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Ejemplos de oraciones con la palabra regente

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra regente en el contexto de una oración.

Término regente: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "regente" aquí tienes una selección de 52 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra regente para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • ¿En casa del Regente?
  • Era el espíritu del ex regente, de blanda cera.
  • El regente se reía y Guillermina le miraba con gracejo.
  • Pasó un año, vino otro regente con señora y aquí fue ella.
  • Señora replicó el regente fluctuando entre la seriedad y la risa.
  • Pase usted, Don Segismundo dijo reconociendo al regente de la botica.
  • Ni la sombra de una sospecha se le asomaba al alma al noble ex regente.
  • Al regente le costó trabajo contener la risa, que procuraba excitar Glocester.
  • Allá se fue también Mesía, accediendo a los ruegos de su amigo el ex regente.
  • Sentose el regente dos escalones más abajo, y la santa guiñó los ojos para mirarle.
  • ¡Con mil amores! contestó el ex regente buscando en su corazón la fibra del amor paternal.
  • No parecía un Regente de Audiencia jubilado, sino un ilustre caudillo en situación de cuartel.
  • Comprendió el Magistral por qué torcidos senderos conocía el ex regente las ligas de su mujer.
  • Le manda su último artículo dijo el regente a sus amigos, acechando en la puerta de la farmacia.
  • Salió, pues, el regente haciendo propósito de volver, pues su amiga le había puesto en cuidado.
  • Al volver a la tienda y notar la ausencia del joven, el regente se quedó muy tranquilo y no dijo más que.
  • Una intuición singular le decía al ex regente que pagaba bien al amigo su atención llevándoselo a casa.
  • El actual regente que no era Quintanar había dicho, en confianza, a un oidor que el sermón no tenía miga.
  • El regente mandó traer más leche, y dijo que la de las moscas se la bebería él, pues no tenía asco de nada.
  • El médico decía el ex regente exige que la aldea a donde vayamos ofrezca una porción de circunstancias difíciles de reunir.
  • Sí, no puedo menos de deplorar prosiguió el regente inflándose, que usted sea tan consecuente con personas que no lo merecen.
  • Paseaban los dos amigos, y Mesía iba entrando, entrando por el alma del jubilado regente y tomando posesión de todos sus rincones.
  • El regente opinó, y con él toda la Territorial, que el señor Mourelo, arcediano, había estado a mayor altura que el señor Obispo.
  • Un temblor frío, como precursor de un síncope, le corrió por el cuerpo al ex regente, mientras añadía, procurando una voz serena.
  • Y además, las revelaciones de Frígilis respecto a la salud de Ana le habían caído al pobre ex regente como una maza sobre la cabeza.
  • Mucho se incomodó el regente al enterarse de esto, y con desusada seriedad y calor hubo de negar lo que su amigo contara de la Samaniega.
  • Mire usted, don Víctor le decía a su amigo esa niña merece un rey, y por lo menos un magistrado que pronto será Regente, como usted, v.
  • Relevado por su regente de la obligación de trabajar, Rubín se fue al laboratorio, y tomando de debajo de la silla un librote, se puso a leer.
  • Lo que tenía a Fortunata muy sorprendida y maravillada era el interés que mostraba hacia ella, según le dijo el regente, la viuda de Jáuregui.
  • Los hijos de Eduardo, arreglado por Bretón de los Herreros, y en cuanto salió a escena Glocester, el Regente jorobado y torcido y lleno de malicias, exclamó.
  • El Magistral se encontró en la escalera con Visitación y Quintanar que buscaban por los rincones la petaca del ex regente que Edelmira y Paco habían escondido.
  • En actitud semejante a la de un perro que ante el palo de su amo agacha las orejas y arrastra el rabo por el suelo, entró Rubín en la botica diciendo a su regente.
  • Esta señora que llamaban en Vetusta la Regenta, porque su marido, ahora jubilado, había sido regente de la Audiencia, nunca supo la ardiente pasión del arqueólogo.
  • Mucho le extrañaba a la infeliz joven que Aurora no hubiese ido a verla, y sintió que se le olvidara, durante la visita del regente, preguntar a este por las Samaniegas.
  • Doña Petronila se despidió antes de que el atribulado ex regente pudiera echarle el tanto de culpa que la correspondía en aquella aventura que él reputaba una desgracia.
