Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra precio

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra precio en el contexto de una oración.

Término precio: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "precio" aquí tienes una selección de 35 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra precio para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • ¡Pero á qué precio!
  • Deja que suba el precio.
  • Ni robao se lo podría dar á tal precio.
  • ¡Buenos están los tiempos! ¿Y qué precio?
  • La dificultad de adquirir la tierra encarece su precio.
  • Discutían con gravedad el precio y la clase de las telas.
  • Y usted ha vendido cientos de aras al precio que ha querido.
  • Aumentó, por fin, el precio del arrendamiento de las tierras.
  • Más arriba los pisos estaban divididos en viviendas estrechas y de poco precio.
  • Pero entre ellas corren, a veces sin que se las vea, joyas de inestimable precio.
  • En fin, es otra, y la paz que ahora disfruto no quiero perderla a ningún precio.
  • Su padre, pocos meses antes de morir, había vendido a vil precio a sus hermanas el palacio de Vetusta.
  • Mucho agradeció al buen caballero tales obsequios, que tenían mayor precio en la estación que corría.
  • Se acercó á un caballote fuerte y de pelo brillante, que no pensaba comprar, adivinando su alto precio.
  • Para cada cosa tenía su precio, aunque, como había otras tiendas, porque acudiesen a la mía, hacía barato.
  • Aún había alguna torrecilla de marfil, y buena porción de mantones ricos de alto precio en cajas primorosas.
  • El grano era grueso y abundante, y según las noticias que circulaban por la vega, iba á alcanzar buen precio.
  • Al precio que tienen aquí las libras, vale más expedir oro, y por mi parte, me he de llevar todo el que pueda.
  • Pues bien, a ese precio ¿consienten ustedes en asistirle, cuidarle, darle el alimento y las medicinas que necesita?
  • Después que entran, se les enseña más, se les hace ver esta y la otra cosa de precio, se les engatusa, y al fin caen.
  • Madrid se inundaba de género a precio más bajo que el de las facturas de Don Bonifacio Arnaiz, y era preciso realizar de cualquier modo.
  • Paula arrancó de una vez al pobre párroco de Matalerejo, el más casto del Arciprestazgo, el resto del precio que ella había puesto al silencio.
  • La energía de Paula se ejercitaba en calmar aquel oleaje de pasiones brutales, y con más ahínco en obligar al que rompía algo a pagarlo y a buen precio.
  • Parecía un muchacho con su trajecito claro, corbata roja y el enorme cigarro, al que conservaba la sortija de papel, para que todo el mundo se enterase de su precio.
  • ¡Vaya un modo de tragar, hijos míos! En una fonda estarían ya siendo objeto de críticas, y el dueño pondría mala cara al ver cómo ganaban el precio del cubierto.
  • Del bolsillo de su mismo amo, robándole en la venta del fruto, dándolo a un precio y abonándoselo a otro, engañándole en la administración y en los arriendos, pegándosela, como usted me enseña, por activa y por pasiva.
  • Un labrador habitante en otro distrito de la huerta, hombre que las echaba de guapo y nunca tenía bastante tierra, sintióse tentado por el bajo precio del arrendamiento y apechugó con unos campos que á todos inspiraban miedo.
  • Maximiliano contemplaba como un bobo aquellos ojos, aquel entrecejo incomparable y aquella nariz perfecta, y habría dado algo de mucho precio porque ella se hubiese dignado mirarle de otra manera que como se mira a los bichos raros.
  • El señor de Palomares vestía un gabán de verano muy largo, de color de pasa, y llevaba en la mano derecha un jipijapa impropio de la estación, pero de cuatro o cinco onzas su precio en la Habana y por esto pensaba que podía usarlo todo el otoño.
  • ¡Y estas cosas se decían en el rincón de un café, al lado de un parroquiano que leía La Correspondencia y de otro que hablaba del precio de la carne! En una de las mesas próximas había un grupo de individuos que tenían facha de matuteros o cosa tal.
  • Y cuando le mandaban rezar y le daban blancas, como él carecía de vista, no había el que se la daba amagado con ella, cuando yo la tenía lanzada en la boca y la media aparejada, que por presto que él echaba la mano, ya iba de mi cambio aniquilada en la mitad del justo precio.
  • El precio del traspaso ya lo iría pagando Antonio poco a poco, y ellos levantarían el vuelo inmediatamente para ir a formar un nido en una gran casa cerca del Mercado, una finca soberbia, con ancho portal, gran patio, cuadras profundas, y en el piso superior magníficas habitaciones.
  • Crespo, como si no hubiera en el mundo penas, ni amigos que se ahogaban en ellas, alegre, con aquel insultante regocijo que le inspiraba a él la helada en las mañanas más frías del año, frotaba las manos y hablaba del precio de las reses, y de las ventajas de la parcería, locuaz, como nunca se le veía en Vetusta.
  • Cuando era preciso se calaba el chacó, martirizaba el pecho con el asfixiante correaje, y servía a la nación y a la libertad, yendo a pasar la noche en el Principal, donde comía melones en verano, se calentaba al brasero en invierno, en la santa y pacífica compañía de algunos otros comerciantes del Mercado, que, olvidándose de la marcialidad de su uniforme, pasaban las horas de la guardia hablando de las fábricas de Alcoy o del precio del azúcar y de la seda.
  • Y mientras ellas, que ya comenzaban á llamar la atención de los mozos de la huerta, asistían con pañuelos de seda nuevos, vistosos, y planchadas y ruidosas faldas á las fiestas de los pueblecillos, ó despertaban al amanecer para ir descalzas y en camisa á mirar por las rendijas del ventanillo quiénes eran los que cantaban les albaes 2 ó las obsequiaban con rasgueos de guitarra, el pobre tío Barret, empeñado cada vez más en nivelar su presupuesto, sacaba, onza tras onza, todo el puñado de oro amasado ochavo sobre ochavo que le había dejado su padre, acallando así á don Salvador, viejo avaro que nunca tenía bastante, y no contento con exprimirle, hablaba de lo mal que estaban los tiempos, del escandaloso aumento de las contribuciones y de la necesidad de subir el precio del arrendamiento.