Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra pude

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra pude en el contexto de una oración.

Término pude: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "pude" aquí tienes una selección de 87 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra pude para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • No pude.
  • No pude menos.
  • Yo no le pude contestar.
  • Pero no le pude convencer.
  • Pero nunca lo pude aprender.
  • No les pude ver las estampas.
  • No pude por menos de reírme.
  • Al fin, me puse en donde pude.
  • Pero no pude caer en quién era.
  • No pude dormir en toda la noche.
  • Después no pude ocuparme de nada.
  • En mi casa no pude ocultar la aventura.
  • Cuando pude levantarme me fui a Valencia.
  • Y con todo, disimulando lo mejor que pude.
  • Intenté socorrerla y no la pude encontrar.
  • No pude contener algunas lágrimas de entusiasmo.
  • Salí fuera, y pude hacerme cargo de la situación.
  • Pero por más que quise dormir, no pude conseguirlo.
  • Yo conté lo mejor que pude mi viaje con don Ciriaco.
  • Esta tarde había aquí mucha gente y no pude hablarte.
  • Con un trozo de amarra pude defenderme y hacerlas huír.
  • Entonces yo no pude tener la risa, abriendo toda la boca.
  • No pude porfiar, perdido de risa de ver la suma ignorancia.
  • No pude tener la risa, y él, con gran disimulación, dijo.
  • Por más que yo intenté explicarle las maniobras, no pude.
  • Yo le curé como pude, consolándole con palabras de esperanza.
  • Pero no pude asistir porque me lo impidieron mis asuntos profesionales.
  • Pero por más esfuerzos que hice para desesperarme no lo pude conseguir.
  • Por lo que yo pude comprender, sentía por su marido un desprecio inaudito.
  • Al verlo me eché al agua sin que nadie lo notara y pude agarrarme al ancla.
  • Descuido fue, que aquella vez, hija, no pude zafarme como cuando la del coche.
  • Un mes estuve en cama, y al cabo de este tiempo pude levantarme hecho una momia.
  • Sí, lo que yo temía, no fue más que un cuarto de hora que no pude aprovechar.
  • Meses después pude recoger en Cádiz dos cartas suyas en contestación a la mía.
  • Pero ni al mismo Larragoyen, que era una persona sensata, le pude convencer de esto.
  • ¡Qué año tan malo! ¿Creerás que anoche no pude entrar en calor hasta la madrugada?
  • Tras de muchos esfuerzos y afanes, desollándome una mano, pude soltarla de la ligadura.
  • La muchacha dió a beber al viejo un poco de café, y yo pude contemplar al padre y a la hija.
  • Por más que hice no pude asistir al acto, y me es, por tanto desconocido lo que en él pasó.
  • Y sobre aquel hambriento colchón un alfamar del mesmo jaez, del cual el color yo no pude alcanzar.
  • Iba a decir te, pero fue tal la batería y lluvia que cayó sobre mí, que no pude acabar la razón.
  • Yo confieso que no pude dormir en toda la noche con el cuidado de lo que había de hacer con el dote.
  • Jamás pude predicar a mis anchas delante de ellas, y por eso les tenía dicho que no fuesen a oirme.
  • ¡Soy tan feliz! ¡y debo en tanta parte a usted mi felicidad! Quise contener aquel impulso y no pude.
  • No pude por menos de soltar la carcajada, y entonces fue cuando garró el cuchillo y salió tras de mí.
  • Gracias al sereno, que me encontró y me acompañó hasta casa, pude encontrarme al amanecer en mi cuarto.
  • No pude menos de traer a la memoria las escenas de aquellos lejanos días en que ella y yo jugábamos juntos.
  • No pude llegar a comprender bien si en su fondo había un inmenso desprecio o un gran cariño por los hombres.
  • Reparadas mis fuerzas, pude pensar en servir de algo, poniendo mano a las bombas o ayudando a los carpinteros.
  • Pude notar que la Shele sufría y que las comisuras de sus labios temblaban, como por un sufrimiento contenido.
  • Cuando la pieza se disparó, se volvió hacia mí, trémulo de gozo, y con voz que apenas pude entender, me dijo.
  • En España hay veinte o treinta Atenas modernas.) Una vez en Oñate pude presenciar una cosa sumamente interesante.
  • Del corredor de la panera salté al callejón como pude, y tuve que emprender, ya sin fuerzas, nueva lucha con el perro.
  • Éste me dio los primeros zapatos que rompí en mi vida, mas no me duraron ocho días, ni yo pude con su trote durar más.
  • Yo no pude con esto tener la risa, que a borbollones se me salía por los ojos y narices, y dando una gran carcajada, dije.
  • ¡Ah, padre!, más espesas he visto yo las picas sobre mí, y, ¡voto a Cristo!, que hice en el saco de Amberes lo que pude.
  • El interés de aquellas narraciones me mantuvo despierto y tan excitado, que ni aun mucho después pude conciliar el sueño.
  • Aunque tenía muy mala idea de la veracidad del viejo Malespina, jamás pude creer que se permitiera mentir en asuntos tan serios.
  • Yo pude observar la parte del combate más inmediata al Santísima Trinidad, porque del resto de la línea no era posible ver nada.
  • La suscripción fija creció tanto que al año pude tomar la casa de la calle de Alburquerque, que tiene un gran patio y mucho desahogo.
