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Ejemplos de oraciones con la palabra profesor

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra profesor en el contexto de una oración.

Término profesor: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "profesor" aquí tienes una selección de 48 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra profesor para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Profesor en partos.
  • Añadía el profesor, mirando la lista.
  • Gritaban, rebuznaban, interrumpían al profesor.
  • El profesor y Andrés discutieron el tratamiento.
  • El profesor era un pobre hombre presuntuoso, ridículo.
  • Mirando al profesor con lástima, Maxi dijo a su esposa.
  • ¿Y si les enseño el inglés tan bien como otro profesor?
  • ¿Qué profesor de música le podría yo poner a mi chico?
  • Eso es muy feo le decía el profesor acariciándole la cabeza.
  • Un profesor de San Carlos fué a Alemania y trajo la tuberculina.
  • El profesor dice que soy demasiado aturdida, y me ha declarado incapaz.
  • Doña Virginia le presentó como un italiano profesor de idiomas de un colegio.
  • Váyase usted decía el profesor, temiendo las consecuencias de estos altercados.
  • Dijo el profesor poniéndose los lentes y acercándose al barandado de la tribuna.
  • Estábamos reunidos el señor vicario, un señor profesor de primera enseñanza y.
  • Aquella aparición teatral del profesor y de los ayudantes provocó grandes murmullos.
  • Tras el café vinieron las incitantes copas, y también les hizo escrúpulos el profesor.
  • Entraba en el aula cargado con aquel fardo, y no perdía sílaba de lo que el profesor decía.
  • Pero, en fin, ya no es tiempo de eso, te recomendaré, vete con esta carta a casa del profesor.
  • Y el profesor y los alumnos se pasmaban de que Rubinius vulgaris se hubiera despabilado como por ensalmo.
  • Esto amansó al profesor y le hizo recobrar su perdida majestad, mientras el apaleado auditorio se tapaba las narices.
  • Era imposible que con aquel texto y aquel profesor llegara nadie a sentir el deseo de penetrar en la ciencia de la vida.
  • Usted decía el profesor señalándole con el dedo, mientras le temblaba la perilla por la cólera, ¿cómo se llama usted?
  • No era una manera de alentar los entusiasmos médicos de los alumnos, pero indudablemente el profesor lo creía así y hacía bien en decirlo.
  • Alguno llegó a presentarse con una corneta, y cuando el profesor se disponía a echar en un vaso de agua un trozo de potasio, dió dos toques de atención.
  • Rieron los estudiantes con gran entusiasmo, el profesor dió por terminada la clase retirándose haciendo un saludo ceremonioso y los chicos aplaudieron a rabiar.
  • Y cuando el profesor llegaba en su deambulación febril a la puerta de la alcoba, creía distinguir sus manos o parte de un brazo que subían hasta cerca del techo.
  • Él hubiese querido encontrar una disciplina fuerte y al mismo tiempo afectuosa, y se encontraba con una clase grotesca en que los alumnos se burlaban del profesor.
  • Soy un marino poco culto, un rudo marino, como dicen en los folletines y melodramas, y de mí no hay que esperar los perfiles literarios de un profesor de retórica.
  • Pero el profesor, un viejecillo seco y malhumorado, les salió al encuentro, y les dijo que de él no se reía nadie, ni nadie le aplaudía como si fuera un histrión.
  • Creció su admiración al observarse en clase contestando con relativa facilidad a las preguntas del profesor y al notar que se le ocurrían apreciaciones muy juiciosas.
  • Yo que he sido profesor de primera enseñanza, yo que he escrito obras de amena literatura tengo que dedicarme a correr publicaciones para llevar un pedazo de pan a mis hijos.
  • Refirió de su profesor en la clínica de Santiago, que al entrar en el cuarto de las parturientas y ver la estampa del santo con sus correspondientes candelicas, solía gritar furioso.
  • Además, revolvía la cómoda de Julián, deshacía la cama brincando encima, y un día llegó al extremo de prender fuego a las botas de su profesor, llenándolas de fósforos encendidos.
  • V Cállese usted, so guillati chillaba Segunda, que por los movimientos amenazadores que hizo, parecía dispuesta a desbaratar con un par de bofetadas la frágil persona del profesor idumeo.
  • Un buen puntal para este escepticismo le proporcionaba las explicaciones del profesor de Terapéutica, que consideraba inútiles cuando no perjudiciales casi todos los preparados de la farmacopea.
  • Claro que es una broma replicó el estudiante una broma por el estilo de las de su profesor, pero que tiende a una verdad, y es que entre la fuerza de la vida y el cosmos, hay un infinito de funciones distintas.
  • El jueves Santo llegó con una noticia que había de hacer época en los anales de Vetusta, anales que por cierto escribía con gran cachaza un profesor del Instituto, autor también de unos comentarios acerca de la jota Aragonesa.
  • Zalamero, juicioso y circunspecto como pocos, era de los que se ponen en la primera fila de bancos, mirando con faz complacida al profesor mientras explica, y haciendo con la cabeza discretas señales de asentimiento a todo lo que dice.
  • Ambas confesaban a menudo y hacían preguntas al capellán sobre dudas muy sutiles de la conciencia, pareciéndose en esto a los estudiantes aplicaditos que acorralan al profesor a la salida de clase para que les aclare un punto difícil.
  • El viejo profesor recordaba las conferencias del Instituto de Francia, de célebres químicos, y creía, sin duda, que explicando la obtención del nitrógeno y del cloro estaba haciendo un descubrimiento, y le gustaba que le aplaudieran.
  • Se acorazaba, se defendía contra la ciencia de todas las maneras imaginables, pateando, gruñendo, escondiendo la cara, escurriéndose, al menor descuido del profesor, para ocultarse en cualquier rincón o volverse al tibio abrigo del establo.
  • No sólo iba a clase puntualísimo y cargado de apuntes, sino que se ponía en la grada primera para mirar al profesor con cara de aprovechamiento, sin quitarle ojo, cual si fuera una novia, y aprobar con cabezadas la explicación, como diciendo.
  • Ido del Sagrario se negaba a tomar copas y su amigo Izquierdo, que bebía aguardiente como si fuera agua, se burlaba de la sobriedad del profesor de instrucción primaria, el cual aseguró haber comido fuerte y no hallarse muy bien del estómago.
  • Y cuando, al despedirse, Ido le dio su nombre, agregando que era profesor de primeras letras en las escuelas católicas, Maximiliano discurrió que no estaba en armonía la humildad del empleo con el saber y la destreza dialéctica que aquel individuo mostraba.
  • El estudiante madrileño, sobre todo el venido de provincias, llegaba a la corte con un espíritu donjuanesco, con la idea de divertirse, jugar, perseguir a las mujeres, pensando, como decía el profesor de Química con su solemnidad habitual, quemarse pronto en un ambiente demasiado oxigenado.
  • El italiano, aseguró el director de El Masón Ilustrado, no era profesor de idiomas ni mucho menos, sino un cómplice en los negocios nefandos de doña Virginia, y si sabía francés e inglés, era porque había andado durante mucho tiempo de carterista, desvalijando a la gente en los hoteles.
  • Estas ideas, que fermentaron en el cerebro de aquella gran diplomática y ministra durante todo el mes de Marzo, determinaron los recaditos que mandó a Fortunata con Ballester, el encargo que hizo a Quevedo de asistirla cuando el caso llegara, no vacilando en decir al feo y hábil profesor de obstetricia que sus honorarios no serían perdidos.