Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra recados

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra recados en el contexto de una oración.

Término recados: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "recados" aquí tienes una selección de 12 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra recados para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • De Cádiz me mandaban recados urgentes.
  • Pero como no llegaba, se repetían los recados.
  • Lulú tenía una muchacha que despachaba y un chico para los recados.
  • Don Hilario, el maestro, mandaba recados a casa avisando que el día tal o cual no había ido.
  • Solía ella enviarle con algún mensaje a casa de su costurera, o se valía de él para recados y compras.
  • Recibía esquelas y recados a toda hora, y le desconsolaba el no tener tres o cuatro cuerpos para servir con ellos al arte.
  • Como que Plácido es todo de la casa, y desde chiquito no hace más que llevar recados de los señores, y servirles en mil menudencias.
  • ¡Sólo está contenta entre los demás labriegos, con la hechicera que le trae y lleva chismes y recados a los mozos! A mí me detesta.
  • Notó también que el Delfín se preocupaba mucho de ciertos recados o esquelitas que a la casa traían para él, mostrándose más bien temeroso de recibirlos que deseoso de ellos.
  • Sentábame el maestro junto a sí, ganaba la palmatoria los más días por venir antes y íbame el postrero por hacer algunos recados a la señora, que así llamábamos la mujer del maestro.
  • Su posición junto a tan noble familia era entre amistad y servidumbre, pues si Barbarita le sentaba a su mesa muchos días, los más del año empleábale en recados y comisiones que él sabía desempeñar con exactitud suma.
  • Cuando llegó a mi noticia que me acusaban de haber ido al Cuartel General de Moriones a llevar recados de mi jefe, me volé, y aquella misma tarde, habiéndome encontrado a la camarilla en el atrio de la iglesia de San Miguel, me lié la manta a la cabeza, y por poco se arma allí un Dos de Mayo.