Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "pompeyo" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra pompeyo para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Don Pompeyo!
- De don Pompeyo.
- ¿Quién, don Pompeyo?
- Don Pompeyo iba taciturno.
- ¿Cómo sigue don Pompeyo?
- Pues don Pompeyo le respetaba.
- Don Pompeyo no leía, meditaba.
- Don Pompeyo se acercó al atrio.
- A casa de don Pompeyo Guimarán.
- Oh tú, Pompeyo, pomposo Pompeyo.
- Don Pompeyo sentía escalofríos.
- Lo que dice don Pompeyo Guimarán.
- Pero no, don Pompeyo no contestaba.
- Don Pompeyo era el ateo de Vetusta.
- ¿Con que está arriba don Pompeyo?
- Don Pompeyo tuvo fiebre aquella noche.
- Allá va una a la salud de don Pompeyo.
- Don Pompeyo no decía que sí ni que no.
- Don Pompeyo no sabía si debía aceptar.
- ¿No tiene usted una escoba, don Pompeyo?
- Don Pompeyo sintió el ánimo desfallecer.
- Comparado con don Pompeyo Guimarán el ateo.
- Mejor decía don Pompeyo, que se multiplicaba.
- El pobre don Pompeyo, el ateo, ya había muerto.
- Don Pompeyo Guimarán salió del cementerio el último.
- Don Pompeyo reconoce que él aquí representa lo mismo.
- En efecto, don Pompeyo duró hasta el miércoles Santo.
- Don Pompeyo no creía en Dios, pero creía en la Justicia.
- ¡Esto es un complot! Lo que es un idiota ese don Pompeyo.
- La casa de don Pompeyo se convirtió en un mar de lágrimas.
- Joaquín dio media vuelta y se volvió al lado de don Pompeyo.
- Don Pompeyo quería confesar, pero con De Pas y sólo con De Pas.
- Don Pompeyo recibía las visitas como si él fuera el amo de casa.
- Lo habían olvidado en la sala, cerrada con llave por don Pompeyo.
- Don Fermín entró en casa de don Pompeyo a las nueve menos cuarto.
- Don Pompeyo Guimarán oyó la voz del beneficiado y le sonó a cura.
- También don Pompeyo se ha portado con mucha energía, según dicen.
- Don Pompeyo estaba enfermo de muerte, pero podía durar muchos días.
- Y en último caso, don Pompeyo ya les iba aburriendo con sus teologías.
- Algunas veces tropezaba la maza de un taco con el abdomen de don Pompeyo.
- Además ¿qué le importaban a don Pompeyo estos accidentes del nacimiento?
- La comisión insistió, conociendo en la cara de don Pompeyo que vencerían.
- Don Pompeyo discutiría con Su Ilustrísima si había Dios o no había Dios.
- Mesía, Paco Vegallana y Joaquín Orgaz acompañaron a don Pompeyo a su casa.
- Ni el latín ni la cera le gustaban a don Pompeyo, pero había que transigir.
- Todos comían mucho, menos don Pompeyo, a quien la emoción apretaba la garganta.
- Disparate que había leído don Pompeyo en un libro viejo que compró en la feria.
- Uno hubo (después llegó a cardenal), que pensó seriamente en excomulgar a don Pompeyo.
- Usaba don Pompeyo en casa bata de cuadros azules y blancos, en forma de tablero de damas.
- Don Pompeyo sintió vapores en la cabeza al oír que todo Vetusta recordaba sus palabras.
- Frígilis mientras don Pompeyo afirmaba estas cosas, le miraba sonriendo con benevolencia.
- Don Pompeyo se contentaba con arrancarle las raíces y retoños de toda religión positiva.
- Pero, señor don Pompeyo, hágase usted cargo de que todos somos sacerdotes del Crucificado.
- Y don Pompeyo se colocó delante de la cortina de percal para cortar el paso al obispo madre.
- Se consiguió, no sin trabajo, y sin necesidad de que don Pompeyo se retractase de sus errores.
- Dice usted, señor don Pompeyo, que por su gusto vendría con nosotros, se restituiría al Casino.
- De las cuatro hijas de don Pompeyo dos se desmayaron en compañía de su madre al oír la noticia.
- Por eso proponía don Pompeyo Guimarán, el filósofo, que la catedral se convirtiera en paseo cubierto.
- ¡Ah, don Pompeyo, no sabe usted cuánto puede ganar la Religión con lo que usted ha hecho y piensa hacer!
- Don Pompeyo se quedó mirando a Orgaz asombrado de su desfachatez, mientras consideraba el argumento de Foja.
- Y don Pompeyo extendió una mano hacia la puerta y estuvo un rato contemplando su brazo estirado y su energía.
- Sí, señora, de Guimarán, de don Pompeyo, que se está muriendo y quiere que le vaya a confesar el señorito.
- Don Pompeyo Guimarán, un filósofo que odiaba el tresillo, llamaba a los del gabinete rojo los monederos falsos.
- Y las correligionarias de don Pompeyo reían a carcajadas, demostrando así lo poco arraigado de sus convicciones.
- Por este tiempo fue cuando se quiso excomulgar a don Pompeyo Guimarán, personaje que se encontrará más adelante.
- Se le atragantaban las pasiones mientras don Pompeyo tosía, y entre esputo y esputo de flema decía con voz débil.
- Don Santos había dado plenos poderes a su amigo don Pompeyo para rechazar en su nombre toda sugestión del fanatismo.
