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Ejemplos de oraciones con la palabra provincia

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra provincia en el contexto de una oración.

Término provincia: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "provincia" aquí tienes una selección de 77 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra provincia para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • La segunda de la provincia.
  • Pues sí, gobernador de mi provincia.
  • El Magistral es el azote de la provincia.
  • Tal vez venía del riñón de la provincia.
  • Muchos no sabían que era de otra provincia.
  • Zorro como él no lo hay en toda la provincia.
  • Esta es una capital de provincia alegre y sana.
  • ¿Qué te diré de mi gestión en la Casa de la provincia?
  • Va usted a ser gobernador de una provincia de tercera clase.
  • ¡Ah! Pues era el hombre más gracioso de toda esta provincia.
  • Su fama de perfecta ama de cura corrió por toda la provincia.
  • Ellos no tenían en la provincia de Vetusta una quinta de recreo.
  • Sube después por el callejón del Verdugo a la plaza de Provincia.
  • Rubín fue al mes siguiente inspector de policía en no sé qué provincia.
  • Muy a menudo iba a la capital de provincia, a conferenciar con el gobernador.
  • Se acercó a la jaula del tordo más filarmónico de la provincia, sin vanidad.
  • Por aquellas montañas y valles de la provincia, ¿de quién se iba a maldecir?
  • Pues un día que iba por la Plaza de Provincia, vio el burro de un aguador, suelto.
  • Su padre, empleado en una capital de provincia, era de una posición bastante modesta.
  • Observe usted, le respondieron que rara vez hablan de intereses reales de la provincia.
  • Oriundo de la provincia de León, recibía partidas de huevos y otros artículos de recoba.
  • Luego echaron un cigarro, y hablaron algo del estado de la provincia, desflorando el asunto.
  • Aquella despensa devoraba lo más exquisito de la fauna y la flora comestibles de la provincia.
  • Don Basilio me tiene que dar unos datos que necesito sobre la recaudación de la provincia de X.
  • Procuraba disimular el acento desagradable de la provincia y hablaba con afectación insoportable.
  • Era el mayor contribuyente que tenía en la provincia la soberanía subrepticia de don Carlos VII.
  • Pepe Ronzal alias Trabuco, no se sabe por qué era natural de Pernueces, una aldea de la provincia.
  • Los que más se indignaban con él eran dos carlistas cerrados, venidos del interior de la provincia.
  • ¿No comprendes que no me puedo presentar en mi capital de provincia con una mujer que no es mi mujer?
  • ¡Lo que corríamos! Unas veces aquí, otras en la provincia de Alicante, después por cerca de Albacete.
  • En la provincia, cuya capital era Vetusta, abundaban por todas partes montes de los que se pierden entre nubes.
  • Pero ¿y la expedición con el Gobernador de la provincia, para inaugurar el ferrocarril económico de Occidente?
  • Lo que es en su provincia, ya se tentarían la ropa los revolucionarios de oficio que fueran a predicar ciertas ideas.
  • En tiempo de ferias, doña Rufina hacía venir alguna sobrina de las muchas que tenía por los pueblos de la provincia.
  • Si se hubiera tratado de la dirección económica de una provincia, Don Basilio habría sentido tristeza del bien ajeno.
  • V La señorita doña Anunciación Ozores había llegado a los cuarenta y siete años sin salir de la provincia de Vetusta.
  • Un día leyó en un periódico que el médico de un pueblo de la provincia de Burgos necesitaba un sustituto por dos meses.
  • Vestía con el arrogante lujo de ciertos personajes de provincia que quieren revelar en su porte su buena posición social.
  • Porque además del primer anticuario de la provincia, creía ser y esto era verdad el hombre más fino y cortés de España.
  • A todas horas, de día y de noche, en alguna parte de la provincia se estaban preparando las provisiones de la mesa de Vegallana.
  • El pintor era un vetustense del siglo diez y siete, sólo conocido de los especialistas en antigüedades de Vetusta y su provincia.
  • Con Barbacana es preciso concluir, pues corresponde con las juntas carlistas de la provincia para llevar el país a fuego y sangre.
  • En el fondo de la pieza estaba el pesado carro que rodaba hasta los últimos límites de la provincia para traer las compras de vino.
