Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "rara" aquí tienes una selección de 65 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra rara para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Es una mujer rara.
- Cosa rara, ¿verdad?
- Cosa rara, ¿verdad?
- Rara vez entraba allí Perucho.
- ¡Qué cosa más rara! ¿Que tipo tiene?
- ¡Cosa más rara! expresó Jacinta entrando.
- ¡Cosa más rara! Frígilis no estaba allí.
- ¡Cosa más rara! En todo estaban de acuerdo.
- Y rara vez quedaba contento de las contestaciones.
- él encontraba la estrella de mar o la concha rara.
- ¡Ah!, chulita, dirás que yo tengo la moral muy rara.
- Cosa rara, volvió a advertir parecido con el gran Pituso.
- ¡Porque es muy rara esa persecución! ¡Siempre con ellos.
- Rara vez ve usted un hombrachón robusto y una mujer fresca.
- ¡Cosa más rara! Apenas se cansaba al acometer la escalera.
- Lulú se turbó un poco al ver a Hurtado, cosa rara en ella.
- ¡Cosa más rara! ¿Sería el alcohol la causa de aquel llanto?
- Mire usted, señora, a mí me pasaba con esa mujer una cosa rara.
- Le brillaban a usted los ojos de una manera tan rara, así como dura.
- ¡Cosa rara! Barbacana mismo era el único que no se las contaba felices.
- ¡Cosa rara! Ningún signo de hostilidad se veía en su cara ni en su ademán.
- Aunque estaban a dos pasos de ellos, rara vez se mezclaban las conversaciones.
- Además, participaba del odio de Tellagorri por los ricos, cosa rara en un perro.
- Esta especie de varones, aunque parece rara, abunda más de lo que pudiera creerse.
- Ella le miró a él como a una cosa rara, y él a ella como a sobrenatural aparición.
- Observe usted, le respondieron que rara vez hablan de intereses reales de la provincia.
- ¡Cosa más rara! ¡El mal extremado refundiéndose así y reviviendo en el bien más puro!
- Rara vez, al entrar, encontraba ya allí a Don Evaristo González Feijoo o a Leopoldo Montes.
- Otra vieja rara de la vecindad era la señora Benjamina, a quien daban el mote de Doña Pitusa.
- ¡Cosa rara! Las nubes eternas del Corfín habían vertido todos sus humores en Marzo y en Abril.
- Eso es muy cierto respondió don Eugenio, que rara vez contradecía de frente a sus interlocutores.
- Gozaba en toda la huerta una fama detestable, pues rara era la partida de ella donde no tuviese tierras.
- ¡Qué día tan triste! Julián reflexionaba en la rara coincidencia de los terrores de Nucha y los suyos propios.
- Mire usted, señora, ¡cosa más rara! a ninguna de esas ramas le queda más hoja que la más alta, la de la punta.
- El tal Manolo, hombre de muchos oficios y de ninguno, no trabajaba más que rara vez, y vivía a costa de la suegra.
- Yo les contaré a ustedes una cosa que me pasó a mí cazando, que es más rara todavía que la del señor de Castrelo.
- Por la noche se liaba en ella, metíase en el tranvía y se iba a dar una vuelta hasta las once, rara vez hasta las doce.
- Diez años rara vez corren en balde, y el que mira hacia atrás suele sorprenderse del camino que se anda en una década.
- Puse lo menos cien papeletas, y después sentí en mí una sed muy rara, sed espiritual que no se aplaca en fuentes de agua.
- Rara vez sacaba de su cabeza aquel viejo y maldecido tema de la liberación voluntaria y de la muerte de la bestia carcelera.
- Aquella noche, cosa rara, apenas salió el ayuda de cámara, Moreno se quedó profundamente dormido en el sofá, sin soñar nada.
- ¡Qué idea más rara deben formarse de un marino estas pobres mujeres que no han salido jamás fuera de las tapias de su huerta.
- Ahora se creía infiel de pensamiento, pero ¡cosa más rara! infiel a un hombre a quien no debía fidelidad ni podía debérsela.
- Le conocía, ¡cosa más rara!, en la manera de empujar, en la manera de rasguñar la fechadura en la manera de probar una llave que no servía.
- Habíamos llegado al período álgido del incendio, como decía Aparisi, y pronto, muy pronto, el que tuviera una peseta la enseñaría como cosa rara.
- Pero si la miraban los hombres, era para admirarla, y si cuchicheaban luego, rara vez decían algo fundado en un conocimiento verdadero de la realidad.
