Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "propia" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra propia para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Sí, como mi propia mano.
- Ha sido en defensa propia.
- Vengo por mi propia voluntad.
- Estaba asustada de su propia obra.
- Voluntad propia, no la tuvo jamás.
- Ahora el Chato iba por cuenta propia.
- Vio anoche la propia figura de la Virgen.
- Pero él lo achacó a la propia energía.
- Esta alegría se la ocultó a sí propia.
- Podrá haberlo adivinado por su propia locura.
- La propia hacanea de la mujer del juez de Cebre.
- Los verdugos se irritaban contra la propia torpeza.
- La conducta de su ama le parecía propia de una loca.
- Esto se lo decía ella a sí propia en sus soliloquios.
- A entrambos les surtía de cigarros la propia Barbarita.
- El pobre labrador ocultaba sus penas á su propia familia.
- Acudir a ellas era contaminarse, perder la propia dignidad.
- Y ella, la propia Manolita, visitaba mucho a doña Bárbara.
- Y tan del Cielo indicó la propia Delfina sacudiendo la mano.
- Pero la nobleza se opone por su propia esencia a esas igualdades.
- ¡perdón! exclamó la joven anegándose en su propia generosidad.
- Que el Pituso es de la propia sangre de los señores de Santa Cruz.
- Mi espíritu veía reflejar en todo lo exterior su propia alegría.
- Pero Barbarita corrigió al instante su propia espontaneidad, diciendo.
- Luego la propia miseria les ataca el corazón a muchos y se lo corrompe.
- Su propia voz la entusiasmó, sintió escalofríos, y ya no pudo hablar.
- Además, nos explicó lo que cada uno podía alegar en su propia defensa.
- Cómo él vivía ahora la muerte de su Rosa y se moría en su propia vida.
- Replicó el Pituso con brío, y se echó a reír, alabando su propia gracia.
- Sofocábale cierta atmósfera intelectual, muy propia de ciudad universitaria.
- Retorciendo en su corazón la cuerda con que a sí propia se ahogaba, se decía.
- Batiste, para burlarse de su propia inquietud, exageraba el peligro mentalmente.
- A éstos se lo pedían en vano, porque no pensaban sino en la propia salvación.
- En aquel momento, Maximiliano, exaltado por su propia elocuencia, se dejó decir.
- La Regenta se le presentaba ahora como un tesoro descubierto en su propia heredad.
- Lo he sabido por mi propia razón, y vengo a compadecerte y a hacerte un gran bien.
- ¡Ladrón! ¡asómate! Y su propia voz le causaba extrañeza, como si fuera de otro.
- Este sí que es el Pituso legítimo, el de la propia tía Javiera, ¿verdad, señora?
- Se continuarían las costumbres de la huerta, el respeto á la justicia por mano propia.
- Y ella, cuando se miraba al espejo, no se resistía a la admiración de su propia imagen.
- Farsa, hipocresía, hipocresía inconsciente, como la propia, como la del universo entero.
- Era un ejemplo de lo que puede el convencimiento de la propia fuerza aun entre gente bestial.
- Su pasión propia, la que espontáneamente hacía en él estragos era la ambición de dominar.
- Pero el tal sujeto no salía de sus campos, y no era cosa de ir á amenazarle en su propia casa.
- ¡Qué hombre aquél! No ya el dinero, sino la propia sangre se le podía dar con entera confianza.
- Lo principal era tener aquella sublime idea del honor, tan propia para redondillas y hasta sonetos.
- Vencido al cabo de su propia excitación, el cerebro del Delfín caía en estúpido embrutecimiento.
- Para Ana el cuarto acto no ofrecía punto de comparación con los acontecimientos de su propia vida.
- La señora le prometió ponerle la cama en su propia alcoba si el cura roncaba mucho la primera noche.
- Proseguimos en la conversación (propia de pícaros), y venimos a dar de una cosa en otra, en Flandes.
- Terrible cosa es hablar de esto, querido tocayo, y que esta deshonrada boca pregone mi propia ignominia.
- Pero lo que produjo en su alma inmenso trastorno fue el ver a la propia Jacinta, viva, de carne y hueso.
- Doña Guillermina lo negaba, acusándoles de haberla sonsacado y de haber ido a buscarla a su propia casa.
- ¡Recristo! Un animal tan necesario para él como la propia vida y que le había costado empeñarse con el amo.
- Cuando estaba sereno, juraba que no había cosa peor que perseguir a la servidumbre femenina en la propia casa.
- Conocía bien, por opinión de su padre y por experiencia propia, las excelentes prendas y lealtad del hablador.
- Cierto que no podía ser pródigo con su amigo, porque la propia familia tan numerosa tenía apenas lo necesario.
- En los tiempos a que me refiero, el descrédito era tal que la propia vanidad platónica estaba ya por los suelos.
- Pero había otras, hijas de su propia inventiva filológica, de él sólo conocidas y en todo su valor apreciadas.
- Al principio es un gran peligro el desaliento que produce la comparación entre la propia vida y la de los santos.
- Mas esto significaba sin duda la necesidad que todos sentimos de no aparecer sin voluntad propia en los casos graves.
- Iii Los de Santa Cruz vivían en su casa propia de la calle de Pontejos, dando frente a la plazuela del mismo nombre.
- Fué este empeño una lucha sorda, desesperada, tenaz, contra las necesidades de la vida y contra su propia debilidad.
- Además, nunca faltaban casadas todavía ganosas de cuidar la honra de sus retoños o de divertirse por cuenta propia.
