Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra regalo

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra regalo en el contexto de una oración.

Término regalo: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "regalo" aquí tienes una selección de 42 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra regalo para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Además, vaya un regalo.
  • Pues los regaló Jacinta.
  • Ahí tienes para el regalo de boda.
  • Criáronle con regalo y exquisitos cuidados, pero sin mimo.
  • A mí me regaló su libro La Hacienda de España y modo de reorganizarla.
  • Iban muy gozosos, deseando ver a la familia, y darle a cada uno su regalo.
  • Vendrá en el que trae detrás con regalo, aquellos vuelcos que da inquietan.
  • Estas casadas ricas, como viven con tantismo regalo, no quieren a sus maridos.
  • Ni más ni menos que el día en que regaló a un niño pobre un globo de colores.
  • Mi amiguita se ha enterado del regalo que usted le ha hecho, y está tan agradecida.
  • ¡Miren la pobreza y el regalo que hace el Señor al cristiano! Si pasaba mujer decía.
  • Pues me sirvió para hacer un regalo a uno de los delineantes que trabajan en el proyecto.
  • A ja jai, ¡qué regalo! Su monólogo constante era esta retahila de loro de puerto de mar.
  • La mortaja de fina holanda la bordaron las señoras Micaelas, y es regalo de doña Bárbara.
  • Fue regalo de Barbarita, que hizo promesa de ofrecerla a estas monjas si su hijo se ponía bueno.
  • Y para figurarse algo parecido pensó en su reclamo de perdiz, escogidísimo regalo de Frígilis.
  • Le ponía en la mesa los platos de su gusto, y en su cuarto nada faltaba para su regalo y comodidad.
  • El regalo para los paladares delicados estaba en un armario de turbios cristales junto al mostrador.
  • Hasta me parece que la regaló algunas fruslerías, demostrando en todos sus actos el deseo de tenerla contenta.
  • Entonces, no sé por qué, me explico yo el capricho de la piel de tigre que dicen que le regaló un inglés americano.
  • Una señora vieja, amiga de la familia, le regaló unas ilustraciones y la historia de la Revolución francesa, de Thiers.
  • Micaela perdonó al señor de Peña esta transgresión de lo pactado, en gracia a su viaje y al regalo del ramo de naranjas.
  • Y he aquí la misma Elda, que los iberos, grandes poetas, llamaron Idaella, de Daellos, que en nuestra lengua es casa de regalo.
  • Anímese, señora, para que haga un regalo a su sobrina, el día de mañana, que así sea el escomienzo de todas las felicidades.
  • Determinó, pues, don Alonso de poner a su hijo en pupilaje, lo uno por apartarle de su regalo, y lo otro por ahorrar de cuidado.
  • Ana sentía el día en el melancólico regalo que su mismo lecho, tantas veces aborrecido, le prestaba en aquellas horas de la mañana de primavera.
  • Se acordó del inglés que tenía un carmen junto a la Alhambra, el que se enamoró de ella y le regaló la piel del tigre cazado en la India por sus criados.
  • Según les oí decir, los méritos de Churruca como sabio y como marino eran tantos, que el mismo Napoleón le hizo un precioso regalo y le colmó de atenciones.
  • La música era digna de la arquitectura, y sonaba a zarzuela sentimental o a canción de las que se reparten como regalo a las suscritoras en los periódicos de modas.
  • Claro, porque aunque se lo regaló su esposo, según dicen, él fue quien se lo compró a las tías de Ana, y no con bienes gananciales, sino vendiendo tierras en la Almunia.
  • El ceño de la habilidosa muchacha se dilató por primera vez en todo el día, y los tres salieron apresuradamente con la alegría del regalo, oyéndose el ruido de sus empellones y correteos.
  • La había visto sólo dos o tres veces siendo muy niño, y no vivía en su imaginación sino por las rosquillas y el arrope que mandaba de regalo todos los años en vida de Don Nicolás Rubín.
  • ¡Qué sabanas! ¡Qué almohadones! Ella había pasado la mano por todo aquello, ¡qué suavidad! El satín de aquel cuerpecito de regalo no sentiría asperezas en el roce de aquellas sábanas.
  • A su lado iba Teresa, desbordando sus carnes blanduchas sobre el banquillo de terciopelo azul, moviendo con cierta incomodidad su cabeza, como si le molestase la capota, recargada de rosas y follaje, regalo de su marido.
  • Por primera vez en su vida pasó la hilandera más de un cuarto de hora ante el medio palmo de cristal con azogue y marco de pino barnizado que le regaló su padre, espejo en el que había que contemplar la cara por secciones.
  • Roseta guardaba el regalo en su cuarto, como si fuese la misma persona de su novio, y lloraba cuando sus hermanos, la gente menuda que tenía por nido la barraca, en fuerza de admirar á los pajaritos, acababan por retorcerles el pescuezo.
  • Con un cargamento tan ligero subimos hacia el norte con los alisios, teniendo que echar varias veces algunos viejos negros al mar para regalo de los tiburones, y, al pasar cerca de la isla de la Ascensión, estuvimos a pique de ser cazados por un crucero inglés.
  • Abrió la joven, y el gran Plácido, con gesto displicente, las cejas algo fruncidas, mostrando en una mano el bastón cuyo puño era una cabeza de cotorra (regalo que le trajeron de Sevilla los señoritos de Santa Cruz), alargó con la otra un papel que tenía un sello.
  • Habían dejado, en obsequio al Crucificado, el regalo de su palacio ancho y cómodo de allá arriba por la estrechez insana de aquella pocilga, mientras sus padres, hermanos y otros parientes regalaban el perezoso cuerpo en las anchuras de los caserones tristes, pero espaciosos de la Encimada.
  • La fantasía de Paco, sus costumbres, la especial perversión de su sentido moral le hacían afeminado en el alma en el sentido de parecerse a tantas y tantas señoras y señoritas, sin malos humores, ociosas, de buen diente, criadas en el ocio y el regalo, en medio del vicio fácil y corriente.
  • No me exija el lector una exactitud que tengo por imposible, tratándose de sucesos ocurridos en la primera edad y narrados en el ocaso de la existencia, cuando cercano a mi fin, después de una larga vida, siento que el hielo de la senectud entorpece mi mano al manejar la pluma, mientras el entendimiento aterido intenta engañarse, buscando en el regalo de dulces o ardientes memorias un pasajero rejuvenecimiento.
  • Y los que no vivían como yo, me parecían seres excepcionales del humano linaje, pues en mi infantil inocencia y desconocimiento del mundo yo tenía la creencia de que el hombre había sido criado para la mar, habiéndole asignado la Providencia, como supremo ejercicio de su cuerpo, la natación, y como constante empleo de su espíritu el buscar y coger, ya para arrancarles y vender sus estimadas bocas, que llaman de la Isla, ya para propia satisfacción y regalo, mezclando así lo agradable con lo útil.