Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra primo

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra primo en el contexto de una oración.

Término primo: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "primo" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra primo para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Le dijo su primo.
  • ¿Ha venido mi primo?
  • Es primo hermano tuyo.
  • No iba ni a ver a su primo.
  • El primo está inconsolable.
  • Pues diga usted que es mi primo.
  • Ese empecatado primo de la señora.
  • El candidato es primo del ministro.
  • Si habrá venido a almorzar mi primo.
  • El primo Manolo va también con ellos.
  • Chiquillas, ¿qué le decís al primo?
  • ¿Conoce, por dicha, a mi señor primo?
  • La verdad es que me ha cogido de primo.
  • De fijo que es el primo Perucho Moscoso.
  • Pero ¿qué quieres que haga, primo mío?
  • ¡al primo le seguía gustando más Rita!
  • A tu primo no le gustan más que las casadas.
  • El Samaniego agente de Bolsa es primo de estos.
  • ¡Valiente primo! le dijo su hermano Alejandro.
  • ¿Sabes que el primo Moreno no sale de la tienda?
  • Las relaciones que llevabas con Ricardo, mi primo.
  • Primo le dijo el otro mirándole con socarronería.
  • Si no te hubieras detenido en la fragua de tu primo.
  • Sus miembros eran invariablemente Visita y un primo suyo.
  • Rita no cesaba de explicar al primo mil particularidades.
  • Señor primo, otra vez rásquese cuando le coman y no después.
  • Su primo Antonio, el molinero, estaba enamorado de la doncella.
  • Papá me aconsejó que, de todos modos, me casase con el primo.
  • Era un primo del Magistral que hacía allí veces de secretario.
  • Pues sí, todos partieron esta tarde y el primo Moreno con ellos.
  • Mi hermana Rita ya era casi novia del primo cuando él me pidió.
  • Vamos en seguida dijo el enfermo, cogiendo a su primo por el brazo.
  • Primo, me extraña mucho que estando a mi lado no me sirvas el agua.
  • El primo Manolo no viene a España más que, por ejemplo, en invierno.
  • Si mi primo hubiera vivido, no sé a dónde habrían llegado las cosas.
  • Así me lo dijo su primo, y viene bien esta opinión con lo que yo creía.
  • Es vuestro hermano, mi señor primo, el mayorazgo de la Lage, Gabrieliño.
  • Pero no le valió la treta, antes su retraimiento incitó al primo a exclamar.
  • Hay un movimiento que llaman los escolásticos primo primis fatal e inevitable.
  • ¿Conque se cuidará usted, hará lo que le manda su primo y lo que le mande yo?
  • Joan de Madrid, mi señor, que esté en el cielo, fue primo hermano de mi padre.
  • Por esto, hablando con su primo en el día de nuestra llegada, le decía la vieja.
  • Pues hablando de la familia, dijo que el primo Moreno viene también mañana con ellos.
  • ¡Qué borregas! ¡Marías Remilgos! A ver cómo abrazáis todas al primo, inmediatamente.
  • El primo va a la casa todos los días, y la acecha cuando sale, para hacerse el encontradizo.
  • Se convino en que el primo se quedaba hospedado allí, y se envió por la maleta a la posada.
  • Carmen y Nucha solían ir delante, y las seguían Rita y Manolita, acompañadas por su primo.
  • Desde entonces el primo gastó con ella bastantes bromas, algunas más pesadas que divertidas.
  • Cuando estuve el mes pasado en Cádiz en el bautizo de la hija de mi primo, me decía Churruca.
  • Según después supe, iba en busca de mi primo Moreno Rubio, que vive en la calle de Bordadores.
  • ¡Papá!, ¡papá! ¡Está aquí el primo Perucho! El piso retembló bajo unos pasos elefantinos.
  • No quiso preguntar quién era, y sólo cuando lo dejó de ver se enteró de que era primo de Lulú.
  • Y el pérfido inglés se dejaba caer hacia aquellas mesas pretextando tener que hablar a su primo Pepe.
  • Aquellas proyectadas bodas entre primo y prima le parecían tan naturales como juntarse la vid al olmo.
  • ¿Pues creerás que al mes de casados, viene el primo a Madrid y empieza a hacerme la corte por lo fino?
