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Ejemplos de oraciones con la palabra piernas

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra piernas en el contexto de una oración.

Término piernas: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "piernas" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra piernas para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Para piernas, Ronzal.
  • Tiraría a las piernas.
  • Las piernas no me ayudan.
  • Y más vacilantes las piernas.
  • Hasta ahora las piernas se han defendido.
  • Cayó sin encoger las piernas ni hacer gesto.
  • Él no tendría criterio, pero lo que es piernas.
  • ¿cree usted que vamos a salir rabo entre piernas?
  • Justamente don Álvaro tenía las piernas muy largas.
  • La sotana, azotada por las piernas vigorosas, decía.
  • Pero su propio temor le había paralizado las piernas.
  • Pero lo miras cabeza abajo y por debajo de tus piernas.
  • Ya no le temblaba el pulso ni le vacilaban las piernas.
  • Uno se le subía por la manta que le envolvía las piernas.
  • A Mesía le temblaron un poco las piernas, muy contra su deseo.
  • Estas piernas que han hecho marchas de seis leguas en una noche.
  • Visita subió entonces al columpio, pero con las piernas atadas.
  • Sintió además inesperada debilidad en las piernas y en el espíritu.
  • Le temblaban tanto las piernas, que al llegar a la calle apenas podía andar.
  • Lulú escuchaba nerviosa, moviendo los brazos y las piernas, dispuesta a saltar.
  • Mirado de medio abajo parecía tenedor o compás, con dos piernas largas y flacas.
  • Sus piernas quedaron en el ribazo, agitadas por un pataleo fúnebre de res degollada.
  • Halláronla en su casa más piernas, brazos y cabezas que en una capilla de milagros.
  • Llevaba metidas entrambas piernas en una bolsa de cuero, y liadas, y mis dos muletas.
  • Miss, saliendo de su escondite, frotábase contra sus piernas gruñendo amistosamente.
  • Yo no sé de dónde saca el amo estas piernas de perro tan hermosas y con tanta carne.
  • Luego, los pantalones echaron de sí aquellas piernas como bastones que se desenfundan.
  • Las orejas se le convertían en brasas y a veces sentía náuseas y temblor de piernas.
  • Protegían sus piernas recias polainas de cuero, abrochadas con hebillaje hasta el muslo.
  • Fernando, viendo que traían en una fuente piernas de carnero, dijo a dos o tres en voz baja.
  • En aquel punto tuvo que sentarse, porque le flaqueaban las piernas, y se le desvanecía la cabeza.
  • Continuaba sentado en el suelo, las piernas extendidas, apoyado un brazo en el asiento de la silla.
  • Del salto se plantó Maxi en la cama, quedándose un instante con los brazos y las piernas en alto.
  • La primera, por no me atrever a mis piernas, por temer de la flaqueza que de pura hambre me venía.
  • Tuvo la culpa Paco decía Visitación, ceñidas con una cuerda las piernas, por encima del vestido.
  • Ha venido usted a turbar nuestra felicidad replicó Maxi sentado, y moviendo las piernas en el aire.
  • Lo compré la semana pasada y ni me he cuidado de arreglarle esas cosillas que tiene en las piernas.
  • Quedose con las piernas tiesas, en calzoncillos, esperando a que su mujer le quitara también las botas.
  • ¡No me tires! ¡No me tires! gritó Obdulia que sintió las manos de su ex amante debajo de las piernas.
  • Benigna no se andaba en tantos reparos, y ¡pataplum!, le zambulló dentro, sujetándole brazos y piernas.
  • Sabel se alejó cargada con el niño, cuyas piernas se balanceaban inertes, a cada movimiento de su madre.
  • En vez de fatiga sentía fiebre que les daba vigor de acero a las piernas y aliento de fragua a los pulmones.
  • A veces las piernas en cruz subían por un tablero próximo hasta mucho más arriba de donde estaba la cabeza.
  • Bajé, y me encontré a la muchacha, despeinada, con las piernas desnudas, envuelta en una falda hecha jirones.
  • El médico, que llegó entonces, la examinó detenidamente, observando hinchazón en las piernas y en el vientre.
  • Quien ve estas botas mías, ¿cómo pensará que andan caballeras en las piernas en pelo, sin media, ni otra cosa?