- ¡Cosa más rara! Estaba tocando el vestido y a veces hasta sentía una rodilla de la Regenta, de la mujer que deseaba ¿cuándo se vería él en otra?
- Era Primitivo, salvo tal cual momentáneo acceso de brusca y selvática alegría, hombre taciturno, a cuya faz de bronce asomaban rara vez los sentimientos.
- Era un señor entrado en años, con un sombrero de cuadrada copa, de forma tan rara, que debía pertenecer a una moda remota, si es que tal moda había existido.
- Doña Hortensia sentía una extremada debilidad por las preeminencias nobiliarias, y resultó cosa no muy rara entre vascongados, que teníamos un apellido común.
- Cuando iban visitas a la casa la enseñaba como una cosa rara, sonándola y dando a probar el peso, para que todos se pasmaran de lo arregladito y previsor que era el niño.
- Pero poco a poco íbanse reponiendo, y Eulalia, cuyo orgullo rara vez se daba por vencido, sacaba un tornillo dorado sin cabeza, o un pedazo de talco, con el cual decía que iba a hacer un espejo.
- Un alegre cascabeleo dominaba los ruidos de la plaza y las voces enérgicas del postillón en traje de la huerta, que gritaba ¡ arre ! ¡ arre ! manejando con rara maestría una docena de ramales.
- ¡Qué asombro! ¡Era la sota de bastos, la mismísima sota de bastos, muy sucia, muy pringosa! Al pie del muro la esperaba el caballo de espadas, una rara alimaña azul, con la cola rayada de negro.
- Pero viendo a nuestro comandante comprendí que todos los idiomas deben tener un hermoso vocablo para expresar aquella grandeza de alma que me parecía favor rara vez otorgado por Dios al hombre miserable.
- Su antecesor rara vez subía al púlpito, y el verle a él en la cátedra del Espíritu Santo casi todos los días, despertó la curiosidad primero, después el interés y hasta el entusiasmo de los fieles.
- Y rara vez abría la boca Fortunata sin que la otra dejara de advertirle algo, ya referente a la pronunciación, ya a la manera de conducirse, mostrándose siempre autoritaria, aunque con estudiada suavidad.
- Pero allá adentro, en regiones de su espíritu en que él entraba rara vez, veía vagamente algo mejor que el ordinario galanteo, algo más serio que los apetitos carnales satisfechos y la vanidad contenta.
- ¡Buen tiempo tenemos, señores! ¡Mucho dure! Ripamilán, que años atrás iba de tapadillo al teatro alguna rara vez, escondiéndose en las sombras de una platea de proscenio o sea bolsa, vio una noche el drama titulado.
- Tampoco Julián bajaba sino rara vez a las asambleas, y en ellas apenas descosía los labios, mereciendo por esto que el cura de Ulloa se ratificase en su opinión de que los capellanes atildados no sirven para nada de provecho.
- El señorito de Limioso se levantó resuelto a acompañar al de Ulloa en la excursión cinegética, para lo cual tenía prevenido lo necesario, pues rara vez salía del Pazo de Limioso sin echarse la escopeta al hombro y el morral a la cintura.
- ¡Válgame Dios! ¡Pues no daba ahora en el dislate de creer que la señora de Moscoso vivía, a pesar de haber leído su esquela de defunción! Tan rara alucinación era, sin duda, causada por la vuelta a Ulloa, después de un paréntesis de dos lustros.
- Jacinta tenía idea tan alta de los talentos y de las sabias lecturas del Delfín, que rara vez dejaba de doblegarse ante ellas, aunque en su fuero interno guardase algunos juicios independientes que la modestia y la subordinación no le permitían manifestar.
- No estaba en Vetusta, no podía estar en aquel pobre rincón la realidad del sueño, el héroe del poema, que primero se había llamado Germán, después San Agustín, obispo de Hiponax, después Chateaubriand y después con cien nombres, todo grandeza, esplendor, dulzura delicada, rara y escogida.
- ¡Cosa más rara! ¡Y ella había tenido en su mano, días antes, para limpiarle unas gotas de cera, aquel mismo manto que había servido para pagar, digámoslo así, la salvación del chico de Santa Cruz! Y no obstante, todo era muy natural, sólo que a ella se le revolvían los pensamientos y le daba qué pensar, no el hecho en sí, sino la casualidad, eso es, la casualidad, el haber tenido en su mano objetos relacionados, por medio de una curva social, con ella misma, sin que ella misma lo sospechara.