  • Cuando el señor don Víctor Quintanar era Regente de Vetusta, el Magistral le visitaba en todas las solemnidades en que exigían este acto de cortesía las costumbres del pueblo.
  • Los dos amigos se habían encerrado en la secretaría del Casino, a ruegos del ex regente, que quería ver, sin ser visto, lo que él llamaba la subida al Calvario de su dignidad.
  • Don Álvaro sabía, porque don Víctor se lo había confesado, que el ex regente y Frígilis, en cuanto llegaba el tiempo, salían de caza mucho más temprano de lo que Ana creía.
  • Por otra parte añadió el ex regente me alegro de que don Fermín coma con nosotros, porque de este modo se le quitará a mi mujer la idea empecatada de ir a reconciliar esta tarde.
  • Sí, pensaba el ex regente, mientras el Magistral volvía a enumerar los sacrificios de amor propio, pundonor y otras muchas cosas que exigía la religión a un buen cristiano a quien su mujer engañaba.
  • Aquel acto de energía, verdaderamente extraordinario, le hacía pensar al ex regente, mientras subían la escalera del caserón negruzco del Casino, que él, don Víctor, hubiera sido un regular dictador.
  • De rama a rama, de tronco a tronco, en todas direcciones subían y bajaban hilos de araña que se le metían por ojos y boca al ex regente, que escupía y se sacudía las telas sutilísimas con asco y rabia.
  • ¡Era un escándalo! ¡Un adulterio descubierto! ¡Un duelo! ¡Un marido, un ex regente de Audiencia muerto de un pistoletazo en la vejiga! En Vetusta, ni aun en los días de revolución había habido tiros.
  • La Regenta, muy principal señora, era esposa de don Víctor Quintanar, Regente en varias Audiencias, últimamente en la de Vetusta, donde se jubiló con el pretexto de evitar murmuraciones acerca de ciertas dudosas incompatibilidades.
  • El regente que no era Quintanar con el entrecejo arrugado y la toga tersa, sentado en medio de la nave en un sillón de terciopelo y oro, contemplaba al predicador, preparándose a separar el grano de la paja, dado que hubiera de todo.
  • Era una soberbia alhaja, comprada aquella mañana por Rafaela en los bazares de Liquidación por saldo, a real y medio la pieza, y tenía un diamante tan grande y bien tallado, que al mismo Regente le dejaría bizco con el fulgor de sus luces.
  • Nadie dirá que yo, ex regente de Audiencia, que me jubilé casi por no firmar más sentencias de muerte, nadie dirá, repito que tengo ese punto de honor quisquilloso de nuestros antepasados, que los pollastres de ahí abajo llaman inverosímil.
  • Y en tanto el ex regente, a quien aquellas sombras del salón y aquella discreta luz del farol de enfrente y del cuarto de luna parecían muy a propósito para confesar sus picardías eróticas, continuaba el relato, para decir de cuando en cuando, a manera de estribillo.
  • Día hubo en que viajaba con Baco, Anita, recorriendo la India, o bien navegando en el barco prodigioso de cuyo mástil floreciente pendían racimos y retorcidos tallos, y tuvo que saltar de repente a la prosaica orilla del Soto, llamada por la voz del ex regente que gritaba.
  • Quiso la suerte, y quisieron las buenas relaciones de los suyos, que Quintanar fuera ascendiendo con rapidez, y se vio magistrado y se vio regente de la Audiencia de Granada, a una edad en que todavía se sentía capaz de representar el Alcalde de Zalamea con toda la energía que el papel exige.
  • Por fin, después de prometer de nuevo disimular, ocultar su dolor, su ira, lo que fuera, pero sólo por aquella noche, llamó el digno regente jubilado con el mismo aldabonazo enérgico y conciso con que hacía retumbar el patio, cuando la casa era honrada y el jefe de familia respetado y tal vez querido.
  • ¡Bien, bien! gritaron don Víctor y Edelmira, que cogidos del brazo y a los acordes de la marcha real (decía el ex regente), que tocaba allá dentro Visitación en un piano desafinado, se dirigieron los primeros a la huerta, seguidos de Paco, empeñado en ceñir las canas de don Víctor con una corona de azahar.