- XX Don Pompeyo Guimarán, presidente dimisionario de la Libre Hermandad, natural de Vetusta, era de familia portuguesa.
- ¡Oiga usted, señor don Pompeyo, que a mí las canas no me asustan! y si usted se burla, yo hago la cuestión personal.
- Don Pompeyo daba el brazo a don Santos y le acompañaba hasta dejarle bastante lejos del café, porque si no se volvía solo.
- Si Barinaga tomó de don Pompeyo su apostasía, Guimarán se contagió con el odio de don Santos al Provisor y a doña Paula.
- Afortunadamente decía don Pompeyo Guimarán al referir el lance, afortunadamente estaba yo allí para evitar una indignidad.
- ¡A ver, dónde está Foja! gritó don Pompeyo, que no se encontraba con ánimo para dar otra batalla al obscurantismo clerical.
- Quedó el campo por don Pompeyo, que volvió a sus paseos y después fue a la cocina a espumar el puchero miserable de don Santos.
- Don Pompeyo rompió bruscamente sus relaciones con todos aquellos espíritus frívolos y no volvió a poner los pies en el Casino.
- La esposa de don Pompeyo suspiraba y entregaba las zapatillas suizas y el frasco del aguardiente, y el amo de la casa desaparecía.
- XXVI Desde el día en que presidió el entierro de don Santos Barinaga, don Pompeyo no volvió a tener hora buena, de salud completa.
- ¡Pues tal día hará un año! Ronzal no demostró el por qué de la infalibilidad, pero don Pompeyo se borró de la lista del Casino.
- Ni puede, ni quiere, ni debe exclamó don Pompeyo cruzado de brazos, inflexible, dispuesto a no dejarse enternecer por el dolor ajeno.
- Don Pompeyo dijo, y se puso en pie tambaleándose, lo cual probaba que, si no el vino, sus recuerdos le habían embriagado don Pompeyo.
- Y a todo esto don Pompeyo Guimarán olvidaba su exordio, interesado a su pesar en las aventuras eróticas del frívolo Presidente del Casino.
- Y don Pompeyo sentía remordimientos cuando se sorprendía deseando que jamás cundiese la doctrina racional, salvadora, que por tal la tenía.
- ¡Aquel don Pompeyo les había desacreditado! ¡Vaya un libre pensador! ¡Era un gallina! ¡Murió loco! ¡Le dieron hechizos! ¿Qué hechizos?
- ¡Muerte gloriosa! decía don Pompeyo al oído de cualquier enemigo del Provisor que venía a compadecerse a última hora de la miseria de Barinaga.
- Don Pompeyo llevaba los pies encharcados, y era sabido que la humedad le hacía mucho daño, le ponía nervioso y con esto se le achicaba el ánimo.
- Don Pompeyo había hecho llevar a Celestina a su cuarto y allí recibía la beata a sus correligionarias y a los sacerdotes que venían a consolarla.
- Pocas veces comía en la fonda don Pompeyo, y como sus relaciones con los poderosos de la tierra eran muy poco íntimas, casi nunca veía una mesa bien puesta.
- Mesía al fin, cansado, y algo arrepentido de haber hablado tanto, puso término a sus confesiones, y volviéndose a don Pompeyo le invitó a usar de la palabra.
- Él no quería mal a nadie, pero lo cierto era que, una vez tan adelantada la elegía, don Pompeyo le iba a hacer un flaco servicio si no se moría cuanto antes.
- Y aunque venía de paz y don Pompeyo se había propuesto ser muy prudente, en cuanto doña Petronila abrió el pico, el ateo extendió una mano y dijo interrumpiendo.
- Con la dimisión de don Pompeyo y la feliz idea de crear la junta agregada de damas protectrices ganó algo la sociedad benéfica, y ya no se la hizo guerra sin cuartel.
- Era necesario para obtener el perdón de Dios que don Pompeyo, antes de sanar, porque sin duda sanaría y eso pensaba él también diese un ejemplo edificante de piedad.
- Esto de que bien lo sabía Dios era una frase hecha, como él decía, que se le escapaba sin querer, porque, en verdad sea dicho, don Pompeyo Guimarán no creía en Dios.
- Al entrar, por la mañana, a eso de las ocho, don Pompeyo Guimarán, que venía soplándose los dedos, la beata le detuvo en la tienda abandonada, fría, llena de ratones.
- Don Pompeyo, aunque se sentía seducido por aquella teoría que dejaba un subido y delicioso olor a herética y atea, no se decidía a creerse descendiente de cien orangutanes.
- Don Pompeyo había pasado la noche al lado del moribundo, solo, completamente solo, porque no había de contarse un perro faldero que se moría de viejo sin salir jamás de casa.
- ¡Había triunfado al cabo don Pompeyo Guimarán! Don Álvaro quería que el ateo volviese al Casino, hacía falta aquel refuerzo a los que se empeñaban en deshonrar al Magistral.
- Los avanzados presentaban objeciones, defendían la solidaridad del dogma y el sacerdote, y entonces el mismo don Pompeyo tenía que ponerse de parte de los reaccionarios, hasta cierto punto y decir.
- Con esta cuestión de la inmortalidad, era con la que abría don Pompeyo brecha en el alcázar de la fe de los socios, pero siempre concluían por cerrar aquella brecha con las salvedades de rúbrica.
- Mientras hablaba con don Pompeyo de la religión, de sus dulzuras, de la necesidad de una Iglesia que se funde en revelaciones positivas, el Magistral preparaba todo un plan para sacar provecho de su victoria.