Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra punta

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra punta en el contexto de una oración.

Término punta: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "punta" aquí tienes una selección de 96 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra punta para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Las botas terminaban en punta.
  • La punta se extiende hacia las rampas.
  • La barba, blanca, recortada y en punta.
  • Sintió que le tocaban con la punta de un palo.
  • Caracas tenía su tienda en la punta del muelle.
  • El rapaz sale de punta murmuró el abad de Ulloa.
  • Allen vio de pronto el bote en una punta próxima.
  • A mí me ha caído una gota en la punta de la nariz.
  • Jacinta tuvo ya en la punta de la lengua el lo sé todo.
  • Sarrió lleva, a veces, un sombrero hongo un poco en punta.
  • Pasamos los tres por el arenal y salimos a la punta del Faro.
  • He aquí un problema que le puso los pelos de punta al asesino.
  • ¿Quieres tú que yo me ponga de punta con el obispillo de levita?
  • En la punta del Izarra debió de haber en otro tiempo una batería.
  • Un niño flaco, pálido, casi desnudo, tomó la punta del pañuelo.
  • Si creerás tú que te voy a revelar algo que pone los pelos de punta.
  • Recalde, Zelayeta y yo llegamos a la punta del muelle en este momento.
  • Bajamos del Izarra y salimos por entre las peñas a la punta del Faro.
  • Nariz aguileña, barba negra en punta, sombrero de ala ancha y melenas.
  • Pensábamos dar la vuelta al monte Izarra y atracar en la punta del Faro.
  • Si no se nos va a abrir el Cachalote antes de llegar a la punta del Faro.
  • Doña Paula se puso en pie y arrojó la punta del pitillo apurada y sucia.
  • Sentía una ansiedad que le ahogaba, un furor que le ponía los pelos de punta.
  • Soltaba una risa que a mí me ponía los pelos de punta, y decía muy callandito.
  • ¡Yo! exclamó el exaltado chico sintiendo que los cabellos se le ponían de punta.
  • Ya cerca de la punta del Faro abandonábamos el camino para meternos entre las rocas.
  • Petra sonrió de un modo que ella creyó discreto y retorció una punta del delantal.
  • Entró un día en la punta de los pies, y sin ser sentido fue arrimándose a la cuna.
  • Pues déjame a mí, que como yo coja el cabo del hilo, hemos de llegar a la otra punta.
  • Enternecíme, y entré algo desconocido de como salí, con punta de barba, bien vestido.
  • A nuestra derecha quedó bien pronto Rota, Punta Candor, Punta de Meca, Regla y Chipiona.
  • Luego la vimos mover los labios, y sacar la punta de la lengua como si quisiera relamerse.
  • Desde allí dominábamos toda la ciudad, el puerto hasta la punta de la atalaya, y el mar.
  • Subiéndose las gafas que se le habían deslizado hasta la punta de la nariz, prosiguió así.
  • En medio de la infernal risa, brotaba esta frase que a Fortunata le ponía los pelos de punta.
  • Fuimos arrancándolas con la punta de la lima, y esto nos sirvió de comida para todo el día.
  • Una bala había llevado a Medio hombre la punta de su pierna de palo, lo cual le hacía decir.
  • Fortunata hizo con sus dos dedos índices un signo muy expresivo, poniéndolos punta con punta.
  • Luego, los dos hombres, la niña, Recalde y yo nos acercamos al fondeadero de la punta del Faro.
  • El viejo campanario, las casas, el puerto, la punta del Rompeolas iban apareciendo ante mi vista.
  • Decía que el gorro de dormir era una punta que atraía los atributos de la infidelidad conyugal.
  • En la punta de aquella tenía la verdad, y por instantes dudó si soltarla o meterla para adentro.
  • Pero no era un tonto vulgar, era uno de esos tontos que tocan lo sublime con la punta de los dedos.
  • Es de tafilete rosa, con la punta agudísima y con el tacón altísimo de madera, aforrado en piel.
  • En primer término, una baja techumbre con sus simétricas ringlas de tejas, corre de punta a punta.
  • Vio a Anita, le dijeron que aquella era la hermosura del pueblo y se sintió herido de punta de amor.
  • Jamás he robado ni la punta de un alfiler, ni he dicho más mentiras que alguna que otra para bromear.
  • Que algunas veces, cuando por incidencia habla, mueve la pierna con la punta del pie apoyada en tierra.
  • Don Pascual me dijo que pusiera un pañuelo branco en la punta de un palo y que malchara delante diciendo.