  • Quintanar le había pedido a Paco un batín para reemplazar la levita de tricot que se le enredaba en las piernas.
  • Vaciló el viejo sobre sus piernas, pero antes de caer al suelo, la hoz partió horizontalmente contra su cuello, y.
  • A cabo de tres semanas que estuve con él, vine a tanta flaqueza que no me podía tener en las piernas de pura hambre.
  • El tío miraba atentamente el cortinaje del balcón y las piernas de Andresito, que era lo único visible de la pareja.
  • Hubo fama que reedificaba doncellas, resuscitaba cabellos encubriendo canas, empreñaba piernas con pantorrillas postizas.
  • Y el día que haya en España un gobierno medio liberal siquiera, ese hombre saldrá de aquí con la sotana entre piernas.
  • Pero entonces se verían las piernas ¡qué horror!, los pantalones negros, el varón vergonzante que lleva debajo el cura.
  • Otros le tiraban por las piernas y tuvieron reciamente, porque no había mula falsa en el mundo que tan recias coces tirase.
  • Sentía en la garganta manos de hierro, y por el espinazo y las piernas sacudimientos y un temblor tenue, frío y constante.
  • Chaquetas ahuecadas con un palo, zamarras y otras prendas que algo, sí, algo tenían de seres humanos sin piernas ni cabeza.
  • Andresito seguía tieso en su puesto, sin mover los pies, con las piernas entumecidas y el cuello dolorido de mirar a lo alto.
  • Aquella sotana que se le enredaba entre las piernas, que era un sarcasmo de la suerte, un trapo de carnaval colgado al cuello.
  • Y si el trayecto fuera más largo, el martirio de aquellas seis piernas que no sabían cómo colocarse habría sido muy grande.
  • No por eso hay que figurarse que Perucho renunciaba a sus dos cuartos, los ganados honradamente con la agilidad de sus piernas.
  • Al recordar esto, con todos los pormenores de la gran prueba ofrecida por Ana, don Fermín sintió que le temblaban las piernas.
  • Al fin se detuvo ante un rocín blanco, no muy gordo ni lustroso, con algunas rozaduras en las piernas y cierto aire de cansancio.
  • Cada vez que, volteando en el aire sus piernas y sus brazos chamuscados, se zambullía uno en las llamas, oíanse risas y berridos.
  • Las piernas las tenía casi completamente paralizadas, y salía a paseo en un cochecillo o sillón de ruedas, que empujaba su criado.
  • Toda la historia, toda la civilización, un mundo de plomo, yacían sobre él, sobre sus brazos, sobre sus piernas, eran sus grilletes.
  • Cuando entró otra vez en las Alamedas de Serranos, sus piernas flaqueaban, y sintió la necesidad de dejarse caer en uno de los bancos.
  • Y vea aquí novecientos y un sonetos y doce redondillas (que parecía que contaba escudos por maravedís) hechos a las piernas de mi dama.
  • Me dan la impresión de un cuarto bien adornado, pero tan estrecho, que dentro de él no se pueden estirar las piernas sin tropezar en algo.
  • Apenas concibió tan luminosa idea, sintió que las piernas le bailaban, y echó a correr con toda la velocidad posible en busca de su abuelo.
  • Llegó después de dos horas de marcha, deteniéndose muchas veces para dar aplomo á su cuerpo, que se balanceaba sobre las inseguras piernas.
  • Había perdido su serenidad de ebrio inquebrantable, y al levantarse, tambaleando, tuvo que hacer un esfuerzo para sostenerse sobre sus piernas.
  • Empujábanse en la estrecha escalerilla, con las faldas recogidas entre las piernas para inclinarse y hundir su cántaro en el pequeño estanque.
  • Y emparejando, cierra uno de los que me aguardaban por don Diego, con un garrote conmigo, y dame dos palos en las piernas y derríbame en el suelo.
  • Andar, andar y soñar al compás de las piernas, como si su alma repitiera una música cuyo ritmo marcaban los pasos, era lo que a él le deleitaba.
  • Sus piernas entumecidas negábanse a obedecerle, y la debilidad y el cansancio le producían, en ciertos momentos, algo así como asomos de vértigo.
  • Luego, cuando el pequeño Tommy venía con un sombrero de copa hasta las orejas y la nariz pintada de encarnado, andando con los piernas para adentro.
