Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "quise" aquí tienes una selección de 47 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra quise para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Quise probarlo.
- ) No quise entrar.
- ¡si nunca le quise.
- No quise tranquilizarla.
- La quise con toda mi alma.
- Pero no quise discutir con Mary.
- No quise ver aquella horrible caza.
- Yo quise acompañarle hasta el barco.
- Yo quise hacer la historia de esta cosa.
- Pues que quise que no, aquí me metieron.
- , pero nunca quise rebajarme al espionaje.
- Pero no quise tomar nada de aquellas manos.
- Quise asustarle, imponerle respeto por el terror.
- No quise decir quién había sido mi secuestrador.
- Habíanme dicho las mañas y quise porfiar con él.
- Pero por más que quise dormir, no pude conseguirlo.
- Después quise enterarme de cómo me habían salvado.
- Como sentía gran curiosidad, quise marcharme en seguida.
- El hombre que quise, ¿por qué no era un triste albañil?
- Varias veces quise enseñar matemáticas a Allen, pero no quería.
- A ésta le quise dar un abrazo, y ella me alargó la mano muy fina.
- No quise enseñarlas a mi mujer, y, subiendo al Izarra, las eché al mar.
- Sólo quise a mi marido, y de este ya sabe usted de qué modo estoy enamorada.
- No quise decirle que me parecía una fantasía absurda esta historia del tesoro.
- Tampoco quise dar parte a la autoridad de esta tentativa de asesinato de Machín.
- Aunque no sirvo mucho para estas cosas, quise informarme para no caer de inocente.
- Aunque me avisaron que iban camino de Sevilla a costa de la caridad, no los quise seguir.
- La quise desde el momento en que la vi, y no puedo dejar de quererla, sino dejando de vivir.
- Yo que la vi y no sabía las mañas del caballo ni era buen jinete, quise hacer galantería.
- Quise saber qué había sido de Malespina, y no hubo quien me diera razón del padre ni del hijo.
- No tenía mucha confianza en Samson, porque era hombre muy marrullero, y no quise preguntarle más.
- ¡Soy tan feliz! ¡y debo en tanta parte a usted mi felicidad! Quise contener aquel impulso y no pude.
- Que a mí aquello me llegó al fondo del alma, me hirió profundamente y quise averiguar la raíz del mal.
- Sólo me acuerdo de que vi a la Pura y Limpia, y después quise entrar en la iglesia y coger al Santísimo Sacramento.
- Quise ver después la catedral vieja, a la cual se refería uno de los más tiernos recuerdos de mi niñez, y entré en ella.
- Acuérdome que un día deshonré en mi tierra a un oficial, y quise ponerle las manos, porque cada vez que le topaba me decía.
- Me han engañado pensaba, me han llevado al casorio, como llevan una res al matadero, y cuando quise recordar, ya estaba degollada.
- Aunque andaba muy difícilmente, quise pasar por mi antigua casa, y vi en la puerta a una mujer andrajosa que freía sangre y tripas.
- Desde aquella hora quise mal al mal ciego, y aunque me quería y regalaba y me curaba, bien vi que se había holgado del cruel castigo.
- Al volver a casa, yo quise abrazar a Mary a espaldas de la Cashilda y devolverle el beso que había dado a la cruz, pero ella se me escapó riendo.
- Ya que estuve medio bueno de mi negra trepa y cardenales, considerando que a pocos golpes tales el cruel ciego ahorraría de mí, quise yo ahorrar dél.
- Y para que conste, yo juro ante Dios y los hombres que perdono con todo mi corazón a esa desventurada a quien quise más que a mi vida, y que me hizo tanto daño.
- No quise hacer más objeciones, porque la idea de que corríamos un gran peligro me impedía ocupar la mente con pensamientos contrarios a los propios de tan crítica situación.
- Y ansí, de aquél de mi tierra que me atestaba de mantenimiento nunca más le quise sufrir, ni sufriría ni sufriré a hombre del mundo, del rey abajo, que Manténgaos Dios me diga.
- Entonces, pensando en mi hija, quise enterarme de lo que pasaba en Lúzaro, y escribí a mi madre, y ella me comunicó cómo se me había creído muerto y se habían celebrado mis funerales.
- Recuerdo que me eché a dormir sobre la mesa, y cuando me quise dar cuenta de dónde estaba, me encontré, como por arte de magia, a bordo de un gran buque, que salía en aquel instante de la rada de Brest.
- Y como mi amo le secundase en esta tarea con la mayor gravedad, quise yo también echar mi cuarto a espadas, alentado por el ejemplo, y dando natural desahogo a esa necesidad devoradora de meter ruido que domina el temperamento de los chicos con absoluto imperio.