Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra quedaba

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra quedaba en el contexto de una oración.

Término quedaba: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "quedaba" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra quedaba para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Ya no quedaba duda.
  • Quedaba otra dificultud.
  • Siempre se quedaba solo.
  • Pero el núcleo quedaba.
  • No quedaba andrajo en pie.
  • Andrés se quedaba asombrado.
  • En el balcón no quedaba nadie.
  • Y quedaba el rabo por desollar.
  • Aquella mujer se quedaba allí.
  • Aguirreche quedaba para las dos.
  • Su belicoso plan quedaba desechado.
  • Al cerrar la noche no quedaba nadie.
  • Pero después le quedaba un dejo amargo.
  • Era lo que le quedaba por oír a Jacinta.
  • Ya no me quedaba ni un rastro de cólera.
  • Tiempo quedaba para hablar de lo ocurrido.
  • Si se quedaba con su mujer, adiós cacería.
  • En verano sobre todo, Andrés quedaba reventado.
  • Ya no nos quedaba ningún caso de vómito negro.
  • ¿Qué era, pues, lo que quedaba a aquella mujer?
  • Pero de todas suertes su ateísmo quedaba en pie.
  • Y atrás quedaba el ruido del wals que comenzaba.
  • Y rara vez quedaba contento de las contestaciones.
  • Si no, me quedaba en el barco, escribiendo a Mary.
  • No quedaba más canónigo probable que el Magistral.
  • El capellán comprendía que no quedaba otro recurso.
  • Es lo que me quedaba que ver decía, Don Manolo aquí.
  • ¿Quién quedaba en aquella casa que pensase como él?
  • á él le convenían los campos, y en ellos se quedaba.
  • Otra vecina se quedaba también, en calidad de ayudante.
  • ¡Fuego graneado! Y no le quedaba hueso sano a ese otro.
  • Ahora hacía diputados desde Vetusta y se quedaba allí.
  • Pero aún le quedaba una duda, ¿Era aquello verdad o no?
  • Aún le quedaba lo mejor de la casa, la hoz de su abuelo.
  • ¡Y quedaba allá atrás, ya lejos, perdida para siempre!
  • Unos cuantos pasos más, y se quedaba dentro para siempre.
  • Muchas veces se quedaba entre las rocas hasta el anochecer.
  • Sólo quedaba un rincón de la antigua cocina con cubierta.
  • No me quedaba que empeñar o que vender más que el rosario.
  • Allá abajo, en la cocina, quedaba Servanda, y a veces Petra.
  • Atravesado el estrecho de la Sonda, nos quedaba poca distancia.
  • A las once de la noche no quedaba nadie en el gabinete de lectura.
  • Replicó ella ofreciendo al Delfín lo que en el cascarón quedaba.
  • El gato era, sin duda, lo único que le quedaba de un pasado mejor.
  • Pero la chica estaba muy acostumbrada a todo, y se quedaba tan fresca.
  • Que no la robasen el tiempo que le quedaba de contemplar á su tesoro.
  • Amigo, esto quedaba para el Magistral, con no poca envidia de Glocester.
  • El uno quedaba entre indios, el otro se decía que se había hecho pirata.
  • Hasta la maldita timidez quedaba reducida a un fenómeno puramente externo.
  • De Pas sentía que lo poco de clérigo que quedaba en su alma desaparecía.
  • Con el error del banquero, quedaba lo mismo que antes de entrar en la Bolsa.
  • Ya no quedaba en su casa un corazón que pudiera colocarse al nivel del suyo.
  • Quedaba por comprar el pavo, los turrones y otras cosas que tenía en memoria.
  • El enemigo era más fuerte, pero a ella le quedaba aquel reducto inexpugnable.
  • Y después cuando ya sólo quedaba un intersticio le miró risueña, juguetona.
  • Sesenta dijo ella seriamente con la reserva mental de que se quedaba algo corta.
  • Una vez entregado el jefe de la escuadra, ¿qué esperanza quedaba a los buques?
  • Ser desgraciado y no volver los ojos a Dios es lo último que me quedaba que ver.
  • En cuanto se quedaba trasvolado, soñaba que oía los tres ladridos de Frígilis.
  • Y como el baile era de etiqueta, la más florida juventud se quedaba a la puerta.
  • Avisé de dónde y cómo quedaba y que hasta que me diesen licencia no los vería.
  • El animal se quedaba escondido, asustado, al ver entrar al médico con sus alumnos.
  • Dijo el clérigo apartando de sí la ensaladera, en la cual no quedaba ni una hebra.
