Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "piedras" aquí tienes una selección de 81 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra piedras para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- ¿Y las piedras?
- Que ando tirando piedras.
- Hace reír a las piedras.
- El otro, contratista de piedras.
- Crecía yerba entre las piedras.
- Vamos, que si la ves, tiras piedras.
- Ella corría, tiraba piedras, gritaba.
- Piedras sin montar, de valor considerable.
- Buena gana tienen de subir ni de tirar piedras.
- ¡Piedras mohosas! Ya le bastaban las de los Pazos.
- Que se fastidien, que se arruinen, que coman piedras.
- Fabrican su morada so las piedras, como la segestria.
- Si había piedras, por ellas, si lodo, por lo más alto.
- La carretera descarnada, con las piedras al descubierto.
- El agua, verde y blanca, saltaba furiosa entre las piedras.
- ¡Oh, qué reguapo estás! No creas que te robo las piedras.
- Quiero que las piedras que le hieran a usted me hieran a mí.
- Y ellos salen a la huerta y se sientan en sus piedras blancas.
- Cuando se han sentado en las piedras permanecen un rato en silencio.
- ¡Aquí no hay nada cristiano, pensó, más que ese montón de piedras!
- Al anochecer salen a la huerta y se sientan sobre unas piedras blancas.
- Junto á estas piedras se había aglomerado y confundido todo un pueblo.
- Sentía en los pies, que pisaban las piedras y el lodo un calor doloroso.
- Pero lo mismo fue verlas Mauricia que empezar también a mandarles piedras.
- Lo intentamos, y a la tercera vez uno de los garfios quedó entre las piedras.
- Verán decía, cómo saca ella de debajo de las piedras siete yernos de primera.
- Fortunata estaba como si le hubieran vaciado sobre el cráneo una cesta de piedras.
- En las piedras de las jambas quedan empotrados hierros que sirvieron para las poternas.
- No mires tanto este cerco de oro y piedras que me rodea, y mírame a mí que soy la verdad.
- Con la mano ensangrentada cogió el fusil y, apoyándose en las piedras, apuntó y disparó.
- Quintanar se acercó a la pared y vio en sus piedras y resquicios la escalera de su deshonra.
- Y todos se levantan de sus piedras blancas y se van al pueblo, un poco encorvados, silenciosos.
- ¡Qué guapo estás con tu cara blanca, con tu cara de hostia dentro del cerco de piedras finas!
- Ya mis muchachos se habían armado de piedras y daban tras las revendederas y descalabraron dos.
- Todo envejece pensó, y cuando las piedras se gastan, ¡cómo no ha de gastarse el cuerpo del hombre!
- Allá abajo, en algunos sitios, las piedras escalonadas formaban como las graderías de un anfiteatro.
- Visual del ojo del elefante entre dos piedras a la peña afilada que hay a media milla cerca del río.
- Pero el pensamiento de que quedaban piedras en el callejón desvaneció sus propósitos de resistencia.
- Sí, sentía ella que don Álvaro se infiltraba, se infiltraba en las almas, se filtraba por las piedras.
- Llegaba a casa y descargaba sobre una mesa aquellos sacos para contar más satisfecho las piedras miliarias.
- De las tiendas salían haces de luz que llegaban al arroyo iluminando las piedras húmedas cubiertas de lodo.
- Contaba los pasos y los millares los señalaba con piedras menudas que metía en los bolsillos de la americana.
- Cientos de papas, docenas de concilios, miles de pueblos, millones de piedras de catedrales y cruces y conventos.
- Llevaba un bastón grueso, cuyo mango era un martillo, y volvía de sus paseos con los bolsillos llenos de piedras.
- Quedose parada, el oído atento a un rumor que al parecer venía del suelo, de entre las mismas piedras de la calle.
- Efectivamente, la luna salió, iluminando la playa con una fuerza tal que se veían todos los montículos y piedras.
- Entre las piedras nacían la lechetrezna, el beleño y el yezgo, y los grandes lagartos tornasolados se tostaban al sol.
- Descendió sin prisa del lado de Traslacerca, tranquilo, acostumbrado a tal escalo, conocido ya de las piedras del muro.
- Desde la torre se veía la historia de las clases privilegiadas contada por piedras y adobes en el recinto viejo de Vetusta.
- Y como si al caballo le hiciese cosquillas aquel gesto de la señora del balcón, saltaba y azotaba las piedras con el hierro.
- Sacó todas cuantas había y en su lugar puso piedras, palos y lo que halló, y encima dos o tres yesones y un tarazón de teja.
- Y enfrente del cementerio, hacia la carretera de Logroño, sujetaron entre dos piedras el palo y ataron en su punta el pañuelo blanco.
- Los bellacos, que vieron que no se quejaban, dejaron el dar azotes y empezaron a tirar ladrillos, piedras y cascote que tenían recogido.
- Los pilletes que enredan en las calles o en el solar vacío arrojándose piedras y rompiéndose la ropa para desesperación de las madres.
- Estrépito de ruedas que hacen temblar los cristales, rechinar las piedras y que se pierde a lo lejos como el gruñir de las olas rencorosas.
- Ana, mientras oía, con la frente inclinada, mirando las piedras del patio, sólo podía vislumbrar de soslayo el gabán claro, pulquérrimo del buen mozo.
- Los dos mayores, abandonando á Pascualet, que se refugiaba lloriqueante detrás de un árbol, agarraban piedras y entablábase una batalla en medio del camino.
