Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra quede

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra quede en el contexto de una oración.

Término quede: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "quede" aquí tienes una selección de 63 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra quede para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Me quedé.
  • Me quedé solo.
  • Me quedé helada.
  • No me quedé fresco.
  • Me quedé a su lado.
  • Me quedé como ciega.
  • Me quedé como una estatua.
  • Más vale que me quede aquí.
  • Me quedé lo que llaman atónito.
  • Yo me quedé tranquila y le dije.
  • Oh, pues por música que no quede.
  • Yo me quedé a presenciar la lucha.
  • Quede, pues, cada cual en su lugar.
  • Y me quedé a media miel, amigo mío.
  • Chico, me quedé turulato cuando la vi.
  • La lástima es que quede un arma inútil.
  • Cuando yo me volví me quedé sobrecogido.
  • Es preciso que cada cual quede en su lugar.
  • A ti te conviene que el Magistral se quede.
  • Si te miento, que me quede muerto ahora mismo.
  • Hágalo por mí, para que yo me quede tranquila.
  • Anchos, los muelles, y al verlos quedé asombrado.
  • Quede esto para los criados, que también han de comer.
  • Me temo que con esos arrebatos se quede usted sin leche.
  • Yo quedé asombrado, perplejo, sin saber qué contestar.
  • Hablamos largo rato, y yo quedé verdaderamente asombrado.
  • Quedé como muerto, sin saber qué consejo tomar de mi remedio.
  • Perfectamente, y esto último, por supuesto, quede entre los dos.
  • ¡Bendito sea Dios! Pero si usted determina que me quede aquí entretanto.
  • No pasará mucho tiempo en que seas tú el que te vayas y yo el que me quede.
  • Me quedé a esperar por el señor, porque Anselmo es tan bruto que se duerme.
  • Mas yo te prometo, acabado el mes, no quede en ella aunque me la den por mía.
  • Le confieso que me quedé pasmada cuando mi amiguita me dijo ayer quién era usted.
  • Quedé en escribirte desde París, pero no puede ser, porque no he ido aún a París.
  • Yo quedé algo aliviado de ver a mi buena huéspeda en el estado que tenía sus negocios.
  • Yo me quedé solo, dando gracias a Dios porque me hizo hijo de padres tan celosos de mi bien.
  • Desalentado, en un momento de cansancio y de debilidad, me tendí al sol y quedé dormitando.
  • ¡ras!, le trinqué la oreja y me quedé con el pendiente en la mano, partiéndole el pulpejo.
  • Me quedé absorto recorriendo las galerías y demás escondrijos de aquel Escorial de los mares.
  • Cierto que cuando las batallas son muy porfiadas y reñidas puede suceder que el combatiente quede inválido.
  • Aquellos señores me tomaron bajo su protección, librándome de la leva, y desde entonces quedé a su servicio.
  • Y con tanto, al otro día, él se fue a Segovia harto triste, y yo me quedé en la casa disimulando mi desventura.
  • Estuve una temporada en las islas de Loffoden y vine por casualidad a Burdeos a componer las velas, y aquí me quedé.
  • Quedé solo, llevéme el cofín a casa, conté la burla, y no quisieron creer que había sucedido así, aunque lo celebraron mucho.
  • Yo entonces aun no había visto nada, no podía comprender la diferencia que existe entre la ostentación lujosa y el buen gusto, y quedé maravillado.
  • Después me hizo asistir a su tocador, ante cuya operación me quedé espantado, viendo el catafalco de rizos y moños que el peluquero armó en su cabeza.
  • Yo con esto quedé como muerto y dime por novillo de legítimo matrimonio, determinado de coger lo que pudiese en breves días y salirme de en casa de mi padre.
  • En el próximo combate alcanzará usted mucha gloria e ilustrará su nombre con alguna hazaña que quede en la historia para ejemplo de las generaciones futuras.
  • Y para que no quede a nadie ni el menor escrúpulo respecto a mi estado de perfecta cordura, declaro que quiero a mi mujer lo mismo que el día en que la conocí.
  • Iriberri me dijo que la urca en donde navegó mi tío se llamaba El Dragón y que era de una Sociedad franco holandesa, y me dió tales detalles, que quedé convencido.
  • Me quedé absorto al saber la muerte del joven Malespina, y la idea del pesar que aguardaba a mi infeliz e idolatrada amita llenó mi alma, ahogando todo resentimiento.
  • Acerqueme al grupo de donde salía aquella charla retumbante, que dominaba las demás voces, y quedé asombrado, reconociendo al mismo Don José María Malespina en persona.
  • Quedé tan escarmentado de decir Poncio Pilato y con tal miedo, que mandándome el día siguiente decir, como solía, las oraciones a los otros, llegando al Credo (advierta V.
  • En estas y otras cosas pensaba yo, cuando al fin mi cuerpo se rindió a la fatiga, y me quedé dormido al amanecer del 23, habiendo vencido mi naturaleza juvenil a mi curiosidad.
  • Y como no haya esta noche quien se quede a velar, me quedaré yo dijo la viuda, a quien no se le cocía el pan hasta no dar a Guillermina prueba palmaria de humildad y abnegación.
  • Hice proyectos absurdos de provocarle, que, afortunadamente, no llegué a realizar, y a mediados del mes de julio me quedé sorprendido con la entrada en la bahía de Cádiz de la Bella Vizcaína.
  • Cuando alcé la vista y vi las tres filas de cañones asomando sus bocas amenazadoras por las portas, mi entusiasmo se trocó en miedo, púseme pálido, y quedé sin movimiento asido al brazo de mi amo.
  • Felizmente quedé en hueco y sin recibir más que una ligera herida en la cabeza, la cual, aunque me aturdió al principio, no me impidió apartar los trozos de vela y cabos que habían caído sobre mí.
  • Asomábase uno de a ocho tostado, y con aquel resuello del horno tropezóme en las narices, y al instante me quedé del modo que andaba como el perro perdiguero con el aliento de la caza, puestos en él los ojos.
  • Fué tal el golpecillo, que me desatinó y sacó de sentido, y el jarrazo tan grande, que los pedazos dél se me metieron por la cara, rompiéndomela por muchas partes, y me quebró los dientes, sin los cuales hasta hoy día me quedé.
  • Acostáronme, y quedé aquella noche confuso, viendo mi cara de dos pedazos y tan lisiadas las piernas de los palos, que no me podía tener en ellas ni las sentía, robado, y de manera que ni podía seguir a los amigos, ni tratar del casamiento, ni estar en la Corte, ni estar fuera.
  • ¡Bendito seáis vos, Señor quedé yo diciendo, que dais la enfermedad y ponéis el remedio! ¿Quién encontrara a aquel mi señor que no piense, según el contento de sí lleva, haber anoche bien cenado y dormido en buena cama, y aun agora es de mañana, no le cuenten por muy bien almorzado?
  • Y luego, aunque se quede usted sólita en el baile, mucho cuidado con aceptar invitación de tantos pollos amables, porque si el señor sabe que se ha bailado, pone un hocico inaguantable y habla de un tal Otelo, y dispara un soneto en que le pone a una de pérfida, perjura e infiel, que no hay por dónde cogerla.