Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra quieto

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra quieto en el contexto de una oración.

Término quieto: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "quieto" aquí tienes una selección de 23 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra quieto para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Todo está quieto.
  • Que te estés quieto.
  • Estate quieto o te pego.
  • No podía estarse quieto.
  • Bueno, pues me estaré quieto.
  • No podía estar quieto ni callado.
  • Mira, estate quieto y no me sofoques.
  • Si no te estás quieto, no te digo más.
  • Jamás se le había visto quieto tantas horas seguidas.
  • Otros días le veía quieto, amodorrado en brazos del aire.
  • Sepárese usted un poco, porque este no sabe estarse quieto.
  • Pero el motor no dio después más que media vuelta, y otra vez quieto.
  • Donde quiera que daba el sol, el ambiente seco, quieto y abrasado tostaba.
  • Era de notar ver a mi amo tan quieto y religioso y a mí tan travieso, que el uno exageraba al otro o la virtud o el vicio.
  • Ello es que sus patas han cesado de moverse y que Ron se la lleva a un ángulo, donde permanece quieto con ella un gran rato.
  • Él se estaba quieto, inmóvil, con los ojos muy abiertos y fijos, sin osar respirar, tan hermoso, que daban ganas de comérselo.
  • Dudaba, permanecía quieto, como el que desea retrasar el momento de una resolución importante, y al fin se decidió á bajar al mercado.
  • El trastorno general no se hacía esperar, ansiedad, náuseas, ganas de moverse, a las que seguían inmediatamente ganas más vivas todavía de estarse quieto.
  • Mesía estaba quieto, mirando hacia la calleja, inclinado el rostro, atento sólo a buscar las piedras y resquicios que le servían de estribos en aquel descendimiento.
  • Por fin el desgaste nervioso hubo de rendirle, y se quedó quieto en el sofá, con una pierna sobre la mesa, la otra en una silla, la cabeza debajo de un cojín, y los brazos extendidos en cruz.
  • Sabe usted, yo quisiera que todo viviese, que todo comenzara a marchar, no dejar nada parado, empujar todo al movimiento, hombres, mujeres, negocios, máquinas, minas, nada quieto, nada inmóvil.
  • Y el caballero de Cristo estaba con un corazón esforzado y quieto, con semblante sereno, con una boca llena de risa (como si no fuera él sino otro el que padecía), haciendo burla de sus tormentos y pidiendo que se los acrecentasen.
  • A las dos semanas chapurreaba el valenciano de un modo que hacía reír a las labradoras parroquianas de la casa, y sin que la dureza del trabajo disminuyera para él, todos le querían y no sabía a quién atender, pues Melchor por aquí, Melchorico por allí, nunca le dejaban un instante quieto.