Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "plantas" aquí tienes una selección de 62 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra plantas para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Plantas, microbios, animales.
- Las plantas se dejan seducir.
- IV Azorín gusta de observar las plantas.
- Las plantas, unas son buenas y otras son malas.
- Las plantas aman unas la vida libre y sacudida.
- De otra, tres murallones revestidos de hiedra y plantas parásitas.
- Perseguir a las lagartijas y salamandras, subir al peral, regar las plantas.
- También acompaña a estas plantas en sus ideas conservadoras la hierbabuena.
- En ellas se pueden cultivar plantas de zona cálida como naranjos y limoneros.
- Sobre la bóveda secan hacecillos de plantas olorosas y rotenes descortezados.
- VI Azorín, cansado de los insectos y de las plantas, se ha venido a Monóvar.
- Porque en las plantas, lo mismo que en los insectos, se puede estudiar el hombre.
- Así nadie se extrañe de que digamos que existen plantas buenas y plantas malas.
- Pormenores, historia de los pájaros, de las plantas, de las nubes, de los astros.
- En último caso, si algún día tuvieras un choque con ella, te plantas y le dices.
- En la plazoleta, frente á la barraca, florecían macizos de dompedros y plantas trepadoras.
- Vida es lo uno y vida es lo otro dijo Iturrioz filosóficamente comenzando a regar sus plantas.
- En seguida de regar, la tierra se secaba, y las plantas se doblaban tristemente sobre su tallo.
- En la Naturaleza, en los árboles y en las plantas hay una vaga sombra de justicia y de bondad.
- De las plantas de la azotea, de los tiestos de sándalo y de menta llegaban ráfagas perfumadas.
- A veces aparecían manchas de hormigas con alas en la tierra o costras de pulgones en las plantas.
- ¡Qué alegría! Todo es cristal, flores, plantas de hojas gigantescas, de colores fuertes, raros.
- Con sus mañas los hortelanos persuaden a las plantas silvestres a que dejen sus parajes bravíos.
- Todas las plantas han de ser regadas, según la buena horticultura, por la mañana o por la tarde.
- Aquella compasión intensa que la había arrojado otra vez a las plantas de aquel hombre ya no existía.
- Siguió hacia la derecha, separando con dificultad las espinas de cien plantas ariscas, que le cerraban el paso.
- De las ventanas del patio venían perfumes traídos por el airecillo que hacía sonajas de las hojas de las plantas.
- En los bardales vio Jacinta unas plantas muy raras, de vástagos escuetos y pencas enormes, que llamaron su atención.
- Consisten en plantar entre ellas, para ayudarlas, otras plantas alegres y animosas que les quiten las tristes añoranzas.
- Como un jabalí furioso se entró por los campos, pisoteando las plantas, saltando las arterias regadoras, tronchando cañares.
- Julián murmuró una oración, desvióse aprisa, creyendo sentir bajo sus plantas el cuerpo de bronce de su formidable enemigo.
- Únicamente á alguna distancia le pareció que las plantas ondulaban en la obscuridad, como si un cuerpo se arrastrase entre ellas.
- A un lado teníamos el monte poblado de robles, de zarzas, de helechos, de toda clase de plantas salvajes y de florecillas silvestres.
- Iturrioz abrió la fuente que tenía en un ángulo de la terraza, llenó una cuba y comenzó con un cacharro a echar agua en las plantas.
- No le faltaba razón a Linneo, porque no hay entre todas las plantas otras más humildes, más laboriosas, y, sobre todo, más resignadas.
- De lo que sobre plantas se habló aquella tarde, coligió Don Evaristo que su amiga tenía gustos un poco desacordes con el gusto corriente.
- Las plantas, como todos los seres vivos, se adaptan al medio, varían a lo largo del tiempo en sus especies, triunfan en la concurrencia vital.
- Sin embargo, así como de las familias campesinas salen a veces sutiles cortesanos, así también las plantas campestres se truecan en urbanas.
- Pensaba a veces Quintanar contemplando las plantas exóticas de los anaqueles atestados y de los jarrones etruscos y japoneses más o menos auténticos.
- Pero como no hay nada bueno ni malo en sí como ya notó Hobbes y la ética es una pura fantasía, podría resultar en último caso que las plantas no son buenas ni malas.
- Sentía que el terreno se solidificaba bajo sus plantas, y se reconocía más árbitro de su destino, y casi triunfante en la descomunal batalla que estaba dando a su familia.
- Y así por este estilo podrían irse nombrando, si hiciera falta, muchas amistades y predilecciones de las plantas, que, como es natural, también tienen sus odios y sus desavenencias.
- Hasta las rejas de la planta baja, devoradas de orín, subían las plantas parásitas, y festones de yedra seca y raquítica corrían por entre las junturas desquiciadas de las piedras.
- El pensar sin querer, contra su voluntad, algo complicado, original, delicado, exquisito, llegó a causarle náuseas, y se le antojó envidiar a los animales, a las plantas, a las piedras.
