Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "podían" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra podían para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Bien podían verlo.
- Pero podían pasar.
- Ya no podían escapar.
- ¡No podían vencerme.
- No podían hacérsele.
- Podían venir sus enemigos.
- Ya nos podían traer una luz.
- Allí se podían hacer sopas.
- Sus amigos no podían con él.
- Podían hacer lo que quisieran.
- Ya podían venirme a mí con ésas.
- Aún eran jóvenes y podían esperar.
- Sus ojos inyectados ya no podían ver.
- Antes bien, se ayudaban cuanto podían.
- Los de tierra no podían darnos auxilio.
- Tales miasmas no podían ser saludables.
- ¿No podían haberse dormido los criados?
- Ya podían apuntarle con un cañón rayado.
- Que los adversarios no podían gastar nada.
- Sólo así podían asistirlos de la Fábrica.
- Podían decir lo que quisieran ciertas gentes.
- Pero a ella no se le podían dar tales razones.
- Tirando de aquí y de allá, podían pasar aquel día.
- A nosotros podían acusarnos de negreros y de piratas.
- Los trabajos preparativos ya podían darse por hechos.
- El manteo, se podían estercolar con él dos heredades.
- Las familias no podían ser mejores ni más para en una.
- ¡y el gobierno en la hoguera! ¿Qué más podían pedir?
- Muchas gracias! Ellos no podían permitir tantas molestias.
- Podían venir ahora los del tribunal y hacer lo que quisieran.
- Los circunstantes podían oírle difícilmente estos conceptos.
- Podían estar conspirando los otros con el tiempo y contra él.
- En nuestra espalda podían leerse aún los números del pontón.
- A la que no se podían poner tachas era a Rita, la hermana mayor.
- Que padecía un reumatismo, pues podían ser hasta veinte visitas.
- Pero las tres no podían resignarse a pasar un día dentro de casa.
- Podían regresar los dos a casa y volver Nelet con la espuerta vacía.
- Habíalos frisones y otros que se podían echar a la oreja de un toro.
- ¿Que los Misioneros podían más que él con sus hijas de confesión?
- ¡Qué más podían desear! En el campo carlista comenzaba la Deshecha.
- Pocos podían jactarse de conocer la casa del Provisor de arriba abajo.
- Dijo que Quintanar y todo Vetusta podían atribuir a miedo su ausencia.
- Podían esperar sentados los acreedores de Cuadros a que éste volviese.
- La muerte del capitán y del médico, mal explicadas, podían comprometernos.
- El vozarrón ó el señor de la leche podían darle algo malo por su tardanza.
- Podían reir sus amigos hasta reventar, pero tales risas serían las últimas.
- De cada cosa de éstas, mi abuela, o mi tía Úrsula, podían hablar media hora.
- Ellos podían elegir quiénes debían quedarse y quiénes seguir hasta América.
- No se podían hacer expediciones tan frecuentes como nosotros hubiéramos querido.
- Las salas eran grandes como plazas, las alcobas podían servir de salones de baile.
- A pesar de estas reflexiones que no podían ser más racionales, no estaba tranquilo.
- Tiros de noche podían ser una señal de incendio, de ladrones, ¡quién sabe de qué!
- En vista de que no podían quedarse allí, salió todo el grupo de hombres a la calle.
- Se apresuraba a declararme lo que había, para ver si podían evitarse más crímenes.
- Pocos vetustenses podían jactarse de haber visto ni el comedor ni la cocina de Visita.
- El Arcediano vio un mundo de intrigas que podían fundarse en este descuido del Provisor.
- En fin, que si no los querían les dejaban tranquilos, que era todo lo que podían desear.
- Sus padres, haciendo un sacrificio, podían pagarle los libros, las matrículas y la ropa.
- No podía explicárselo, los celos, si así podían llamarse, le habían hecho hablar alto.
- La verdad era que el papel Provisor subía mucho más de lo que podían sus enemigos figurarse.
- Ni Maxi ni doña Lupe ni Patricia ni nadie podían contarle los pasos, ni vigilarla ni detenerla.
- Gorjeaban alegremente, como pájaros que despiertan, pero sus trinos no podían ser más vulgares.
- El Dragón no era de aquellos clásicos negreros que podían considerarse como ataúdes flotantes.
- ¡Ponerse a su lado! ¡No conocerle en la cara que las dos no podían estar juntas en parte alguna!
