Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "rafaela" aquí tienes una selección de 24 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra rafaela para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Jacinta y Rafaela subieron.
- Rafaela quiso salir a llamar.
- Rafaela llevaba en brazos el chico.
- Jacinta y Rafaela estaban embelesadas.
- Pero Rafaela estaba más muerta que viva.
- ¡Bendito Dios! exclamó Rafaela rompiendo a reír.
- Pero entró Rafaela a llamarla y tuvo que retirarse.
- Deogracias, Rafaela y Blas han jugado diez reales cada uno.
- Mira le decía Rafaela, tu mamá te va a comprar un pez de dulce.
- Rafaela cuenta que al oír esto, se desconcertó un tanto Platón.
- Rafaela, que era una mujer de poquísimas fuerzas, ya no podía más.
- En cuanto entraron Jacinta y Rafaela vieron a Juanín jugando en el patio.
- La tengo dijo el salvaje mirando al cofre sobre el que se sentaba Rafaela.
- Juntose Rafaela con su ama en la casa de Benigna, y helas aquí por la calle de Toledo abajo.
- A Juanín, por más que Jacinta y Rafaela se desojaban buscándole, no le vieron por ninguna parte.
- Adiós, rico dijo Rafaela pellizcándole los dedos de un pie que asomaban por las claraboyas del calzado.
- Rafaela y Jacinta respiraron, pasmadas del valor de su amiga, a quien veían como una criatura sobrenatural.
- Hazme el favor de pegárselo o decirle a Rafaela que se lo pegue, o en último caso llamar al coronel Iglesias.
- Como no había más que dos sillas, Rafaela tuvo que sentarse en el baúl y el grande hombre no comprendido quedose en pie.
- Rafaela cuenta que en aquel momento se le ocurrió un plan infalible para defenderse del monstruo, si por acaso las atacaba.
- Pero se estuvo durmiendo toda la mañana del 23, por lo que pudo Jacinta dar otro salto, acompañada de Rafaela, a la calle de Mira el Río.
- No tardó en venir Izquierdo, y echose fuera la estantigua aquella gitanesca, a quien Rafaela miraba con verdadero espanto, rezando mentalmente un Padre nuestro porque se marchara pronto.
- Después de empujar hacia la puerta a Jacinta y a Rafaela, volviose al desgraciado, que no acertaba a decir palabra, y echándose a reír con angélica bondad, le habló en estos términos.
- Era una soberbia alhaja, comprada aquella mañana por Rafaela en los bazares de Liquidación por saldo, a real y medio la pieza, y tenía un diamante tan grande y bien tallado, que al mismo Regente le dejaría bizco con el fulgor de sus luces.