  • Pues tu rival es don Saturnino Bermúdez, el descendiente de cien reyes, ya sabes, mi primo, según él.
  • O a casa con su marido, o a la calle con Juan, Pedro y Diego, a ver si sale algún primo con quien ir tirando.
  • La muerte del primo Rafael hizo que don Juan volviera a casa de su hermana y se dignase ocuparse en sus asuntos.
  • Pues este primo Moreno, aunque pariente lejano, y más lejano por ser rico y nosotras pobres, nos visitaba alguna vez.
  • Justamente el primo Rafael iba alcanzando algún renombre y los periódicos hablaban de él elogiándolo como médico.
  • Agotado todo lo que en el salón había que enseñar al primo, le mostraron la casa desde el desván hasta la leñera.
  • Doña Lucía se presentó y con un gesto displicente contestó a las palabras de su primo que había oído desde lejos.
  • Detuviéronse un instante en la habitación, y Don Manuel, poniéndole una cara muy seria, hizo a su primo esta pregunta.
  • Cuando papá me enteró de las intenciones del primo, le dije que no quería sacarle el novio a mi hermana, y entonces papá.
  • ésta no la consentía, aunque el primo le pidiese perdón de rodillas y estuviese todo un año cantando romanzas sentimentales.
  • A todas horas reían fraternalmente con el primo y una ráfaga de alegría juvenil trocaba la vetusta casa en alborotada pajarera.
  • Cacochipi fué a dar en un punto que preocupaba a la familia, pues la muchacha tenía amores, a disgusto de los padres, con un primo.
  • Como había visto tan ensimismada a la señora, se había llegado al molino de su primo Antonio que estaba allí cerca, a un tiro de fusil.
  • ¡Monstruo! Cuando le dio al primo Pepe el dinero para la gran tienda, puso por condición que me había de colocar al frente de las labores.
  • El hijo del Fraile le toleraba, lo que no era poco, atendido su carácter, y en cuanto a Manolita, vivía pendiente de los labios de su primo.
  • A fe de Somoza, que sin don Víctor ataca a mi primo Carraspique en broma, yo empuño la espada, le ataco en serio y las cañas se vuelven lanzas.
  • Y suponiendo que mi primo Valeriano me tapase mis veintitrés bocas (y la mía veinticuatro) por unos cuantos días, ¿cómo me arreglaría después?
  • Pues, hija, estaba yo una tarde en el muelle viendo desembarcar a los pasajeros que venían en el vaporcito de Burdeos, cuando me veo al primo Moreno.
  • Tenía un primo pescadero, otro tendero de capas en la calle de la Cruz, otro prestamista, y los demás, lo mismo que sus hermanos, eran todos horteras.
  • Hay un Muñoz y Aparisi, tripicallero en las inmediaciones del Rastro, que se supone primo segundo del marqués de Casa Muñoz y de su hermana la viuda de Aparisi.
  • Pero al fin era su primo, y trataba con tanto cariño al huérfano Juanito, con tales cosas sabía alegrar al pequeñín, que éste no podía pasar sin el tío Rafael.
  • Y habiendo tenido Manolita la buena ocurrencia de cegar momentáneamente a su primo arrojándole a la cabeza un chal, pudo evadirse también Rita, jefe nato del motín.
  • Hay quien dice que Pepe Moreno Vallejo, el cordelero de la Concepción Jerónima, es primo hermano de Don Manuel Moreno Isla, uno de los Morenos que atan perros con longaniza.
  • Al fin sintió una dureza suave y ya iba a retroceder, pero la niña permaneció tan tranquila, que el primo se dejó aquella pierna arrimada allí como si la hubiese olvidado.
  • Y como en provincia las paredes son de cristal, se murmuró en Santiago desaforadamente, glosando los escándalos ocurridos entre las señoritas de la Lage por causa del primo.
  • Y aunque los dos tenían poco afecto al médico, experimentaron cierta satisfacción al saber que la viuda y el primo se casaban apenas transcurriera el plazo marcado por la ley.
  • De eso ya me he enterado, sin molestarme en ir a la Alameda contestó el primo echando a Rita una miradaza que ella resistió con intrepidez notoria, y pagó sin esquivez alguna.
