Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "pisar" aquí tienes una selección de 16 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra pisar para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- No osaba pisar la calle.
- Pues claro que puede usted pisar.
- Conoció el modo de pisar de don Pedro.
- Ya puedo pisar sin desdoro aquel pavimento.
- Al pisar el atrio de Ulloa notaba una impresión singularísima.
- Pero cada día era mayor la repugnancia de Anita a pisar la calle.
- Necesitaba arrojar la careta, dar rienda suelta a su mal ánimo, pisar algo con ira.
- Yo estoy muy acostumbrado a pisar tierra mía y a andar entre árboles que corto si se me antoja.
- Era de estos vascos que dejan todo su lastre de intolerancia y de fanatismo al pisar el primer barco.
- Paco no se atrevía a pisar a su prima nueva, pero la tenía encantada con sus bromas de señorito fino, que vivió y la corrió en Madrid.
- Tenía ganas de pisar tierra española, de pasear por aquellas viejas murallas con sus garitas, sus baluartes y sus cañones, de ver el hermoso golfo de Cádiz.
- Casados en secreto, recorrían después todas las provincias, y para ayuda del presupuesto conyugal la enamorada joven, que era hija de padres ricos, se decidió a pisar las tablas.
- Por estas consideraciones, que le estaban dando vergüenza, que le parecían ridículas al cabo, don Álvaro resistió el vehemente deseo de pisar un pie a la Regenta o tocarle la pierna con sus rodillas.
- El Magistral al entrar en estos salones y gabinetes suavizaba más sus modales suaves y con fácil elegancia, manejaba el manteo y plegaba la sotana y movía manos, ojos y cuello con una distinción profana que no llegaba nunca a la desfachatez del cura que reniega del pudor de los hábitos al pisar los palacios del gran mundo.
- Mientras la de Páez daba a entender con su aire melancólico y aburrido que su reino no era de este mundo, y que Ronzal había hecho demasiado atreviéndose a invitarla a bailar, el diputado ponía los cinco sentidos en no equivocarse, en no pisar el vestido ni los pies a ninguna señorita y en imitar servilmente las idas y venidas y las genuflexiones de Trifón.
- ¡Oh y qué marejada hubo en casa de la Lage por espacio de una quincena! Entrevistas con el padre, cuchicheos de las hermanas entre sí, trasnochadas y madrugonas, batir de puertas, lloreras escondidas que denunciaban ojos como puños, trastornos en las horas de comer, conferencias con amigos sesudos, curiosidades de dueña oficiosa que apaga el ruido de su pisar para sorprender algo al abrigo de una cortina, todas las dramáticas menudencias que acompañan a un grave suceso doméstico.