  • Narices que son higos aplastados, o que se prolongan como serpenteante trompa con un cascabel en la punta.
  • Y cayendo y levantándonos, con barro hasta la coronilla, llegamos a tocar tierra firme en una punta arenosa.
  • Cuando ya bajaba el camino, se veía la playa de las Animas, entre la punta del Faro y otro promontorio lejano.
  • Yo quiero ser honrada afirmó la joven con la mayor seriedad del mundo, atormentando más la punta del delantal.
  • La sombra enorme de las Lometas se ensancha, cubre el collado, acaba en recia punta sobre los lejanos almendros.
  • Dimos vuelta a la punta arenosa en que nos encontrábamos, y llegamos a una playa en donde el agua estaba limpia.
  • Mire usted, señora, ¡cosa más rara! a ninguna de esas ramas le queda más hoja que la más alta, la de la punta.
  • Cuando yo me muera, registra mi jergón y encontrarás en esta punta de la izquierda un calcetín con unas monedas de oro.
  • Cuando les hice observar esto, Ugarte y Allen se sacaron la chaqueta y con la punta de la lima quitaron los infamantes números.
  • Había mañana en que se echaba al coleto toda la calle de Toledo de punta a punta, y la Concepción Jerónima, Atocha y Carretas.
  • De improviso, como si se levantara un fuerte viento, la veleta daba la vuelta grande y ponía la punta donde antes tenía la cola.
  • El abad picaba con la uña una tagarnina para liar un pitillo, cuyo papel sostenía adherido por una punta al borde de los labios.
  • Es un viejo menudito, con una barba blanca que termina en una punta corta un poco doblada hacia arriba, envuelto en una capa parda.
  • Lo estuvo él contemplando un rato por un lado y por otro, y acercaba la yema del dedo a la punta como para probar si era bien aguda.
  • Y enfrente del cementerio, hacia la carretera de Logroño, sujetaron entre dos piedras el palo y ataron en su punta el pañuelo blanco.
  • Veíamos a los chicos que se chapuzaban, desnudos, en la punta de Cay luce, y a los pescadores de caña haciendo ejercicio de paciencia.
  • Las garruchas chirriaban, el mar se cortaba debajo de la punta aguda de lespolón, y cuchicheaba y parecía entretenerse en contar algo.
  • ¡Qué gusto poder coger de punta a punta una calle tan larga como la de Santa Engracia! El principal goce del paseo era ir solita, libre.
  • Luego, al avanzar la tarde, nos dirigíamos a casa por la muralla dando la vuelta a una punta que, si no recuerdo mal, se llama de San Felipe.
  • ¡Señor mío! gritaba Ripamilán, mientras disolvía sal en el plato de doña Rufina batiendo el aceite y el vinagre con la punta de un cuchillo.
  • Petra, sin atreverse a sentarse y sin querer dejar el puesto, miró al suelo ruborosa, hizo movimientos felinos, y se puso a retorcer una punta del delantal.
  • A un lado tiene el boquete de Lúzaro, al otro, una playa extendida algunos kilómetros entre la punta del Faro y los cantiles pizarrosos de la parte de Elguea.
  • De rato en rato, Pepita, o Lola, o Carmen, se detienen un momento, se llevan la mano suavemente al pelo, sacan la rosada punta de la lengua y se mojan los labios.
  • Pero los padrinos se habían portado mal, eran torpes, a pesar de las ínfulas del coronel Fulgosio que decía tener el código del honor en la punta de los dedos.
  • El malayo se inclinó sobre el herido como un chacal, y le hundió el cuchillo en el pecho, con tal fuerza, que la punta de acero se clavó en la tabla de la cubierta.
  • ¡Qué cosas tenéis tú y Villalonga! ¡Pararse a hablar a las diez de la noche en la esquina del Ministerio de la Gobernación, que es otra punta del diamante! Te vi.
  • Y tomando el cuchillo por el cuerno, picóle con la punta y asomándole a las narices, trayéndole en procesión por la portada de la cara, meciendo la cabeza dos veces, dijo.
  • Ilustración V Frayburu Y con la suavidad del mar en la playa, contrasta la violencia de las olas en la punta del Faro, hacia el lado del Izarra, en los arrecifes de Frayburu.
  • Y como la señora se negase, después de abofetearla, empezaron a mecharla con la punta de una navaja, mientras unos cuantos proponían que se calentase aceite para freírle los pies.
