Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "recalde" aquí tienes una selección de 78 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra recalde para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Gritó Recalde.
- Recalde dirigía.
- Recalde era un déspota.
- Le pregunté yo a Recalde.
- El uno, José Mari Recalde.
- Recalde estaba deseándolo.
- Vamos, baja me dijo Recalde.
- Mira, mira le dije a Recalde.
- Ahora, yo remaré dijo Recalde.
- Preguntó Recalde, sobresaltado.
- Recalde estaba aterrado, demudado.
- Vamos repitió Recalde, tembloroso.
- Pero Recalde afirmó que aclararía.
- Recalde no era de los que retroceden.
- A Recalde no le pareció bien la idea.
- Echadme trozos de cuerda dijo Recalde.
- Salí de casa de Recalde loco de contento.
- Recalde y Zelayeta me esperaban en el muelle.
- José Mari era hijo de Juan Recalde, el Bravo.
- Hasta salir de las rocas rema tú me dijo Recalde.
- Cuando se cansó Recalde de remar, le substituí yo.
- Recalde escuchó las noticias, y después preguntó.
- Sin achicador no podemos hacer nada murmuró Recalde.
- Le dije quién era la mujer de Recalde y cómo vivía.
- Cuando llegué a casa de Recalde, se abría la puerta.
- Recalde tiene talento, ha estado en Alemania y sabe mucho.
- Con la marea alta saldremos más fácilmente dijo Recalde.
- A pesar de las seguridades de Recalde, el cielo no aclaraba.
- Muchas veces dejaba de ir a la escuela con Zelayeta y Recalde.
- Recalde nos mandaba aguantar en sentido contrario para detenernos.
- Recalde cerraba el agujero por un lado, pero se le abría por otro.
- A ver si cuando estemos cerca puedes saltar arriba me dijo Recalde.
- Para Recalde, yo soy todo lo contrario de lo que era para mi abuela.
- Del sabio y heroico Churruca, de Echaide, de Recalde, de Gaztañeta.
- Recalde, Zelayeta y yo llegamos a la punta del muelle en este momento.
- Recalde, en el fondo mucho más supersticioso que yo, no quería mirar.
- Al día siguiente Recalde fué a su casa a las siete, y pidió la cena.
- Recalde se agachó e intentó cerrar la vía de agua, pero no lo consiguió.
- Desde aquel día Joshe Mari Recalde comenzó a mirarme con gran estimación.
- Nosotros, Zelayeta, Recalde y yo, encontramos en una un gran cañón de bronce.
- Recalde me confesó que pasó momentos de miedo terrible en aquella maldita cueva.
- Al exponer mi plan a Zelayeta y a Recalde les produjo a los dos entusiasmo y asombro.
- Recalde estuvo luego navegando tres años, y volvió a su hogar a pasar una temporada.
- Y la Cashilda, mientras decía esto, le miraba a Recalde sonriendo, con sus ojos azules.
- X LAS INDIGNACIONES DE SHACU Recalde, Zelayeta y yo ingresamos en la Escuela de Náutica.
- Fuí a buscar a Mary para traerla a Lúzaro y presentarla en casa de la mujer de Recalde.
- Recalde persistió en sus tentativas, y llegó a impedir que siguiera inundándose el bote.
- Recalde, el terrible Recalde, comprendió que allí no estaba en su barco, y se fué a navegar.
- Usted me suele decir Recalde es uno de los tipos verdaderamente europeos que tenemos en Lúzaro.
- Luego, los dos hombres, la niña, Recalde y yo nos acercamos al fondeadero de la punta del Faro.
- Recalde creía que el verdadero orden en una casa consistía en ponerla a la altura de un barco.
- Fuimos Mary, la mujer de Recalde con su hijo y Genoveva con toda la chiquillería de Urbistondo.
- Recalde, que forcejeaba para abrir la escotilla de popa, llegó a conseguirlo y desapareció por ella.
- Recalde, más ágil que yo, trepó hasta arriba, y yo subí después de él, ayudándome de la cuerda.
- Por la tarde, después de comer, cuando fuí a casa de Recalde a buscar a mi novia, me encontré con Quenoveva.