  • En Vetusta y toda su provincia la sabiduría no deslumbraba a casi nadie, y así la mayor parte de las visitas pasaban al salón inmediato.
  • Era la de Rianzares viuda de un antiguo intendente de la Habana, quien la había dejado una fortuna de las más respetables de la provincia.
  • No perdía ninguna de las corridas importantes de la provincia, y llegaba a ir hasta las fiestas de los pueblos de la Mancha baja y de Andalucía.
  • Sentían repugnancia por aquellas chirlatas en donde los estudiantes de provincia perdían curso tras curso, estúpidamente jugando al billar o al dominó.
  • Zalamero, a los veintisiete años, era ya diputado y subsecretario de Gobernación, y se decía que Rivero quería dar a Joaquinito Pez un Gobierno de provincia.
  • El carpintero silbaba, el tordo, el mejor tordo de la provincia, que Quintanar llevaba de habitación en habitación, silbaba también colgada de un alambre su jaula.
  • Era el que servía ordinariamente al Marqués en sus excursiones por la provincia, para llevar y traer electores unas veces y otras para cazar acaso en terreno vedado.
  • ¿Había en Vetusta aquel tesoro de gracias espirituales, aquella conquista reservada para la Iglesia, y él el amo espiritual de la provincia, no lo había sabido antes?
  • Era un gran cubo que parecía una torre atalaya de las que hay a lo largo de la costa en la provincia de Vetusta, recuerdo, según dicen, de la defensa contra los Normandos.
  • Y como en provincia las paredes son de cristal, se murmuró en Santiago desaforadamente, glosando los escándalos ocurridos entre las señoritas de la Lage por causa del primo.
  • La más hermosa de la provincia, como había sido siempre, pero además ahora suya, completamente suya, y de un humor nuevo, alegre, activo, como el que Dios le había otorgado a él.
  • Y hasta el amo del establecimiento fue a dar un apretón de manos a su parroquiano, diciéndole si podía colocar en las oficinas de la provincia a un sobrinito suyo que tenía muy buena letra.
  • ¡Pedirme dinero un hombre que, cuando debe, no hay medio de sacarle un real, y se enfada si una reclama lo suyo! Dice que le van a hacer secretario de un gobierno de provincia y qué sé yo qué.
  • ¡Indudablemente Vegallana sabía ser un gran señor!, pensaba suspirando Visita, que soñaba muerta de envidia con aquella despensa, exposición permanente de lo más apetecible que cría la provincia.
  • Enfrente se erguía un monte de dos mil pies, según el mapa de la provincia, con algunos caseríos en la parte baja, y en la alta, desnudo de vegetación, y sólo cubierto a trechos por encinas y carrascas.
  • A pesar de tanto trabajo, aún me quedaba tiempo para asistir a las veladas literarias del excelente literato y cronista de la provincia don Juan Vila y del inspirado poeta Alejandro Harssem, barón de Mayals.
  • Don Eugenio, como si no entendiese, insistió, repitiendo cuanto acaba de oír en la cartería de Cebre, donde se bordaban con escandalosos comentarios las noticias dadas por Trampeta al gobernador de la provincia.
  • Y buscaron jornaleros entre la gente sufrida y sumisa que, oliendo á lana burda y miseria, baja en busca de trabajo, empujada por el hambre, desde lo último de la provincia, desde las montañas fronterizas á Aragón.
  • Don Víctor, loco de contento, salió del Vivero con su mujer y con Petra y se instaló en el puerto mejor de la provincia, La Costa, villa floreciente más rica que Vetusta, emporio del cabotaje y vestida muy a la moda.
  • Afortunadamente tengo energía tenía muy buenos puños y a testarudo nadie me gana, y disfruto de un pulmón como un manolito (monolito, por supuesto.) Sin más que esto y leer La Correspondencia seré el Hipócrates de la provincia.
  • Máximo Juncal, el médico, recién salido de las aulas compostelanas, soltó varias puntadas sobre política, y también malignas pullas referentes al grave escándalo que a la sazón traía muy preocupados a los revolucionarios de provincia.
  • Ozores dio órdenes para que se vendiese como se pudiera en la provincia de Vetusta la poca hacienda que no había malbaratado antes, y la mitad del producto de tan loca enajenación la dedicó a la compra de aquella quinta de su amigo Iriarte.
