Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "poniéndole" aquí tienes una selección de 18 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra poniéndole para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Le dijo su tía, poniéndole las manos en la cara.
- ¡Pobre hombre! murmuró ella poniéndole la mano sobre la suya.
- Vamos, no llore usted le dijo con bondad, poniéndole la mano en el hombro.
- Sí, todo humo dijo Fortunata, poniéndole cariñosamente la mano en el hombro.
- Preguntó a Fortunata, volviéndose de un costado y poniéndole la mano en el hombro.
- El Delfín se acercó y poniéndole un pie sobre el pecho, cuidando de no apretar, dijo.
- Martín dijo la dama, levantándose de su silla y poniéndole las manos pequeñas en sus hombros.
- El infeliz deudor hacía de tripas corazón, y poniéndole cara risueña, convidábale a tomar algo.
- Gritó el Sansón del corro acercándose a su afectísimo amigo y poniéndole un codo delante de las narices.
- Detuviéronse un instante en la habitación, y Don Manuel, poniéndole una cara muy seria, hizo a su primo esta pregunta.
- Tú eres una inocente le dijo poniéndole la mano en el hombro, tú no conoces el mundo, ni sabes lo que es una pasión verdadera.
- Mujeres chillonas taladraban el oído con pregones enfáticos, acosando al público y poniéndole en la alternativa de comprar o morir.
- Mirando cara a cara a su amigo, Ido tosió dos o tres veces, y con una vocecilla que sonaba metálicamente, le dijo, poniéndole la mano en el hombro.
- Sacó el brazo de la cama, lo alargó como para bendecirla, y poniéndole la mano sobre la cabeza, que ella inclinó con los claros ojos empañados, le dijo.
- A este sentimiento consagré mi edad viril y a él consagro esta faena de mis últimos años, poniéndole por genio tutelar o ángel custodio de mi existencia escrita, ya que lo fue de mi existencia real.
- Entonces Guillermina, poniéndole una cruz entre las manos, le preguntaba si creía en Dios, si se encomendaba a Dios y a la Santísima Virgen, y a tales y cuales santos del Cielo, y contestaba ella que sí moviendo la cabeza.
- Yo le supliqué que lo dejase, poniéndole por delante que si los niños olían poeta no quedaría troncho que no se viniese por sus pies tras nosotros, por estar declarados por locos en una premática que había salido contra ellos, de uno que lo fue y se recogió a buen vivir.
- Mas no quiso mi desdicha, despertando a este lacerado de mi amo y poniéndole más diligencia de la que él de suyo se tenía (pues los míseros por la mayor parte nunca de aquella carecen), agora, cerrando los agujeros del arca, cierrase la puerta a mi consuelo y la abriese a mis trabajos.