  • Rita y Manolita obligaban al primo a fijarse en los retratos que las representaban apoyadas en una silla o en una columna, actitud clásica que por aquel tiempo imponían los fotógrafos.
  • Se aseguró que las hermanas no cruzaban ya palabra alguna en la mesa, y lo confirmó ver a Rita en paseo sola con Carmen delante, mientras el primo seguía detrás con don Manuel y Nucha.
  • ¿Crees tú que no gozo yo mirándoos a ti y a don Custodio y al primo del ministro, tan buenos mozos, tan relucientes, tan lechuguinos con vuestro sombrero de teja cortito, abierto, felpudo.
  • Lo cierto es que, apenas el primo se sentó a platicar con don Manuel, cada niña se escurrió bonitamente, ya a arreglar su tocado, ya a prevenir alojamiento al forastero y platos selectos para la mesa.
  • Los dijes del primo, la camisa de color, la corbata, las sortijas ricas y vistosas, las manos que parecían de señorita, todo esto encantaba a Edelmira que era también muy amiga de la limpieza y de la salud.
  • Rita, siempre animada y provocadora, lo era mucho con su primo, y no poco con los demás, pues don Pedro advirtió que a las miradas y requiebros de sus admiradores correspondía con ojeadas vivas y flecheras.
  • Julio se mostraba muy independiente, podía haber buscado la protección de su primo Enrique Aracil, que por entonces acababa de obtener una plaza de médico en el hospital, por oposición, y que podía ayudarle.
  • Son muy respetables en efecto dijo el canónigo pariente del Ministro, a quien la proposición había parecido regalista, y por consiguiente digna de aprobación por parte de un primo del Notario mayor del reino.
  • El padre la empujó bruscamente, y la chica vino a caer contra el primo, toda ruborizada, recibiendo un apretón en regla, amén de un frote de barbas que la obligó a ocultar el rostro en la pechera del marqués.
  • Me acuerdo que estaba yo en el castillo de proa hablando con mi primo Pepe Débora, que me contaba las perradas de su suegra, y desde allí vi las luces del San Hermenegildo, que navegaba a estribor como a tiro de cañón.
  • El primo Rafael, amante rabioso de los placeres y obligado a reprimir sus deseos en la atmósfera de sórdida avaricia en que se había educado, lanzóse sin temor a saciar sus apetitos al verse dueño de la fortuna de su esposa.
  • , porque el uno llevaba un hábito en los pechos, y el otro una cadena de diamantes (que era hábito y encomienda todo junto), dije yo que andaba en busca de buenos caballos para mí y a otro primo mío, que entrábamos en unas fiestas.
  • Poco después salió don Juan, el primo del padre de Hurtado, un señor de cuarenta a cincuenta años, que les saludó a todos muy amablemente y les hizo pasar a otra sala, en donde un viejo, reclinado en ancha butaca, leía un periódico.
  • El dueño de este gran establecimiento, que tanto ha de llamar la atención, es Pepe Samaniego, a quien ha facilitado el dinero para montarlo mi primo Don Manuel Moreno Isla, el hombre más bueno y más generoso del mundo, y con un capital.
  • Además ¡olía tan bien el primo y a cosas tan frescas y al mismo tiempo tan delicadas y elegantes! Allá, en su pueblo Edelmira había pensado mucho en el Marquesito, a quien había visto dos o tres veces siendo ella muy niña y él un adolescente.
  • Paco resistía con dificultad el empuje violento de su prima, que gozando lo que ella y el diablo sabían, se incrustaba en la carne de su primo, más blanda que la suya, empeñada en vencerle y hacerle andar hacia adelante mientras ella andaba hacia atrás.
  • ¡Qué mejor esposo podían desear sus hijas que el primo Ulloa! Entre los numerosos ejemplares del tipo del padre que desea colocar a sus niñas, ninguno más vehemente que don Manuel Pardo, en cuanto a la voluntad, pero ninguno más reservado en el modo y forma.
  • Julián, que por no malograr la sorpresa de la aparición del primo se había quedado oculto detrás de la puerta, salía riendo del escondite, muy embromado por las señoritas, que afirmaban que estaba gordísimo, y se escurría por el corredor, en busca de su madre.