  • No se conocía en todo el contorno, ni acaso en toda la provincia, casa infanzona más linajuda ni más vieja, y a cuyo nombre añadiesen los labriegos con acento más respetuoso el calificativo de Pazo, palacio, reservado a las moradas hidalgas.
  • Si alguien lo dudaba, allí estaban para atestiguarlo los principales comerciantes de Valencia, con grandes almacenes, buques de vela y casas suntuosas, que habían pasado la niñez en los míseros lugarejos de la provincia de Teruel guardando reses y comiéndose los codos de hambre.
  • Eran los sencillos aragoneses, golondrinas de invierno que, al caer las primeras nieves que dejan el campo muerto y el hogar sin pan, levantan el vuelo con su cargamento de lana, y desde el fondo de la provincia de Teruel llegan, a Valencia, ofreciendo lo que la familia fabrica durante el año.
  • Aconsejaron los médicos aires del campo y del mar para la niña y el aya escribió a don Carlos que un su amigo, Iriarte, el que le había recomendado a doña Camila, vendía en una provincia del Norte, limítrofe de Vetusta, una casa de campo en un pueblecillo pintoresco, puerto de mar y saludable a todos los vientos.
  • Si la sociedad estuviera constituida de modo que fuese una carrera suficiente para ganarse la vida, la de cómico aficionado, Quintanar lo hubiera sido hasta la muerte y hubiera llegado a trabajar, frase suya, tan bien como cualquiera de esos otros primeros galanes que recorren las capitales de provincia, a guisa de buhoneros.
  • Se prescindía de la librea, de la vajilla de plata, heredada de un Vegallana, alto dignatario en Méjico, de las ceremonias molestas, pero no de los vinos exquisitos, de los aperitivos y entremeses en que era notable aquella mesa, ni, en fin, de comer lo mejor que producía la fauna y la flora de la provincia en agua, tierra y aire.
  • Por toda la provincia tenía esparcidos sus dominios el Marqués, en forma de arrendamientos que allí se llaman caseríos, y a más de la renta, que era baja, por consistir el lujo en esta materia en no subirla jamás, pagaban los colonos el tributo de los mejores frutos naturales de su corral, del río vecino, de la caza de los montes.
  • En unos cuantos años de fatigosa peregrinación por las carreteras de la provincia, comiendo mal, durmiendo al raso y sufriendo el tormento de pasar meses enteros lejos de la familia, á la que adoraba con el afecto reconcentrado de hombre rudo y silencioso, Batiste sólo experimentó pérdidas y vió su situación cada vez más comprometida.
  • Unos se hacen vecinos y se dedican a coristas endémicos para todas las óperas y zarzuelas que haya que cantar, y otros consiguen un beneficio en que ellos pasan a primeros papeles y, ayudados por varios jóvenes aficionados de la población representan alguna obra de empeño, ganan diez o doce duros y se van a otra provincia a tronar otra vez.
  • Pero el cólera morbo, que ya en 1834 atacó a mi madre y la dejó enfermiza para toda su vida, volvió a herir a mi familia en 1860, arrebatándonos a mi hermano Julio, letrado notabilísimo, y atacándome también a mí, que, habiendo quedado sumamente débil, tuve que trasladarme a la provincia de Alicante, donde tenían mis padres unas tierras.
  • Al consignar estas breves frases en honor al celoso funcionario que ha prestado el concurso de su palabra, siempre elocuente, y de su voluntad, siempre inquebrantable, en pro de los intereses de la provincia, la Comisión cree que se hace intérprete de los sentimientos de la Diputación, al dejar estampado en este documento el tributo de respetuosa consideración que le merece el inteligente diputado y vicepresidente que fue de la Comisión.
  • ¡Se gana! Mientras el secretario cabildeaba con la primera autoridad civil de la provincia, Barbacana daba audiencia al Arcipreste de Loiro, que había querido ir en persona a tomar noticias de cómo andaban los negocios por Cebre, y se arrellanaba en el despacho del abogado, sorbiendo, por fusique de plata, polvos de un rapé Macuba, que acaso nadie gastaba ya sino él en toda Galicia, y que le traían de contrabando, con gran misterio y cobrándole un dineral.