Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "platón" aquí tienes una selección de 34 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra platón para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Amigo Platón, vengan esos cinco.
- Lo que es a Platón no se le ocurre.
- Obra de romanos fue el despertar a Platón.
- No me tenga usted miedo, señor de Platón.
- Platón se miró en el vidrio del cuadro de las trenzas.
- Platón estaba fuera de Madrid y su mujer en el otro mundo.
- Le digo que soy Izquierdo, por mote Platón, y menea la cabeza.
- Rafaela cuenta que al oír esto, se desconcertó un tanto Platón.
- De Platón, según he oído, ganando unos grandes dinerales con la pintura.
- Platón vacilaba, no dando a Segunda todo el crédito que esta creía merecer.
- Platón se fue también al anochecer, pero a las nueve regresó encendiendo luz en la sala.
- Platón descubrió al fin la ley de su sino, aquello para que exclusiva y solutamente servía.
- ¡Hostia, con la tía bruja esta! dijo para sí Platón, revolviendo las palabras con mugidos.
- Ii Platón se despidió de su amigo, y cogió el lío diciendo que tenía que ir a la calle del Arenal.
- Hipócrates era el maestro de Platón, maestro al cual nunca llamó Sócrates Trabuco, ni le hacía falta.
- De la hija de mi mujer replicó Platón con gravedad, echando una mirada de desdén al cuadro de las trenzas.
- La idea de asociar a Platón a su temeraria empresa, hízole ver la realidad, y lo disparatado de aquella idea.
- José Izquierdo, a quien llaman Platón porque comía en un plato como un barreño, arrojaba chinitas al picador.
- Maximiliano siguió hacia el café, y observando que Platón tomaba hacia la calle de Ciudad Rodrigo, miró su reloj.
- Lo mismo fue oír Platón que la señora de Pacheco venía, que el temor de verla le intranquilizó y no tuvo ya sosiego.
- Platón no decía nada, y pasó y repasó su hermosa mirada por los ladrillos del piso, como si los quisiera barrer con ella.
- ¡Repóblica puerca, repóblica cochina! rebuznó Platón, dando en la mesa un porrazo tan recio, que todo el ventorro tembló.
- Pero en aquella sazón, todo esto era futuro y sólo se presentaba a la mente embrutecida de Platón como presentimiento indeciso de glorias y bienandanza.
- La vanidad de Platón cayó de golpe cuando más se remontaba, y no encontrando aplicación adecuada a su personalidad, se estrelló en la conciencia de su estolidez.
- Para servir a vuecencia dijo una voz en la puerta, y al mirar, encaró Jacinta con la arrogantísima figura de Platón, quien no le pareció tan fiero como se lo habían pintado.
- Desde su alcoba, donde continuaba encamada, Fortunata se reía de las ocurrencias de Segismundo buscándole la lengua a Platón y a Ido del Sagrario, a quien solía llamar maestro.
- Platón, comprendiendo por instinto antes que por criterio, que las órdenes de Estupiñá eran más prácticas que las de la placera, salió y fue presuroso a la calle del Ave María.
- Oía Fortunata los ronquidos del venerable Platón, cual monólogo de un cerdo, y sentía también los paseos de Ido, y algún monosílabo ininteligible, suspiros que parecían ayes de pena o invocaciones poéticas.
- Mas el compañero de Platón, persona enteramente desconocida para Maxi, debía de ser uno de los sujetos más eruditos que en aquel local se habían visto nunca, y cuando rompió a hablar, se ganó la atención del auditorio.
- El bueno de Platón, encontrando al fin el descanso de su vida vagabunda, se había sentado en una piedra del camino, a la sombra de frondoso árbol cargado de fruto (valga la figura) sin que nadie le disputase el hartarse de ella.
- También se puede asegurar, sin temor de que ningún dato histórico pruebe lo contrario, que Platón no era valiente, y que, a pesar de tanta baladronada, su reputación de braveza empezaba a decaer como todas las glorias de fundamento inseguro.
- Cuentan Jacinta y su criada que al verse dentro de la reducida, inmunda y desamparada celda, y al observar que el llamado Platón cerraba la puerta, les entró un miedo tan grande que a entrambas se les ocurrió salir a la ventanilla a pedir socorro.
- Grande fue su sorpresa al encarar, no con el señor Platón a quien esperaba encontrar allí, sino con una mujerona muy altona y muy feona, vestida de colorines, el talle muy bajo, la cara como teñida de ferruje, el pelo engrasado y de un negro que azuleaba.
- Rubín e Izquierdo estaban sentados en el sofá de la sala, ambos silenciosos, Fortunata llamó a Ballester y a Platón para contarles lo que había hecho, y en tanto Guillermina se fue a sentar junto a Maximiliano, insinuándose con él por medio de una sonrisa de benignidad.