  • Casi todos llevaban traje negro, boina azul pequeña y algunos, en vez de botas, calzaban abarcas con pieles de carnero, que les envolvían las piernas.
  • Y allí permanecía mirando el balcón, a pesar de que sus piernas apenas podían sostenerle, y en la cabeza y el estómago sentía un vacío anonadador.
  • Y después clavándose las uñas en el cuello, dio media vuelta, como si fuera a caer desplomado, y con piernas débiles y temblonas salió de la capilla.
  • Dábannos el hallazgo, y veníamos a enriquecer de manera que me hallé yo con cincuenta escudos, y ya sano de las piernas, aunque las traía entrapajadas.
  • Las piernas colgaban fuera, la cara se oprimía contra la almohada, y en tal postura rumiaba expresiones oscuras que se apagaban resolviéndose en ronquidos.
  • Cazadores con escopetas que parecían escobas y majos andaluces, con el trabuco sobre las piernas, montados en briosos corceles que tenían aspecto de ratas.
  • Nicanora le volvió cara arriba para que respirase bien, le puso las piernas dentro de la cama, manejándole como a un muerto, y le quitó de la mano el palo.
  • Gastaba barba ya ruda y crecida, el pelo corto, un pañuelo en el cuello, un chaquetón negro con todos los botones abrochados y un garrote entre las piernas.
  • Arremangóse el desalmado animero el sayazo, y quedó con unas piernas zambas en gregüescos de lienzo, y empezó a bailar y decir que si había venido Clemente.
  • Y abriendo las piernas y agachándose como dispuesto a correr detrás de los compañeros a latigazos, dio una vuelta al pañuelo alrededor de la mano y añadió.
  • La única defensa del que estaba debajo era clavar sus uñas, afilándolas con el pensamiento, en los brazos, en las piernas, en todo lo que alcanzaba del vencedor.
  • Pero si sus piernas flaquearan, si su cabeza no le mantuviese firme en su sendero, si su corazón empezaba a bambolear y enflaquecer, ¿quién la sostendría a ella?
  • Describía el crujir de los huesos del pecho del Señor al relajar los verdugos las piernas del mártir, para que llegaran los pies al madero en que iban a clavarlos.
  • Metió sus dedos entre la amarillenta dentadura, pasó sus manos por las ancas, levantó sus cascos para inspeccionarlos, lo registró cuidadosamente entre las piernas.
  • No sólo se turbó, pero subió de nuevo a su dormitorio, notando una sensación extraña, como si le hubiesen descargado un fuerte golpe en las piernas quebrándoselas.
  • Y otro día, subiendo la escalera, notaba que casi la subía más con los brazos que con las piernas, pues tenía que ampararse del pasamanos, haciendo mucha fuerza en él.
  • El extranjero y Martín esperaron, luego fueron retrocediendo sin disparar, hasta que, al llegar a una vuelta del camino, comenzaron a correr con toda la fuerza de sus piernas.
  • Desde allí veía, distraído, los movimientos rápidos de la falda negra de Teresina, que apretaba las piernas contra la cama para hacer fuerza al manejar los pesados colchones.
  • Solíamos andar, como él, balanceándonos con las piernas dobladas y los puños cerrados, y fumábamos en pipa, aunque yo, por mi parte, a los dos chupadas no podía con el mareo.
  • ¿Es posible dijo a su niño, sin disimular la ira, que se te antoje también ponerte esos pantalones ajustados con los cuales las piernas de los hombres parecen zancas de cigüeña?
  • Cerca del pueblo, algunos pescadores de caña, se pasaban la tarde sentados en la orilla y las lavanderas, con las piernas desnudas metidas en el río, sacudían las ropas y cantaban.
  • Mas como fuese el traidor tan astuto, pienso que me sintió, y dende en adelante mudó propósito, y asentaba su jarro entre las piernas, y atapábale con la mano, y ansí bebía seguro.
  • Estudiamos posturas contra la luz, pues, en día claro, andamos las piernas muy juntas, y hacemos las reverencias con solos los tobillos, porque, si se abren las rodillas, se verá el ventanaje.
  • Le temblaban las piernas, pasaban tenues nubecillas ante sus ojos y veía confusamente a los dueños de las tiendas, que le seguían con un gesto de compasión o le llamaban con amistosas señas.