- Mientras los niños de su edad aprendían a leer, él daba la vuelta a la muralla, sin que le asustasen las piedras derrumbadas, ni las zarzas que cerraban el paso.
- Pero el terror era más grande que mis facultades de análisis, y me agarraba a las piedras hasta hacerme sangre en las manos, y gritaba frenéticamente como un loco.
- Mesía estaba quieto, mirando hacia la calleja, inclinado el rostro, atento sólo a buscar las piedras y resquicios que le servían de estribos en aquel descendimiento.
- Mirando por la abierta ventana, y haciéndose una pantalla con la mano, Julián divisó a Perucho, que, sin sombrero, con la cabeza al sol, arrojaba piedras al estanque.
- Teresa, con vestido negro de seda, grueso y crujiente, sólido aderezo con más oro que piedras, mantilla de blonda y los dedos cargados, como siempre, de sortijería barata.
- Era éste un conjunto de cabañas miserables, hechas con palos, piedras y barro, cubiertas unas con hierbas y otras con un tejido especial formado por pelo de camello o de cabra.
- Pero el agua de la ría se había marchado, la barca tropezó en el fondo con las piedras en mitad del pasaje y por más esfuerzos que habían hecho no habían conseguido moverla.
- ¡Tiorras, so tiorras! gritaba, e inclinándose con rápido movimiento, cogió del suelo piedras y pedazos de ladrillo, y empezó a dispararlos con tanto vigor como buena puntería.
- Después de realizar el tesoro de viejas onzas mejicanas y piedras preciosas, que tendríamos en una isla desierta, volveríamos a Lúzaro a contar, como Yurrumendi, nuestras hazañas.
- Hasta las rejas de la planta baja, devoradas de orín, subían las plantas parásitas, y festones de yedra seca y raquítica corrían por entre las junturas desquiciadas de las piedras.
- El pensar sin querer, contra su voluntad, algo complicado, original, delicado, exquisito, llegó a causarle náuseas, y se le antojó envidiar a los animales, a las plantas, a las piedras.
- No echó de ver siquiera la ridiculez del mausoleo, construido con piedras y cal, decorado con calaveras, huesos y otros emblemas fúnebres por la inexperta mano de algún embadurnador de aldea.
- Fija la mirada de idiota en las piedras de la calle, la impericia del artífice había dado, sin saberlo, a aquel rostro la expresión muda del dolor espantado, del dolor que rebosa del sufrimiento.
- Pero una noche, por la parte de fuera en la solitaria calleja de Traslacerca, el Tenorio preparó removiendo piedras y quitando cal, dos o tres estribos muy disimulados en el muro, hacia la esquina.
- Hallábase más bien resignada y se consolaba con la idea de que dentro de su desgracia no había solución mejor que aquella, y de que vale más caer sobre un montón de paja que sobre un montón de piedras.
- El estrépito de los cascos del animal sobre las piedras, sus graciosos movimientos, la hermosa figura del jinete llenaron la plaza de repente de vida y alegría, y la Regenta sintió un soplo de frescura en el alma.
- Según le dijo una mujer de Izarte, la chica llevaba una vida salvaje, corría por las peñas, andaba tirando piedras, y muchas veces había ido con la hija del torrero, una muchacha igualmente salvaje, a pescar calamares.
- Empero aquí, señores, forzoso es confesarlo, el mal gusto desbordado, la hinchazón, la redundancia se han dado cita para labrar estas piedras en las que lo amanerado va de la mano con lo extravagante, lo recargado con lo deforme.
- El río Ibaya, limpio, claro, cruzaba el valle por entre heredades verdes, por entre filas de álamos altísimos, ensanchándose y saltando sobre las piedras, estrechándose después, convirtiéndose en cascada de perlas al caer por la presa del molino.
- Recordaban aquellas enormes fábricas de madera pintada, con su lanza semejante a un mástil de buque y sus ruedas cual piedras de molino, las carrozas sagradas de los ídolos indios o los carromatos simbólicos que güelfos y gibelinos llevaban a sus combates.
- Menudeaban tanto las piedras y cascotes, que dentro de poco tiempo tenía el dicho don Toribio más golpes en la cabeza que una ropilla abierta, y no hallando remedio contra el granizo, viéndose sin santidad cerca de morir San Esteban, dijo que le dejasen salir, que él pagaría luego y daría sus vestidos en prendas.
- Costureras, chalequeras, planchadoras, ribeteadoras, cigarreras, fosforeras, y armeros, zapateros, sastres, carpinteros y hasta albañiles y canteros, sin contar otras muchas clases de industriales, se daban cita bajo las acacias del Triunfo y paseaban allí una hora, arrastrando los pies sobre las piedras con estridente sonsonete.
- El pozo, después de una semana de descensos y penosos acarreos, quedó limpio de todas las piedras y la basura con que la pillería huertana lo había atiborrado durante diez años, y otra vez su agua limpia y fresca volvió á subir en musgoso pozal, con alegres chirridos de la garrucha, que parecía reirse de las gentes del contorno con una estridente carcajada de vieja maliciosa.
- Aprendiz siempre hambriento, dependiente después en una época en que los mayores sueldos eran de cincuenta pesos anuales, a fuerza de economías miserables consiguió emanciparse, y con ayuda de sus antiguos amos, que veían en él un legítimo aragonés capaz de convertir las piedras en dinero, fundó Las Tres Rosas, tiendecilla exigua que en diez años se agrandó hasta ser el establecimiento de ropas más popular de la plaza del Mercado.