- Este visitaba poco a las personas que no podían o no querían servirle en sus planes de propaganda.
- Y llamaba hipócritas a todos los que no dejaban traslucir aficiones eróticas que podían no tener.
- Aquellas tierras habían sido maldecidas por los pobres, y no podían dar mas que frutos de maldición.
- Entre padre e hijo existía una incompatibilidad absoluta, completa, no podían estar conformes en nada.
- Conocía el interior de todas las casas importantes y de todas las almas que podían servirle para algo.
- Su hijo era joven todavía, podían seducírselo, como ya otra vez habían intentado y acaso conseguido.
- Visitación y Paco Vegallana, que eran los que podían hablar con fundamento, guardaban prudente reserva.
- Y de repente recordó que ella también había escrito versos, y pensó que podían ser muy malos también.
- Todas las palomas con manchas negras en la cabeza podían ser una madre, según la lógica poética de Anita.
- Liados en ella, no prestó atención a lo que el médico decía ninguno de los que podían volvérselas al cuerpo.
- Varias veces le dijo a Lulú que ya tenían bastante para vivir con lo que ganaba él, que podían dejar la tienda.
- Aquellos argumentos puramente humanos, mundanos, que se podían oponer a Somoza y otros como él, eran lo de menos.
- Allí guardaba con llave sus ahorros, ciertas sisas de mayor cuantía, y algunos papeles que podían comprometerla.
- Sus inventos podían ser más o menos fantásticos, su mecánica idealista, pero hacía de una tabla lo que quería.
- Comerciantes que no podían pagar una letra de veinticinco pesetas jugaban millones, dándose una vida de príncipes.
- Que las miradas que podían haberle envalentonado no eran compromisos de los que echa en cara ningún hombre de mundo.
- Por culpa de ellos, por culpa de un excesivo cariño, de una extremada solicitud, podían dar pábulo a la maledicencia.
- Y era que este tal pobre tenía tres muchachos pequeños, que recogían limosna por las calles y hurtaban lo que podían.
- Al anochecer se empeñó en que se había de ir a la nueva casa, y su mujer y su tía no podían quitárselo de la cabeza.
- Miraba con envidia, de la que no se daba cuenta, á los que podían beber una taza de café para combatir el fresco matinal.
- Pero Nicolás se adelantó a sus temores, diciéndole que eran las señoras más indulgentes y cariñosas que se podían ver.
- A un lado estaba la taberna, con mesas de pino largas que podían levantarse y sujetarse a la pared, y en el fondo la cocina.
- Ya en 1840 las casas que traían directamente el género de Cantón no podían competir con las que lo encargaban a Liverpool.
- Las señoras eran las que podían juzgar mejor, porque muchas de ellas habían conseguido ver a Anita como se ven las estatuas.
- Y los que eran observadores podían notar las señales del amor, de la coquetería, en gestos, movimientos, risas, miradas y rubores.
- Era su fidelidad tan grande como su humildad, pues ya le podían reñir y decirle cuantas perrerías quisieran, sin que se incomodase.
- ¿Cómo, pues, se podían confundir la que se señaló por sus vergonzosas maldades y la santa señora que era la admiración del mundo?
- Pero como había otros viajeros en el vagón, los recién casados no podían entretener el tiempo con sus besuqueos y tonterías de amor.
- Cuando viniese por el estiércol ya subiría a ver a Amparito, y de paso, si no les servía de molestia, podían darle cualquier cosilla.
- Pero mientras no llegase a un grado de furor como el de la célebre mañanita del arsénico, las dos mujeres podían llevarlo con paciencia.
- Supo, pues, don Diego el caso, y enojóse conmigo de manera que obligó a los huéspedes (que de risa no se podían valer) a volver por mí.
- Allí podían encontrar buenas proposiciones que asegurasen su porvenir, y sería una crueldad que él cortase la carrera a las dos muchachas.
- Animación mundana reinaba en el frugal desayuno, y aunque las monjas se esforzaban por mantener un orden cuartelesco, no lo podían conseguir.
- Miradas y sonrisas, si la distancia no consentía otra cosa, iban y venían enfilándose como podían en aquella selva espesa de cabezas humanas.
- Si no iba, se ofendería quizás su padrino, y yendo, podían sobrevenirle contrariedades mayores, incluso la de arrepentirse del viaje y aplazarlo.
- Con este sistema de vender, a los cuatro años de comercio se podían contar las personas que al cabo de la semana traspasaban el dintel de la tienda.