- Orgullo y alegría inundaron el alma de la atrevida mujer al mirar en su propia mano la representación visible de Dios.
- No te apures, mujer, ya vendrá el verdadero Pituso, el legítimo, de los propios cosecheros o de la propia tía Javiera.
- Es preciso que lo sepas volvió a decir Maxi con cierta frialdad implacable, propia del hombre acostumbrado al asesinato.
- Pero ¿cómo asegurarse de su propia conciencia que se le alborotaba, pintándole la falta proyectada como nefando delito?
- Amaba mucho, y se creía un lechuguino, en la esfera propia de su cargo, cuando dejaba el mandil y se vestía de señorito.
- Con ayuda de la razón, estimulaba en su propia voluntad la dirección aquella, y se alegraba de tener casa, nombre y decoro.
- Cuando ponía el pisgo de caucho en la boquita de la pobre criatura, sentía que le palpitaba y se le encendía la propia mama.
- A su propia conveniencia dirige amor su fatiga, luego es clara consecuencia que ni con amor se obliga ni con su correspondencia.
- A Melchor de Relimpio y a Leopoldo Montes, personas todas muy dadas a la política, y que hablaban del país como de cosa propia.
- Ella se hizo a sí propia, y en sus devoluciones eternas, concibiendo y naciendo sin cesar, es siempre hija y madre de sí misma.
- De su propia madre Manuela, la hospiciana de ésta no dichos ni hechos, sino silencios y pasiones, ella era la historia doméstica.
- Con esto la curiosidad de doña Lupe se acaloraba más, y ya no podía tener sosiego hasta no meter su propia nariz en aquel guisado.
- Vinagre, en su afán de mortificar a cuantas generaciones pasaban por su mano, se gozaba en lastimar a la suya, en su propia persona.
- La dignidad natural, que era como su propia envoltura, escudo impalpable que la resguardaba hasta contra las osadías del pensamiento.
- Pero luego, cuando ponía su mano sobre la carne desnuda de ella, era como si en la propia la hubiese puesto, tan tranquilo se quedaba.
- Y después de depositar otro beso, por propia iniciativa, en la frente de Ana, salió de la alcoba con la palmatoria en la diestra mano.
- Tan serias eran, que Rafaelito tenía frita a la mamá según propia expresión, pidiéndola cinco duros al día siguiente de los bailes.
- Ahora, ahora comprenderá esa loquinaria la diferencia que hay entre obrar ella por cuenta propia y tenerme a mí por consejera y directora.
- Diciendo esto, cogía de la papelera un pliego timbrado y se lo ponía delante, apartando con su propia mano la carta que estaba a medio escribir.
- Un hombre, por ejemplo, que podría haber hecho la felicidad de cualquier muchacha honrada, se ve ahora sin amor, sin familia propia, solo, triste.
- El caso es que ni don Víctor, ni Paco, ni Orgaz podían por su propia industria arbitrar modo de subir a la altura de aquel madero y librar a Obdulia.
- Sí, sí, era aquello algo nuevo, algo nuevo para su espíritu, cansado de vivir nada más para la ambición propia y para la codicia ajena, la de su madre.
- No sabía de qué, Ana, desnuda, viendo a trechos su propia carne de raso entre la holanda, saltó al rincón, empuñó los zorros de ribetes de lana negra.
- El teatro mágico, La mujer gorda, Los perros sabios, con órganos a la puerta que hacían sonar una música extravagante, propia de una fiesta de caníbales.
- Don Víctor sintió que el ánimo aflojaba, no por amor a la vida propia, que no creía en gran peligro ante don Álvaro, sino por miedo a los remordimientos.
- Pero Mauricia le dijo algo más, contándole también el caso del Pituso, a quien Jacinta quiso recoger creyéndolo hijo de su marido y de la propia Fortunata.
- Sin embargo, él estaba seguro de que el despertador no adelantaba y de que por su propia mano le había dado cuerda y puéstole en la hora la mañana anterior.
- Cerciorose de que a Maximiliano se le había servido conforme a sus órdenes, y después de cambiar de ropa, dispuso su propia comida, que era de lo más frugal.
- Al avalar el pagaré de su madre, había pensado revelar a su tío esta debilidad, pues incapaz de hacer nada por cuenta propia, se lo consultaba todo a don Juan.
- Resolviose la cuestión del Pituso conforme a lo dispuesto por don Baldomero, y la propia Guillermina se lo llenó una mañanita a su asilo, donde quedó instalado.
- Pero si la propia religiosidad había volado, o se había escondido en pliegues recónditos del alma, donde él no la encontraba, don Víctor respetaba la piedad ajena.
- Un ratito después, abriose la puerta de la estancia mortuoria, y Fortunata tuvo un estremecimiento nervioso, creyendo al pronto que era la propia Mauricia que aparecía.
- Por lo mismo apreció más la propia energía, el temple de su alma, que indudablemente había venido al mundo para empresas más altas que luchar con obscuros vetustenses.
- Teníala casi siempre consigo y derramaba sobre ella mil atenciones y miramientos, sin que nadie, ni aun la propia madre de Jacinta, pudiera sospechar que la criaba para nuera.
- Fortunata iba poco, por propia inspiración y también por consejo de Aurora, pues no convenía que la viesen allí las de Santa Cruz, que frecuentaban mucho el taller y tienda.
- Iriartea y Cisneros recibieron aquella noticia con calma y serenidad, demostrando que no hallaban gran diferencia entre morir en la casa propia o ser prisioneros en la extraña.