Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "recomendaba" aquí tienes una selección de 16 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra recomendaba para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- No hagas caso de lo que te digan recomendaba Andrés a su mujer.
- A ciertos enfermos les recomendaba los preceptos higiénicos, pero nadie le hacía caso.
- Ya recomendaba en voz baja a Fortunata que no estuviese tan displicente con doña Silvia.
- Y eso que empleaba en las cartas con que recomendaba las composiciones, la finura del mundo.
- Y Gertrudis, por su parte, le recomendaba que ocultase a los niños lo anormal de su estado.
- Luisito, que se vió mimado por sus tíos, dejó pronto de hacer la vida que recomendaba Andrés.
- Lo que no podía era compaginar esperanza tan incierta con la vida de familia que se le recomendaba.
- Don Juan Pedro Muchada recomendaba en su libro la formación de sociedades cooperativas para obreros.
- Y le recomendaba que cuidase sobre todo de la pequeñita, de la mansa, tranquila y medrosica Manolita.
- Y con multitud de citas explicaba y recomendaba Ozores la educación omnilateral y armónica, como la entendía él.
- Una familia me recomendaba a otra, y no quiero decir a ustedes las humillaciones, los portazos y los desaires que recibí.
- En la cuestión de bucólica, sí que no le ponía tasa, y le recomendaba que trajese siempre lo mejor y más adecuado a cada estación.
- Y entonces las frases frías, desmadejadas, con que el Magistral recomendaba el perdón, el olvido, le sonaban a hueco, a retórica vana.
- Mi madre me recomendaba que anduviera por donde quisiera, menos por el muelle, lo cual significaba lo mismo que decirme que fuera a todos lados y a ninguno.
- En la seriedad de las sillas panzudas y de los sillones solemnes con sus brazos e ídolos orientales, encontraba una garantía del eterno silencio que les recomendaba.
- ¡Mi Antonio, un hombre tan serio, con esa mala piel! ¡Ay, doña Manuela de mi alma, yo creo que me va a dar algo! Y la pobre mujer, no pudiendo resistir más, cubríase con el abanico los lacrimosos ojos, mientras doña Manuela le recomendaba la serenidad.