- Diez años de abandono habían endurecido la tierra, haciendo brotar de sus olvidadas entrañas todas las plantas parásitas, todos los abrojos que Dios ha criado para castigo del labrador.
- Aquí había perdido aquella entereza que le animaba cuando sentía bajo sus plantas las tierras cultivadas á costa de tantos sacrificios y en cuya defensa estaba pronto á perder su vida.
- En el inmediato estanque conmovíanse con estremecimientos voluptuosos las plantas verdosas que extendían sus palmitos a flor de agua, y a lo lejos, como un eco, sonaban los ladridos de los perros del arrabal.
- Las plantas parásitas, los abrojos, comenzaron á surgir de la tierra maldita que el tío Barret había pateado y herido con su hoz la última noche, como presintiendo que por culpa de ella moriría en presidio.
- Pero para la liebre, vestida con su abrigado manto de suave y tupido pelo, era noche de festín, noche de pacer los tiernos retoños de los pinos, la fresca hierba impregnada de rocío, las aromáticas plantas de la selva.
- ¡Oh, como es error vano fatigarse por ver los resplandores de un ardiente tirano, que impío roba a las flores el lustre, el aliento y los colores! Todas las plantas tienen, en suma, sus veleidades, sus odios, sus amores.
- Pero otras veces, las más, era el recuerdo de sus sueños de niño, precoz para ambicionar, el que le asaltaba, y entonces veía en aquella ciudad que se humillaba a sus plantas en derredor el colmo de sus deseos más locos.
- Y ésta es la causa, Antonio, por qué en el verano, cuando ha pasado el chubasco y el sol luce de nuevo, vemos sobre las hojas de algunas plantas, las cucurbitáceas, por ejemplo, unas pequeñas y brilladoras eflorescencias salinas.
- Estremecíase éste con las burbujas acuáticas surgidas incesantemente del fondo de arena, donde crecían manojos de plantas gelatinosas, verdes cabelleras ondeantes, moviéndose en su cárcel de cristal líquido á impulsos de la corriente.
- Entre amo y criado habían arreglado la azotea, pintado las tejas con alquitrán, sin duda para hacerlas impermeables y puesto unas graderías donde estaban escalonados las cajas de madera y los cubos llenos de tierra donde tenían sus plantas.
- Y las leyes de honor, las preocupaciones de la vida social todas, ¿qué eran al lado de las grandes y fijas y naturales leyes a que obedecían los astros en el cielo, las olas en el mar, el fuego bajo la tierra, la savia circulando por las plantas?
- Hay una energía, una voluntad, una inteligencia, o como queramos llamarlo, que mueve las plantas como el mineral y como el hombre, y hace esplender en ellos la vida, y los lleva al acabamiento, de que han de resurgir de nuevo, en una u otra forma, perdurablemente.
- Las largas filas de rosales, los macizos de plantas, toda esa jardinería mutilada y corregida por las tijeras del hortelano, reverdecía con el soplo cálido de la tarde y se cubría de flores, uniendo sus simples perfumes a la estela de esencias que dejaban las señoras tras su paso.
- El centro de mesa en que se erguía un ramillete de trapo con guardia de honor de dos floreros cilíndricos con pinturas chinescas, de cuya boca salían imitaciones groseras de no se sabía qué plantas, pero que a don Pompeyo le recordaban la cabellera rubia y estoposa de alguna miss de circo ecuestre.
- Primeramente el concepto de la lucha por la vida llevada así a los animales, a las plantas y hasta los minerales, como se hace muchas veces, no es más que un concepto antropomórfico, después, ¿qué lucha por la vida es la de ese hombre don Cleto, que se abstiene de combatir, o la de ese hermano Juan, que da su dinero a los enfermos?
- Oirían la primera misa en la capilla de los Desamparados, porque a doña Manuela, como buena valenciana, le parecía que ninguna misa del resto del año valía tanto como aquélla y después tomarían chocolate en un huerto de fresas, bajo un toldo de plantas trepadoras, recreándose el olfato con el olor de los campos de flores y el humillo del espeso soconusco.
- Sucede, sin embargo, que del mismo modo que los campesinos no logran hacerse nunca por completo a la vida de las ciudades, en las cuales parece que les falta sol y aire, y en las que se encuentran molestos por sus mil triquiñuelas, hasta el punto de que enflaquecen y se opilan, del mismo modo estas plantas selváticas que vienen a los huertos, crecen en ellos desmedradas y acaban por perecer si no se las acorre oportunamente.
- Me hice cargo de un pacto establecido entre tantos seres para ayudarse y sostenerse contra un ataque de fuera, y comprendí que por todos habían sido hechos aquellos barcos para defender la patria, es decir, el terreno en que ponían sus plantas, el surco regado con su sudor, la casa donde vivían sus ancianos padres, el huerto donde jugaban sus hijos, la colonia descubierta y conquistada por sus ascendientes, el puerto donde amarraban su embarcación fatigada del largo viaje.