino vagó como un loco por la huerta, huyendo de las gentes, tendiéndose detrás de los ribazos, agazapándose bajo los puentecillos, escapando á través de los campos, asustado por el ladrido de los perros, hasta que al día siguiente lo sorprendió la Guardia civil durmiendo en un pajar.
  • Alguno de los perros favoritos del marqués se incorporaba a la comitiva siempre, y dos mozos, vestidos con la ropa dominguera, la más bordada faja, el sombrero de fieltro nuevecito, empuñando varas verdes que columpiaban al andar, iban de espolistas, encargados de tener mano de las monturas cuando se apeasen los jinetes.
  • Todos reconocían que aquel tío sabía mucho, y sin título de maestro ni miedo á que nadie se acordase de él para quitarle una escuela que no daba ni para pan, iba logrando á fuerza de repeticiones y cañazos que deletreasen y permanecieran inmóviles todos los pillos de cinco á diez años que en días de fiesta apedreaban á los pájaros, robaban la fruta y perseguían á los perros en los caminos de la huerta.