  • Yo, que vi cuán honrada gente era la que hablaba mi tío, confieso que me puse colorado, de suerte que no pude disimular la vergüenza.
  • Lo más que yo pude hacer fue dar en ellos mil besos y, lo más delicado que yo pude, del partido partí un poco al pelo que él estaba.
  • Salí como pude, busqué a Marcial, no le hallé, y habiendo fijado mis ojos en el alcázar, noté que el comandante ya no estaba allí.
  • ¡las hachas! Después la confusión fue tan grande, que no pude distinguir lo que pertenecía a las voces humanas en tal descomunal concierto.
  • Con ella pude llegar a considerarte mujer extraña, madre de hijos que yo no podía tener, y con ella me he revestido de serenidad y conformidad.
  • El premio me costó batalla nueva, y sólo pude recogerlo entre molestias sin cuento, por culpa del maíz deleznable, curioso, importuno, entremetido.
  • A mediodía me vestí, limpié la sotana lo mejor que pude, lavándola como gualdrapa, y aguardé a mi amo que, en llegando, me preguntó cómo estaba.
  • Cuando bajó mi amo, el comandante quedó solo arriba, con tal presencia de ánimo que no pude menos de contemplarle un rato, asombrado de tanto valor.
  • Por lo que oí, pude comprender que a bordo de cada navío había ocurrido una tragedia tan espantosa como la que yo mismo había presenciado, y dije para mí.
  • Cuando le dejamos allí con los demás oficiales heridos, escuché una voz que reconocí, aunque al punto no pude darme cuenta de la persona a quien pertenecía.
  • Conmovido en presencia de mi morada natal, no pude contener el llanto, lo cual, visto por aquella mujer sin entrañas, se le figuró burla o estratagema para robarle sus frituras.
  • Como nunca pude satisfacer mi curiosidad, viendo de cerca aquellas formidables máquinas, yo me las representaba de un modo fantástico y absurdo, suponiéndolas llenas de misterios.
  • Mientras cenaron, endilgó Malespina nuevas mentiras, y pude observar que su hijo las oía con pena, como abochornado de tener por padre el más grande embustero que crió la tierra.
  • Yo tenía un poco más de mundo que cuando estudiante, y pude comprender que la bella Hortensia se desentendía de toda preocupación moral y que no buscaba más que prosperar y gozar.
  • Yo le consolé como pude, diciendo que si la acción no se había ganado, no fue porque yo dejara de matar bastante ingleses con mi cañoncito, y añadí que para otra vez seríamos más afortunados.
  • Yo eludí como pude el compromiso de pasear por la verga, y le expliqué con la mayor cortesía que hallándome al servicio de Don Alonso Gutiérrez de Cisniega, había venido a bordo en su compañía.
  • Al ver la maniobra de nuestro buque, pude observar que gran parte de la tripulación no tenía toda aquella desenvoltura propia de los marineros, familiarizados como Marcial con la guerra y con la tempestad.
  • Despachélos a todos uno por uno lo mejor que pude, acosté a mi tío, que aunque no tenía zorra tenía raposa, y yo acomodéme sobre mis vestidos y algunas ropas de los que Dios tenga que estaban por allí.
  • Después se encasquetaban el sombrero de pieles, pesada mole, cuyo objeto nunca me pude explicar, y luego iban a sus puestos si tenían que hacer guardia, o a pasearse por el combés si estaban libres de servicio.
  • En cuanto pude disponer de un rato de libertad, después que mi amo quedó instalado en casa de su prima, salí a las calles y corrí por ellas sin dirección fija, embriagado con la atmósfera de mi ciudad querida.
  • La ansiedad era general, y no digo esto juzgando por lo que pasaba en mi espíritu, pues atento a los movimientos del navío en que se decía estaba Nelson, no pude por un buen rato darme cuenta de lo que pasaba a mi alrededor.
  • Yo había perdido mi afición a andar por el combés y alcázar de proa, y así, desde que me encontré a bordo del Santa Ana, me refugié con mi amo en la cámara, donde pude descansar un poco y alimentarme, pues de ambas cosas estaba muy necesitado.
  • Como yo servía la mesa, pude oír la conversación, y entonces conocí mejor el carácter del viejo Malespina, quien si primero pasó a mis ojos como un embustero lleno de vanidad, después me pareció el más gracioso charlatán que he oído en mi vida.
  • En Cádiz pude conocer en su conjunto la acción de guerra que yo, a pesar de haber asistido a ella, no conocía sino por casos particulares, pues lo largo de la línea, lo complicado de los movimientos y la diversa suerte de los navíos, no permitían otra cosa.
  • Dejo el camino que llevaba y hendí por medio de la gente, y vuelvo por la calle abajo a todo el más correr que pude para mi casa, y entrando en ella cierro a grande priesa, invocando el auxilio y favor de mi amo, abrazándome dél, que me venga a ayudar y a defender la entrada.
  • Declaréle cómo había muerto tan honradamente como el más estirado, cómo le trincharon y le hicieron moneda, cómo me había escrito mi señor tío, el verdugo, de esto y de la prisioncilla de mama, que a él, como a quien sabía quién yo soy, me pude descubrir sin vergüenza.
  • Por las conversaciones de los demás compañeros, pude enterarme de que en el pontón funcionaba una logia masónica llamada Fe y Libertad, que tenía agentes para relacionarse con los presos de los demás pontones, y no sólo con los presos, sino también con algunos oficiales de la guarnición.