  • ¡y nadie le veía ni podía delatarle! El angelote se empinó en la punta de los pies para alcanzar mejor el dinero, alargó a la vez ambas palmas, y las sumergió en el mar de cobre.
  • Y como prodigio de juegos malabares, en una punta de caliza se mantenía, cual imantada, una bola grande de bronce dorado, y encima otra más pequeña, y sobre esta una cruz de hierro que acababa en pararrayos.
  • Otro que vende los lápices más fuertes del mundo (como que da con ellos tremendos picotazos en la madera sin que se les rompa la punta), también recoge los bártulos, porque la mula delantera se le va encima.
  • Excitado por estas ideas y propósitos, entró en su casa, y al dirigirse a su cuarto y oír la voz de su tía que desde la sala le llamaba, sintió en el corazón como si se lo tocaran con la punta de un alfiler.
  • Unidos con la escuadra francesa, que tenía cuatro navíos, tres fragatas y un bergantín, salimos de Algeciras para Cádiz a las doce del día, y como el tiempo era flojo, nos anocheció más acá de punta Carnero.
  • Los labios largos y delgados, finos, pálidos, parecían obligados a vivir comprimidos por la barba que tendía a subir, amenazando para la vejez, aún lejana, entablar relaciones con la punta de la nariz claudicante.
  • En esto, un sábado, pocos días después de Reyes, Allen vio en la costa, a gran distancia, con un catalejo de uno de los pontoneros, un botecillo atado a una punta, sin duda dejado por algún cazador de patos salvajes.
  • Recordé que aquel viejo era el mismo que encontramos Recalde y yo cuando, después de nuestra expedición al Stella Maris, anduvimos buscando al que tenía la llave de la lancha que solía estar atada en la punta del Faro.
  • Segura estaba la mamá de que la vigilancia de Plácido era como la de un padre, y bien sabía que se habría dejado matar cien veces antes que consentir que nadie tocase al Delfín (así le solía llamar) en la punta del cabello.
  • El hombre, ayudado por el viejo y por el chico, trazó con una cuerda un círculo en la tierra y en el centro plantó un palo grande, de cuya punta partían varias cuerdas que se ataban en estacas clavadas fuertemente en el suelo.
  • Pero carta va, carta viene entre Londres y Madrid, lo cierto es que se quedaron con el dinero, y me parece que cuando a mí me nazca otra pierna, entonces el Rey de España les verá la punta del pelo a los cinco millones de pesos.
  • Entonces la pequeña saciaba su anhelo, tirando a su sabor del pelo ensortijado, metiendo los dedos de punta por boca, orejas y nariz, todo acompañado del mismo gorjeo, y entreverado con chillidos de alegría cuando, por ejemplo, acertaba con el agujero de la oreja.
  • Al día siguiente de llegar allí, paseaba por los muelles, contemplando la punta del Cuervo y la de los Españoles, la embocadura del río Elhorn, y en el puerto las fragatas, los bricks, los vapores y las largas chalupas de cincuenta remos, tripuladas por los forzados.
  • En la entrada de la Alameda apelotonábase el gentío, y por entre la masa de espaldas arqueadas y codos en punta pasaban las floristas con su cesto de mimbres erizado de ramilletes y las chicuelas desgreñadas, con el cántaro en la cadera y el turbio vaso en la mano, pregonando.
  • Yo que iba haciendo punta a uno, Dios que lo quiso, topo con un licenciado Flechilla, amigo mío, que venía haldeando por la calle abajo, con más barros que la cara de un sanguino y tantos rabos que parecía chirrión con sotana, pulpo graduado o mercader que cargaba para Italia.
  • El dependiente principal, que le conocía bien, un jerezano muy chistoso, decía del señor Cepeda que se pasaba el tiempo cortando papeles para llevarlos al retrete, o haciendo punta a los lápices lo más despacio posible para obtener el gusto de aparecer ante su familia como atareado.
  • El vicio aquel tenía sus depravaciones, porque la señora de Santa Cruz no sólo iba a las tiendas de lujo, sino a los mercados, y recorría de punta a punta los cajones de la plazuela de San Miguel, las pollerías de la calle de la Caza y los puestos de la ternera fina en la costanilla de Santiago.
  • Al otro se destaca, recia, la iglesia de sillares rojizos, con su fornida y cuadrilátera torre achatada, y enfrente, en la ringla de casas de dos pisos, corta la blanca fachada, de punta a punta, todo a lo largo, un balcón de madera negruzca, sostenido por gruesas ménsulas talladas, y encima, en el piso segundo, se destaca, salediza, una vetusta galería.