- Nosotros, los de familia marinera, entre los que nos contábamos Recalde, Zelayeta y yo, nos acercábamos al mar.
- A Recalde debió parecerle, además, el procedimiento un tanto humillante, y dijo que teníamos que sacar el bote.
- El caso de mi amigo Recalde, padre del actual antropólogo, que me contaron en la relojería, me pareció sintomático.
- Eres muy buena y prestas tu casa a los que van por el monte! Adiós! Llegamos a Lúzaro y llevé a Mary a casa de Recalde.
- Decidimos, Zelayeta, Recalde y yo no entrar en clase, y, corriendo, nos dirigimos por el monte Izarra hasta escalar su cumbre.
- A mí me daba espanto ver a Recalde en medio del agua, y le dije que subiera, pero él afirmó que no corría el menor peligro.
- Zelayeta se puso a proa con el bichero, y Recalde y yo, unas veces remando y otras empujando contra las rocas, avanzamos despacio.
- Yo miraba a Recalde, y Recalde miraba el agujero enorme del Izarra, que iba haciéndose más grande a medida que nos acercábamos.
- Todos los días esperaba a Mary después de que ella concluía su trabajo, y paseábamos juntos, solos o en compañía de Cashilda la de Recalde.
- Recalde, que las miraba desesperadamente, vió una especie de plataforma, que seguía formando una cornisa, a unos tres metros de altura sobre el agua.
- Recalde el Bravo, padre de nuestro camarada Joshe Mari, y otro patrón, llamado Zurbelcha, habían salido en una trincadura para recoger a los náufragos.
- En último caso, aprovechando la marea baja, podía ir avanzando por las rocas, nadar hasta la gruta del Izarra, y salir, como en la infancia salimos Recalde y yo.
- Me contaron el proceso de este conflicto familiar entre Recalde y la Cashilda, en la relojería de Zapiain, que era el mentidero de las personas pudientes del pueblo.
- Entonces fuí a ver a Cashilda, la mujer de Recalde, e hice un convenio con ella de pagarle un tanto por tener en su casa a Mary, siempre que la muchacha se portara bien.
- Recalde sabía que en un pequeño fondeadero, labrado entre las rocas del promontorio donde se levantaba la torre solía haber una barca que el torrero utilizaba para pescar.
- Un día estaba haciendo los preparativos para zarpar, cuando recibi la visita del capitán de la goleta Dama Zuri, que me traía una carta de recomendación de mi amigo Recalde.
- Recalde se desnudó, se descolgó por un trozo de escala hasta sostenerse en unas rocas, y él empujando, y Zelayeta y yo tirando de la cuerda, logramos poner la lanchita a flote.
- Si hubiese sido ya antropólogo entonces el hijo de Recalde, hubiera encontrado, probablemente, que todos ellos tenían la cabeza redonda y que por eso eran tan absolutistas y violentos.
- De vivir hoy, ¡cómo se hubiera indignado la buena señora con las ideas del médico joven que tenemos en Lúzaro! Este médico es hijo de un camarada de mi infancia, del piloto José Mari Recalde.
- Recordé que aquel viejo era el mismo que encontramos Recalde y yo cuando, después de nuestra expedición al Stella Maris, anduvimos buscando al que tenía la llave de la lancha que solía estar atada en la punta del Faro.
- Ilustración Ilustración XI EL NAUFRAGIO DEL STELLA MARIS Una mañana de otoño, tendría yo entonces catorce o quince años, vino Recalde, antes de entrar en clase en la Escuela de Náutica, y nos llamó a Zelayeta y a mí.
- Recalde, mi antiguo camarada, el terrible Recalde, el piloto más atrevido y más valiente del pueblo, se había casado con la Cashilda, la hija del confitero de la plaza, muñequita con los ojos azules, muy modosita y formal.
- Recalde rompió dos o tres platos, dió puñetazos en la mesa, pero no consiguió que se cenara a las siete, y cuando la Cashilda le convenció de que allí se hacía únicamente su voluntad, y que no había ningún capitán ni piloto que le mandara a ella, para remachar el clavo acabó diciendo a su marido.