Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra reconocer

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra reconocer en el contexto de una oración.

Término reconocer: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "reconocer" aquí tienes una selección de 43 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra reconocer para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Se preguntaba al reconocer su desatino.
  • Andrés volvió a reconocer a la enferma.
  • Luego nos dispusimos a reconocer el barco.
  • Ya no le costaba tanto trabajo reconocer su realidad.
  • Pero no quiso reconocer la probidad de Andrés y del juez.
  • Hay que reconocer que ese hombre tenía que concluir de mala manera.
  • A la mañana traté con mi tío de reconocer mi hacienda y cobrarla.
  • Y entonces le costaba trabajo reconocer la realidad de las criaturas.
  • Su facilidad de fisonomista le hizo reconocer inmediatamente a Juanito.
  • Luisito, con la inconsciencia de la infancia, se dejaba reconocer y sonreía.
  • XVII ¿Cómo había yo de reconocer a Sarrió, si se ha comprado otro sombrero?
  • Obra suya era aquel lujo, y había que reconocer que las niñas sabían lucirlo.
  • El médico de la sala, a instancias de Andrés, fué a casa a reconocer al enfermito.
  • Me basta con una buena tronada para reconocer que hay un más allá y un Juez Supremo.
  • Tengo que reconocer que Dolorcitas no era la excepción de las cien de que hablaba don Ciriaco.
  • Después de muerta, don Pedro Hurtado hacía el honor a la difunta de reconocer sus grandes virtudes.
  • Hay que reconocer que don Pedro se portaba bien con su esposa durante aquella temporada de expectación.
  • Pues si efectivamente no le ha dado nada, hay que reconocer que ese hombre es el mayor de los indecentes.
  • Por depresiva que fuese para el amor propio del capellán la observación, hubo de reconocer su exactitud.
  • Don Víctor llegó a reconocer, pero sin confesarlo a nadie, que él era menos enérgico de lo que había creído.
  • Indudablemente ha concluido, yo puedo ser un genio, pero he de reconocer que aquí, en este pueblo, no estoy solo.
  • Al llegar y reconocer el número de la casa, entrole tal espanto, que se retiró, huyendo de la calle y del barrio.
  • No podía haber pecado ni cosa parecida en reconocer que todo aquello era agradable, parecía bien y debía ser así.
  • La multitud invadía el muelle para reconocer los heridos, esperando encontrar al padre, al hermano, al hijo o al marido.
  • Esta audacia ofendía profundamente a Carlos y hubiese querido humillarle para siempre, hacerle reconocer su inferioridad.
  • Pero así y todo, había que reconocer lo que aquel pobre animal representaba para la familia, las ilusiones que se llevaba con su muerte.
  • él, celoso y sombrío, no quiso pedir explicaciones ni reconocer su culpa, considerando este reconocimiento como un agravio a su dignidad.
  • La Justicia le obligaba a reconocer que el actual obispo de Vetusta, don Fortunato Camoirán, era una persona respetable, un varón virtuoso, digno.
  • Al mismo tiempo, yo había podido reconocer en la cara ensangrentada de mi tío algunos rasgos fisonómicos de la cara de mi madre, y esto aumentó mi aflicción.
  • Mas pronto hubo de reconocer que era mucho mejor, más espaciosa y bella, y en cuanto a los barrios, lo que la señora había perdido en tranquilidad ganábalo en animación.
  • El aspecto general de la naturaleza, parda, disuelta en charcos y lodazales, más que a pensar en la brevedad de la existencia convidaba a reconocer lo poco que vale el mundo.
  • Luego era una insolente, porque en vez de reconocer sus torpezas decía que la señora tenía la culpa, y que ella, la muy piojosa, no estaría allí ni un día más porque misté.
  • Pero, mujer repuso temblando mi amo, estaba aquí mirando el derrotero de Alcalá Galiano y de Valdés en las goletas Sutil y Mejicana, cuando fueron a reconocer el estrecho de Fuca.
  • ¡Qué bien se estaba allí dentro, en el caliente comedor, ante una mesa tan abundante! Había que reconocer que Dios es bueno y proporciona ratos muy agradables a los que tienen casa y cocinera.
  • No tardé en reconocer el rostro de Doña Flora, más pintorreado aquel día que un retablo, y ferozmente desfigurado con la alegría que mi presencia causó en el espíritu de la excelente vieja.
  • Entonces me dijeron que habiendo salido otra balandra a reconocer los restos del Rayo, y los de un navío francés que corrió igual suerte, me encontraron junto a Marcial, y pudieron salvarme la vida.
  • Doña Lupe reflexionó mucho todo aquel día, y como tenía un gran sentido de la realidad, empezó a reconocer el poder que ejercen sobre nuestras acciones los hechos consumados, y el escaso valor de las ideas contra ellos.
  • Y es preciso reconocer que el señor gobernador ni más ni menos que los gobernadores de ahora en otros órdenes hallará trazas para que los maravedís ejecutados lleguen siempre, caiga el que caiga, a los cinco mil codiciados.
  • Olmedo, al mismo tiempo que sondeaba la inmensa gravedad del propósito de su amigo, no pudo menos de reconocer que a él, Olmedo, al perdulario de oficio, no se le había pasado nunca por la cabeza una majadería de aquel calibre.
  • Sobre todo, lo que más hería a Carlos, aunque no lo quisiera reconocer, lo que más le mortificaba en el fondo de su alma era la superioridad de Martín, que iba y venía sin reconocer categorías, aspirando a todo y conquistándolo todo.
  • Forzoso es reconocer, no obstante, que en la época de la revolución, la exaltación política, la fe en las teorías llevada al fanatismo, lograba infiltrarse doquiera, saneando con ráfagas de huracán el mefítico ambiente de las intrigas cuotidianas en las aldeas.
  • Hay que reconocer, en honor de la bella Francia, que los negreros franceses debieron dejar atrás a los demás en el arte de desollar negros, porque incrustaron en el lenguaje de las colonias el nombre del látigo francés, lo impusieron, y a todas partes donde había negros llevaron triunfante el fouet.
  • ¡Yo que siento este desprecio por la sociedad se decía a sí mismo, teniendo que reconocer y dar patentes a las prostitutas! ¡Yo que me alegraría que cada una de ellas llevara una toxina que envenenara a doscientos hijos de familia! Andrés se quedó en el destino, en parte por curiosidad, en parte también para que el que se lo había dado no le considerara como un fatuo.