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Ejemplos de oraciones con la palabra presidió

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra presidió en el contexto de una oración.

Término presidió: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "presidió" aquí tienes una selección de 34 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra presidió para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Iré a presidio.
  • Irás a presidio si matas.
  • Trascendíamos al presidio.
  • Callaba por miedo al presidio.
  • El presidio, la miseria, la prostitución.
  • Iría a presidio probablemente, si hablara.
  • Pero te cogerían y te llevarían a presidio.
  • Que soy un trasto y que me debían mandar a presidio.
  • ¿Moriría él en presidio, como el pobre tío Barret ?
  • Plácido no había nacido para el presidio de una tienda.
  • A ella se lo debía todo, hasta el no haber ido a presidio.
  • El presidio era poca cosa tratándose de satisfacer un resentimiento.
  • El conserje había adquirido un humor de alcaide de presidio en este trato.
  • Según él, mi tío, si no se había escapado o no había muerto, seguiría en presidio.
  • Hasta se tenían noticias de que el señor Batiste había estado en presidio por cosas feas.
  • Encontrándose en presidio, se comprendía que mi orgullosa abuela prefiriese darle por muerto.
  • Ya sabían en la huerta que el pobre padre había muerto en el presidio de Ceuta hacía dos años.
  • Y en aquel presidio de castidad no le quedaba ni el consuelo de ser tenida por mártir y heroína.
  • Y además su facha de forajido, como si acabara de escaparse de un presidio saliendo por la letrina.
  • Como si el que más y el que menos de ese atajo de tunantes no tuviese hechos méritos para ir a presidio.
  • El Cacho estuvo en el hospital, en donde le cortaron una pierna, y luego fué enviado a un presidio francés.
  • Si hubiera muchos como nosotros, pronto la sociedad sería peor que un presidio, un verdadero infierno suelto.
  • Y el padre allí, creyendo estar sentado en un ribazo, cuando en realidad donde estaba era con un pie en el presidio.
  • El labrador salió de la cárcel hecho una momia, y fué conducido al presidio de Ceuta, para morir allá á los pocos años.
  • XXVI Desde el día en que presidió el entierro de don Santos Barinaga, don Pompeyo no volvió a tener hora buena, de salud completa.
  • Yo no te digo más que una cosa, que si pasa algo entre ese sacristán y tú, te despellejo a ti y a él, y le pego fuego a la casa, aunque me lleven a presidio para toda la vida.
  • ¡Vale más ir a presidio que llevar esta vida! VIII Mientras se raía con la navaja de barba los contados pelos rubios que brotaban en sus carrillos, Julián maduraba un proyecto.
  • Las plantas parásitas, los abrojos, comenzaron á surgir de la tierra maldita que el tío Barret había pateado y herido con su hoz la última noche, como presintiendo que por culpa de ella moriría en presidio.
  • Yo te confieso, para mí nada tan repugnante como esa bestia prolífica, que entre vapores de alcohol va engendrando hijos que hay que llevar al cementerio o que si no, van a engrosar los ejércitos del presidio y de la prostitución.
  • Se extrañaban de que un hombre como él, religioso, honrado y sin otro defecto que robar algo en el peso, permitiera que su criado acompañase á la hija del enemigo de la huerta, de un hombre malo, del cual se afirmaba que había estado en presidio.
  • Cada vez que veía á su marido limpiando los dos cañones del arma, cambiando los cartuchos ó haciendo jugar la palanca para convencerse de que se abría con suavidad, pasaba por su memoria la imagen del presidio y la terrible historia del tío Barret.
  • Para que nadie piense que sus proezas eran cosa de risa, importa advertir que algunas de las cruces que encontraba el viajante por los senderos, algún techo carbonizado, algún hombre sepultado en presidio para toda su vida, podían dar razón de tan encarnizado antagonismo.
  • Al último, y después de grandes recomendaciones para que no dijera nada a mi madre, la Iñure me contó que mi tío Juan se había hecho pirata, que le habían llevado a un presidio de Inglaterra, donde estaba preso con cadenas en los pies y unas letras impresas con un hierro candente en la espalda.
  • Y después venían las horas de inquietud por la ausencia de su marido, unas tardes interminables, de angustia, esperando al hombre que nunca regresaba, saliendo á la puerta de la barraca para explorar el camino, estremeciéndose cada vez que sonaba á lo lejos algún disparo de los cazadores de golondrinas, creyéndolo el principio de una tragedia, el tiro que destrozaba la cabeza del jefe de la familia ó que le abría las puertas del presidio.