Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra préstamo

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra préstamo en el contexto de una oración.

Término préstamo: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "préstamo" aquí tienes una selección de 13 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra préstamo para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Fortunato, temblorosa la voz, solicitaba un préstamo.
  • Pues que le he de hacer el préstamo o se pega un tirito.
  • El Director del Tesoro acepta el préstamo en consolidado que está a 13.
  • Se la pedía en préstamo y se presentaba cubierto con aquel trapo de pana negra al respetable concurso.
  • Se había hecho pañero porque tuvo que quedarse con las existencias de Albert, para indemnizarse de un préstamo que le hiciera en 1843.
  • Su tía no le dejó pasar del exordio, negándose absolutamente a contratar ninguna clase de préstamo ni en las condiciones más usurarias.
  • Si me caso con Fortunata y si la suerte nos trae escaseces, antes pediremos limosna por las calles que pedir a mi tía un préstamo de dos pesetas.
  • Los trajes de lujo, el abrigo de terciopelo, el sombrero y las alhajas se sacarán más adelante, y se renovará el préstamo para que no se pierdan.
  • ¡Ah! Y por esto mismo le recordaba que habría que hacer efectivo el préstamo para la compra del rocín, cantidad que con los réditos ascendía á.
  • Tenía que visitar á los amos, los hijos de don Salvador, y pedirles á préstamo un piquillo para completar la cantidad que iba á costarle la compra de un rocín que sustituyese al Morrut.
  • El honor de la familia no podía quedar a voluntad de cuatro usureros, que, merced a ciertos papelotes firmados por doña Manuela con tanta irreflexión como frescura, exigían quince mil pesetas por un préstamo de once mil.
  • La costumbre obraba estos prodigios, y lo mismo era ver la señora los garbanzos y poner su mano en ellos, que se le llenaba el cerebro de números y veía claro en sus negocios, si le convenía o no tal préstamo, si debía quedarse o no con tal o cual alhaja.
  • Una tarde estaban doña Lupe y Fortunata en la sala cosiendo unas anillas a las magníficas cortinas de seda con que se había quedado la señora por préstamo no satisfecho, cuando Papitos, que se había asomado al balcón para descolgar la ropa puesta a secar, empezó a dar chillidos.