Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "portugués" aquí tienes una selección de 19 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra portugués para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Yo contestó Silva el portugués.
- ¡Ea, muchachos! gritó el portugués.
- Fui el uno yo, el otro un portugués, y un catalán.
- En cambio, el negro Demóstenes era del partido portugués.
- El portugués decía que era un piojoso, pícaro, desarropado.
- El portugués Silva volvió a intimarnos para que nos rindiéramos.
- Si os entregáis ahora, no os haremos nada volvió a decir el portugués.
- Silva el portugués era el encargado de llevar a cabo estas negociaciones.
- Contaban al catalán y al portugués lo de aquellos que me venían a buscar.
- El portugués se llamaba o siñor Vasco de Meneses, caballero de la cartilla, digo de Christus.
- Unas horas después, en la cubierta, encontramos a un portugués vestido sólo con un pantalón y una camisa.
- El negocio de los chinos lo hacían únicamente el capitán Zaldumbide, el médico y el portugués Silva Coelho.
- Pero entonces el malayo se acercaba al portugués, hasta estrecharse con él, y le mordía en la muñeca, y el otro tenía que soltar la cabellera.
- Quería decir que le era indiferente esta cuestión, toda vez que tan español consideraba a un portugués como a un castellano como a un extremeño.
- Cuando supo que el portugués tenía la misma pretensión, le entró una cólera terrible, y juró que le había de calentar las orejas al intérprete.
- Como Tommy no hacía nada, todos los trabajos del barco iban a dos pobres muchachos, el uno portugués y el otro bretón, a quienes aquellos bárbaros de marineros trataban a golpes.
- El portugués no lo pudo sufrir, y tratóle algo mal de palabra, diciendo que él era un caballero fidalgo de casa du Rey, y que yo era un home muito fidalgo, y que era bellaquería tenerme atado.
- Traía aquella noche la chaqueta faldonada, el calzón corto con botas, el sombrero portugués y riquísima capa de grana con forros de seda, que era la prenda más elegante entre los señoritos de la época.
- En esto estábamos, él dándome y yo casi determinado de darle a él dineros, que es la sangre con que se labran semejantes diamantes, cuando incitados y forzados de los ruegos de mi querida, que me había visto caer y apalear, desengañada de que no era encanto sino desdicha, entraron el portugués y el catalán, y en viendo el escribano que me hablaban, desenvainando la pluma, los quiso espetar por cómplices en el proceso.