Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra quedarse

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra quedarse en el contexto de una oración.

Término quedarse: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "quedarse" aquí tienes una selección de 58 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra quedarse para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • El tío prefería quedarse en la mesa.
  • ¡Quedarse aquí cuidando a esta pobre.
  • La casa, que hay que quedarse en tierra.
  • Pero pronto tuvieron que quedarse en casa.
  • Preguntó Juan a su consorte al quedarse solos.
  • ¡Egoísta, pensó don Víctor al quedarse solo.
  • Pero para matar conejos, prefería quedarse en casa.
  • ¿Y si Manuela se muere y vuelve él a quedarse libre?
  • Al quedarse otra vez solo, Don Evaristo arrugó el ceño.
  • El Barón quería más quedarse, pero tuvo que seguirlas.
  • Oyó lo de quedarse a media miel, lo de faltarle el valor.
  • No hay sitio para tres personas, sólo una podría quedarse.
  • Linda, al saber que estaba herido, le obligó a quedarse allí.
  • A poco de quedarse sola, la joven sintió dentro de sí una cosa extraña.
  • En el bien entendido de que venga Padilla esta noche a quedarse de guardia.
  • Jacinta, al quedarse otra vez sola con su marido, volvió a sus pensamientos.
  • Don Víctor insistió otro poco en quedarse, en perder aquel drama de dramas.
  • Ellos podían elegir quiénes debían quedarse y quiénes seguir hasta América.
  • En vista de que no podían quedarse allí, salió todo el grupo de hombres a la calle.
  • Paco necesitaba que le distrajeran a Quintanar para quedarse como a solas con Edelmira.
  • Diéronle algo de comer, y Fortunata opinó que debía quedarse en la cama hasta la tarde.
  • Si hay más votos para salir, el que quiera puede ir al mar, y el que no quiera puede quedarse.
  • Y Ana se interrumpía al ver al Magistral quedarse lívido, y como rectificando añadía, el mal.
  • Yo me figuro que Zaldumbide debía quedarse con más de la mitad de la ganancia en cada expedición.
  • Muchos de los que habían votado por la salida, al ver el cariz del tiempo, concluyeron por quedarse.
  • Pero sentía un remordimiento vivísimo que por algún tiempo le hacía suspirar y quedarse meditabundo.
  • A Jacinta le acudieron tantas ideas a la mente, que no sabía con cuál quedarse, y estaba perpleja y muda.
  • Un sin fin de ideas se le metió en la cabeza, y estuvo aturdida largo rato, sin saber con cuál de ellas quedarse.
  • Por ser nuevo en el país y haber rehusado siempre quedarse a comer en las fiestas, era blanco de todas las miradas.
  • Cenaron Martín y Bautista y discutieron si sería mejor quedarse allí o seguir adelante, y optaron por esto último.
  • ¿Por qué había de quedarse en la mitad del camino, cuando podía seguir a su principal hasta el paraíso de los millonarios?
  • No era De Pas de los que solían quedarse al tertulín, como llamaban a la sabrosa plática de la sacristía después del coro.
  • Paco y Joaquín no habrán puesto obstáculos, habrán procurado lo mismo para quedarse con Obdulia y Edelmira respectivamente.
  • Ver partir a doña Jacinta era quedarse Adoración sin alma, y Severiana tenía que ponerse seria para hacerla entrar en razón.
  • Sin poder resistir el impulso, Quintanar tomaba el libro, después de quitarse el chaquet de alpaca y quedarse en mangas de camisa.
  • Se había hecho pañero porque tuvo que quedarse con las existencias de Albert, para indemnizarse de un préstamo que le hiciera en 1843.
  • Don Álvaro sabe mucho de estas aventuras, ya habrá él aprovechado la ocasión, ya se habrá dado trazas para quedarse a solas con ella.
  • Belén ponía con tanto calor sus facultades musicales al servicio de Dios, que cantaba coplitas hasta quedarse ronca, y cantaría hasta morir.
  • En esta incertidumbre, y sin saber si iban a quedarse o marcharse, se presentó en la casa una señora de Valencia, prima también de don Pedro.
  • Las partes de por medio suelen quedarse en el pueblo y se les conoce porque les coge el invierno con ropa de verano, muy ajustada por lo general.
