Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra pilló

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra pilló en el contexto de una oración.

Término pilló: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "pilló" aquí tienes una selección de 43 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra pilló para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Eres un pillo.
  • Pillo, ven acá.
  • ¡Ay, qué pillo!
  • Sí, soy un pillo.
  • ¡Grandísimo pillo!
  • Ese Morte es un pillo.
  • Usted pilló los buenos tiempos.
  • Y bien merecido le estaba, por pillo.
  • Te voy a matar, grandísimo pillo, ladrón.
  • Sabía que con esto se acreditaba de pillo.
  • Hoy he conocido a ese pillo que te deshonró.
  • Toda la responsabilidad caiga sobre ese pillo.
  • ¿Por qué no le arrancó la careta a ese pillo?
  • Eso sí dijo la santa, él es un pillo, un hereje.
  • ¡Pero había cada pillo todavía! ¿Y la amistad?
  • Óigalo usted, ¡so pillo! yo no tengo esta noche qué cenar.
  • Aquel era, sin duda, más pillo y más embustero que los demás.
  • Esto, en boca de Tellagori, quiería decir que todo el mundo era un pillo.
  • ¡No acabo de cavilar en esto, Dios mío! Él será un pillo, y un ingrato.
  • Es un pillo, a fe de Barinaga, un pillo que ya sé yo de qué muerte va a morir.
  • ¡que reventasen, que se hiciesen la santísima los hijos del pillo don Salvador!
  • Esa mujer es una bribona, y tú serías un simple si no fueras también un solemnísimo pillo.
  • Se vuelven tan tontas digo, que en cuanto se les presenta un pillo cualquiera se dejan seducir.
  • Te voy a matar, pillo le dijo su mamá adoptiva, arrodillándose ante él y conteniendo la risa.
  • ¡Ah!, ya conoce el muy pillo lo que has hecho por él, y no quiere estar con nadie más que contigo.
  • ¡Valiente pillo! Y la esposa no podía contestar a su suegra cuando le venía con aquellas historias.
  • ¡Qué ángel! ¡Y si viera usted qué pillo es, y qué tragón! Viene determinado a darse buena vida.
  • De repente el muy pillo la miró, y sacándose el caramelo de la boca, se lo ofreció para que chupase ella.
  • ¡Parecía imposible que los señores síndicos, todos buenas personas, se fiasen de un pillo como Pimentó!
  • Y el muy pillo puso a prueba la de sus padres, porque se entretuvo diez años por allá, haciéndoles rabiar.
  • ¡Pillo, tunante! pensaba Jacinta comiéndose las palabras, y con las palabras la hiel que se le quería salir.
  • Contestó un pillo rubio, el más fuerte de la compañía, que siempre se colocaba el primero por derecho de conquista.
  • Un pillo, hijo, un pillo redomado que emplea la pamplina de la caridad y se da bombos en los periódicos para engañar incautos.
  • Pero ven acá, pillo dijo secándose las lágrimas que la risa había hecho brotar de sus ojos, si contigo no valen buenos medios.
  • Es un grandísimo pillo que me pide tres pesetas por unas medias suelas, y ni siquiera tapa un agujerito que le puede salir a la piel.
  • ¡Ah, grandísimo pillo! Ahora comprendía él por qué olvidaba sus deberes, por qué perdía las tardes vagando por la huerta como un gitano.
  • Pero que si la buscaba otra vez, ya sabría ella resistir y darle con toda la fuerza de su honradez en los hocicos, para que no volviera a ser pillo.
  • ¡Y qué pausas, Virgen santa! Mi pobre Pepeta pasa la vida de Santa Catalina de Sena, y la muy bestia, erre que erre, sin aborreser a ese pillo de Pimentó, que no vale ni un papel de fumar.
  • ¡Oh, ese hombre! ¡Ese pillo! ¡Da lástima ver tanto desesperado, tantos padres de familia dispuestos a matarse o a matar a ese granuja si le pillan! El muy ladrón debió saber antes que nadie lo de la baja, y.
  • ¡Con un pillo así era imposible estar seria mucho tiempo! Se necesitaba tener corazón de piedra para no conmoverse cuando, cogiendo la guitarra y poniendo los ojos en blanco, se arrancaba por el Fandanguito de Cádiz, entonando después melancólicamente el ¡ Triste Chactas.
  • Bismarck, un pillo ilustre de Vetusta, llamado con tal apodo entre los de su clase, no se sabe por qué, empuñaba el sobado cordel atado al badajo formidable de la Wamba, la gran campana que llamaba a coro a los muy venerables canónigos, cabildo catedral de preeminentes calidades y privilegios.
  • Le echaba humo de tabaco, le llamaba y solía poner entre los barrotes de la jaula un trozo de madera, como si fuese el dedo, y Poll, que era rencoroso, se echaba sobre él y le daba un picotazo con su pico fuerte, y cuando se encontraba que no tenía presa, se recogía, burlado y huraño, ante las carcajadas del pillo del grumete.
  • ¡Cristo! ¡Ara t pille! 27 27 ¡Cristo! ¡Ahora te pillo! Se lanzó por entre las cañas, bajó casi rodando la pendiente de una de las orillas de la acequia, y se vio metido en el agua hasta la cintura, los pies en el barro y los brazos altos, muy altos, para impedir que se le mojase la escopeta, guardando avaramente los dos tiros hasta el momento de dispararlos con toda seguridad.