  • Sólo cuando trataba don Víctor de su buena puntería se quedaba un poco preocupado.
  • Allí detrás quedaba el mísero amigo, abandonado, pronto olvidado del mundo entero.
  • ¡Qué jornada! pensaba, ¡qué jornada! No le quedaba ni el consuelo de compadecerse.
  • Allí estaba el lecho, pero no quedaba de la pobre niña ni una prenda, ni un recuerdo.
  • Vetusta quedaba allá, detrás de montes y montes, ¿qué era comparada con el ancho mundo?
  • En Vetusta no le quedaba más que su palacio que habitaban, sin pagar renta, las solteronas.
  • Se quedaba con todo lo que podía, sin tomarse el trabajo de ocultar decorosamente sus robos.
  • Se convino en que el primo se quedaba hospedado allí, y se envió por la maleta a la posada.
  • Una vez que oyó decir de una que se quedaba soltera que quedaba para vestir santos, agregó.
  • Pero al chico le dio el comadrón malas noticias, anunciándole que se quedaba sin provisiones.
  • Uno de los nudos debía de haberse soltado porque le quedaba un trozo de cuerda entre los dedos.
  • No les quedaba otra cosa que los fardos que estaban en el suelo, la ropa usada, las herramientas.
  • Y en aquel presidio de castidad no le quedaba ni el consuelo de ser tenida por mártir y heroína.
  • Doña Paca y el criado, creyendo que su amo se quedaba en aquel espasmo, empezaron a dar chillidos.
  • Esto quedaba prohibido, pero ella sería considerada como sobrina de quien tantos elogios merecía.
  • No lo tuvo por difícil, pues recordaba aproximadamente el punto del bosque donde Primitivo quedaba.
  • Cogió la cantarilla del agua y le puso su boina y la dejó envuelta en el trozo que quedaba de manta.
  • Pero en ese caso nos quedaba el adoptar hijos de cualquier modo, aunque fuese sacándolos del Hospicio.
  • Sus besos hacían cosquillas a la niña, que soltaba repentinas carcajadas y se quedaba luego muy seria.
  • Subieron, no sin que a Jacinta le quedaran ganas de examinar bien toda la pillería que en el patio quedaba.
  • Don Santos quedaba solo en batalla con las quimeras del alcohol, con nieblas en el pensamiento y en los ojos.
  • Ana se empeñó en que Quintanar casi siempre le llamaba así bebiese aquella poca tila que quedaba en la taza.
  • Si quería más podía ponerse a cuatro patas, que a ellos aún les quedaba dinero para taparle, si era preciso.
  • Casi no me quedaba duda de tu muerte, mayormente desde que supe el gran número de bajas ocurridas en tu navío.
  • No tenía voz, no le sonaba la voz, se le quedaba la intención de la palabra en la garganta sin poderla pronunciar.
  • Acabóse la hora del remedio (que así la llamaban ellos) y fuéronse mirando unos a otros lo que quedaba mal parado.
  • Mi madre no se convenció, y me dió a entender que, si la chica se quedaba huérfana, no estaba dispuesta a recogerla.
  • ¡Soy un miserable, soy un miserable! gritaba por dentro Quintanar mientras el tren volaba y Vetusta se quedaba allá lejos.
  • Ni comprendía cómo doña Lupe no se moría de miedo cuando se quedaba sola, de noche, en compañía de semejante espantajo.
  • Y el aparato, después de gemir un instante como si trabajara de mala gana, quedaba inactivo en medio del silencio del campo.
  • No quedaba duda de que el Rayo iba derecho a estrellarse inevitablemente en la costa cercana a la embocadura del Guadalquivir.
  • No le quedaba más que el dominó, que le era antipático por el ruido de las fichas y por aquello de estar sumando sin parar.
  • El local se quedaba medio a oscuras, no volviendo a ser bien alumbrado hasta las doce, hora en que venían a cenar los bolsistas.
  • Cuando Catalina solía ir allí con la criada a coger flores, Martín las seguía muchas veces y se quedaba a la entrada del seto.
  • Si doña Ana recibía visitas, quién entraba cuando no estaba don Víctor o se quedaba después de salir el amo, etc., etcétera.
  • No quedaba más que lo esencial, la representación, el símbolo puro, y esto era lo que Mauricia apretaba furiosamente contra sí.
  • XII NUESTRA GRAN AVENTURA Cuando vi que el Stella Maris quedaba abandonado, se me ocurrió el proyecto de ir hasta él y reconocerlo.