  • Pero Juanito tembló, pensando que podía quedarse solo y desesperado dentro de pocos minutos por culpa de su timidez, y al fin se sintió hombre.
  • Horas antes esquivaba quedarse a solas con él de miedo a que le reprendiese por su condescendencia con las señoras protectrices de la Libre Hermandad.
  • Nosotros respondió Paco nos hemos quedado sin cama porque a la señora gobernadora le dio el capricho de tener miedo a los truenos y quedarse a dormir.
  • Y un día fué Gertrudis la que, después que Rosa se levantó de la mesa fingiendo sentirse algo indispuesta, al quedarse a solas con su tío, le dijo.
  • La mujer del secretario del Ayuntamiento, una mujer muy remilgada y redicha, quería convencer a Hurtado de que debía casarse y quedarse definitivamente en Alcolea.
  • ¡Dos, dos, me ha entrado el capricho de que tengamos dos melguizos, una parejita, niño y niña! Y cuando ella volvió a quedarse encinta, a cada paso y tropezón, él.
  • Toda aquella sucia morralla de chulos eran los que vociferaban en los cafés antes de la guerra, los que soltaron baladronadas y bravatas para luego quedarse en sus casas tan tranquilos.
  • Al anochecer, estuvieron ya libres, y, como preferían no quedarse en pueblos grandes, tomaron un camino de herradura que subía al monte Hernio y fueron a dormir a una aldea llamada Regil.
  • No entiendo de esos negocios infernales, estoy acostumbrado a los tratos sencillos del comercio a la antigua, pero no desconozco lo fácil que es quedarse los bolsistas en medio de la calle de la noche a la mañana.
  • La idea de no ver más a nené durante meses o años, de no tenerla en las rodillas montada a caballito, de quedarse allí, frente a frente con Sabel, como en oscuro pozo habitado por una sabandija, le era intolerable.
  • Y, sin embargo, ¡qué deliciosa podría ser una conferencia íntima con Obdulia o con Ana sobre la verde alfombra ! El Magistral tuvo que quedarse con Ripamilán, don Víctor, el gobernador, Benítez y otros señores graves.
  • Volvieron el rostro al cafetín, y como personajes de tragedia, lanzaron una eterna maldición sobre la cabeza de Espantagosos, un ladrón que, al quedarse sin dinero dos hombres honrados, les echaba a la calle sin más miramientos.
  • Y una tarde que el matrimonio había ido a paseo, la gran capitalista, no pudiendo enfrenar por más tiempo su curiosidad, mandó a Papitos a un recado, por quedarse sola, y con determinación admirable hizo un registro en la cómoda y baúl de Fortunata.
  • La costumbre obraba estos prodigios, y lo mismo era ver la señora los garbanzos y poner su mano en ellos, que se le llenaba el cerebro de números y veía claro en sus negocios, si le convenía o no tal préstamo, si debía quedarse o no con tal o cual alhaja.
  • Tanta piedad podía llegar a ser una desgracia para él, porque si Fortunata se entusiasmaba mucho con la religión y se volvía santa de veras, y no quería más cuentas con el mundo, sino quedarse allí encerradita adorando la custodia durante todo el resto de sus días.
  • Pronto volvía la fe, que se afanaba en conservar y hasta fortificar con el terror de quedarse a obscuras y abandonada si la perdía volvía a desmoronar aquella torrecilla del orgulloso racionalismo, retoño impuro que renacía mil veces en aquel espíritu educado lejos de una saludable disciplina religiosa.
  • Y era tal su confianza en la seguridad de aquel refugio, que al perderlo, experimentó por vez primera esa sensación tristísima de las irreparables pérdidas y del vacío de la vida, sensación que en plena juventud equivale al envejecer, en plena familia equivale al quedarse solo, y marca la hora en que lo mejor de la existencia se corre hacia atrás, quedando a la espalda los horizontes que antes estaban por delante.
  • Cómo, desplegando una maestría debida a la urgencia, había montado, espoleado, salido a galope, ejecutando todos estos actos mecánicamente, cual entre sueños, sin aguardar a que se disipase el corto hervor de la sangre, sin querer ver a la niña ni darle un beso, porque comprendía, estaba seguro de que, si lo hiciera, sería capaz de postrarse a los pies del señorito, rogándole humildemente que le permitiese quedarse allí en los Pazos, aunque fuese de pastor de ganado o jornalero.