Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra quedarme

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra quedarme en el contexto de una oración.

Término quedarme: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "quedarme" aquí tienes una selección de 18 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra quedarme para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Yo prefiero quedarme libre.
  • Con quedarme a velar, cumplo.
  • Tengo que quedarme de guardia.
  • Me repugnaba quedarme con ellas.
  • No obedecería si usted me mandase quedarme aquí.
  • Hace un mes no quería pensar en quedarme en Lúzaro.
  • Yo no tendría inconveniente en quedarme alguna noche.
  • ¿Usted piensa que iba a quedarme allí ni dos días, caso de averiguarlo antes?
  • Pero bien podría darle por el misticismo y no querer salir, y quedarme yo in albis.
  • Si la de quedarme a bordo, donde perecería sin remedio, o la de salir dejando solo a aquel desgraciado.
  • Si no fuera por Catalina pensó era capaz de quedarme aquí y ver si Rosita Briones está de veras por mí, como parece.
  • Al fin, por no perder también el casamiento, que ya yo me consideraba remediado con el dote, determiné de quedarme y apretarlo sumamente.
  • Un domingo de invierno, por la tarde, al anochecer, no sé por qué me decidí a dejar la diligencia de San Fernando y a quedarme en Cádiz.
  • ¡No, no dirá eso! Dirá, si quiere, que es a mí a quien me conviene que tú te cases para facilitar así el que se me pretenda o para quedarme a mandar aquí sola.
  • Advirtiendo el indiscreto estupor con que yo contemplaba la habilidad del maestro, verdadero arquitecto de las cabezas, Doña Flora se rió mucho, y me dijo que en vez de pensar en ir a la escuadra, debía quedarme con ella para ser su paje.
  • ¡Y en tanto Marcial y mi querido amo trataban de fijar día y hora para trasladarse definitivamente a bordo! ¡Y yo estaba expuesto a quedarme en tierra, sujeto a los antojos de aquella vieja que me empalagaba con su insulso cariño! ¿Creerán ustedes que aquella noche insistió en que debía quedarme para siempre a su servicio?
  • Viéndome, pues, con una fiesta revuelta, un pueblo escandalizado, los padres corridos, mi amigo descalabrado y el caballo muerto, determinéme de no volver más a la escuela ni a casa de mis padres, sino de quedarme a servir a don Diego o, por mejor decir, en su compañía, y esto con gran gusto de los suyos, por el que daba mi amistad al niño.
  • Hubiera sido mucho mejor pensó deteniendo el paso y tardando un minuto de escalón a escalón, decirle aquello de yo soy Fortunata, con calma, reparando bien qué cara ponía ella al oírlo, y luego quedarme tan fresca, esperando a ver por qué registro salía, o echarle tres o cuatro chinitas, diciéndole que yo también soy honrada, claro, y que su marido es un tunante.