Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "pusiera" aquí tienes una selección de 30 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra pusiera para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Si ese chico se pusiera bien murmuraba.
- ¡Si Dios quisiera que se pusiera bueno.
- Si hiciera un pozo y pusiera artes, sí que la tendría.
- ¿Y si me pusiera a coser y a hacer trajes para las señoras?
- Pero Frígilis no pudo conseguir que Ana pusiera el pie en la calle.
- El cuerpo se iba pareciendo al de una vaca que se pusiera en dos pies.
- Y echó adelante resuelta a destruir cualquier obstáculo que se pusiera al paso.
- Creo que si me pusiera a mirar la luz, me dormiría más pronto, Vuelta otra vez.
- Que atajarla era imposible, y el que se le pusiera delante, arrollado sería sin remedio.
- En tal caso, si a usted no le molesta, quisiera que en las dos comidas pusiera un plato de legumbres.
- Don Pascual me dijo que pusiera un pañuelo branco en la punta de un palo y que malchara delante diciendo.
- Lo mejor sería que le pusiera un ama, entregándoselo a personas que le habrían de cuidar mejor que ella.
- Me encargaron de buscar un socio capitalista que pusiera los medios necesarios para ir adonde está el tesoro.
- Al ver a su marido, sintió como si lo que está a cien mil leguas de nosotros se nos pusiera al lado de repente.
- Este danzante tuvo la culpa de que yo me pusiera aquella noche como me puse y de que te contara aquellos horrores.
- Todos jurábamos como demonios y pedíamos a Dios que nos pusiera un cañón en cada dedo para contestar al ataque.
- Batirme todos los días, pasar a cuchillo al que se me pusiera por delante, y morir cualquier día de un balazo en la borda de un barco.
- En aquellos días de Febrero del 76, como se pusiera a hablar con su hermana y sobrina de las muchas obras que traía entre manos, no acababa.
- ¿Y cuando se empeñaba en que me pusiera yo esos cuerpos tan ceñidos, tan ceñidos que con ellos parece que enseña una todo lo que Dios le ha dado?
- Hablas como un sabio, hijo mío, hablas como un sabio, y si no fuera indecoroso, pedía al ministro que me pusiera a descuento, a ver si me corregía.
- Pues ayer refirió la joven con los ojos bajos, alzándolos al final de cada frase, como si pusiera con ellos las comas, más que con el acento, pues ayer.
- Para esto se construiría una máquina singular, donde el vapor, comprimido y dilatado alternativamente dentro de dos cilindros, pusiera en movimiento unas ruedas.
- Yo le eché anteayer un largo sermón, recomendándole que se amoldara a las realidades de la vida, que pusiera un freno a aquella imaginacioncilla tan desenvuelta.
- Era que la amazona de la huerta, al sentir el primer pellizco del viejo pirata, había contestado con una bofetada, contenta en el fondo de que alguien pusiera a prueba su virtud.
- Lo que más la irritaba era que el tunante, después de lo que había dicho, tuviera todavía humor de bromas y pusiera aquella cara de pillín, como si se tratara de una cosa de juego.
- Como ciertos cobardes se vuelven valientes desde que disparan el primer tiro, Maximiliano, una vez que rompió el fuego con la hombrada de aquella mañana, sentía su voluntad libre del freno que le pusiera la timidez.
- Quizás veía con agrado en las lontananzas de su imaginación algo nuevo y desconocido que interesara profundamente su alma, y pusiera en ejercicio sus facultades, que se desentumecían después de una larga inactividad.
- El emperador don Carlos, nuestro Señor, mandó que fuese ahorcado Juan Florín, el pirata, y que el capitán Martín Pérez de Irizar pusiera en su escudo, para eterno recuerdo, el galeón, el arpón y la bandera ganados en la batalla.
- Para que el progreso pusiera su mano en la obra de aquel hombre extraordinario, cuyo retrato, debido al pincel de Don Vicente López, hemos contemplado con satisfacción en la sala de sus ilustres descendientes, fue preciso que todo Madrid se transformase.
- Y sintiendo en su interior la ciega bravura del mercader moro que sufre toda clase de ofensas, pero enloquece de furor cuando le tocan su propiedad, Barret entró corriendo en su barraca, agarró la vieja escopeta que tenía siempre cargada detrás de la puerta, y echándosela á la cara plantóse bajo el emparrado, dispuesto á meterle dos balas al primero de aquellos bandidos de la ley que pusiera el pie en sus campos.