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Ejemplos de oraciones con la palabra reía

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra reía en el contexto de una oración.

Término reía: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "reía" aquí tienes una selección de 92 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra reía para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Yo me reía.
  • Tom se reía.
  • Se reía solo.
  • Ya no se reía.
  • La dama se reía.
  • Mauricia se reía.
  • Ja, ja, ja reía él.
  • El perro no se reía.
  • Se reía de sí mismo.
  • Creo que se reía de él.
  • Él se reía a todo esto.
  • Jacinta se reía con esto.
  • Tommy se reía de nosotros.
  • Y Pepe se reía a carcajadas.
  • Se reía sin amargura y sin pena.
  • La lechuza reía silenciosamente.
  • Todo el mundo se reía a carcajadas.
  • El gallego se reía con su risa bonachona.
  • Villuendas se reía sin atajarle, gritando.
  • El ratón reía con una especie de hipo agudo.
  • Lo que es cara a cara ya nadie se reía de él.
  • ¡No, no, ya no más, uno y no más! Y se reía.
  • La santa se reía en sus barbas, y por fin le dijo.
  • Él se reía, buscando medios de eludir la cuestión.
  • El regente se reía y Guillermina le miraba con gracejo.
  • El muy tuno se reía, prometiendo, eso sí, contar luego.
  • Pero Melchor se reía de las teorías brutales de su suegro.
  • Fortunata no se reía tampoco de aquellos estúpidos chistes.
  • Guiñaba los ojos a todos, reía satisfecho, frotaba las manos.
  • Y lo peor era que se reía al hacerlo, como si fuera una gracia.
  • Jacinta se reía y al propio tiempo se le escaparon dos lágrimas.
  • Pero también se reía, Guillermina dio dos pasos atrás, diciendo.
  • Hablaba bien el inglés, era muy liberal y se reía de las mujeres.
  • La conversación era sosegada, y a veces parecía que Juan se reía.
  • Anita no entendía y el hombre, el señor del aya, reía a carcajadas.
  • Otras tantas carcajadas de la suerte que se le reía desde todas partes.
  • Martín se reía a carcajadas con las explicaciones de Asenchio Lapurrá.
  • ¡Cómo se reía don Juan de las fortunas de los bolsistas! Buen provecho.
  • Y con todo mi trabajo me reía de lo que los picarones decían a la Guía.
  • Dorotea se reía de estas ideas de su huésped, que le parecían absurdas.
  • Jacinta se reía, porque le ocurrió dar a su marido un bromazo muy chusco.
  • La fundadora, atacada de una hilaridad convulsiva, se reía con toda su alma.
  • Cuando Jacinta le puso un caramelo dentro de la boca, Juanín se reía de gusto.
  • Esta se reía de ver a su hermano enzarzado con la santa, y riéndose se retiró.
  • Es cosa muy buena dijo Estupiñá, guardando el libro al ver que Juanito se reía.
  • Ese don Fermín tié más orgullo que don Rodrigo en la horca, y don Pedro se reía.
  • La gente reía ante esta desbandada al galope, celebrando la persecución del alguacil.
  • Reía con franca jovialidad, abriendo bastante la boca y enseñando una dentadura perfecta.
  • Reía ella lo mismo que una loca, y pedía impaciente, por señas, que le renovasen el juego.
  • Gritaba la Marquesa, reía a carcajadas Obdulia, sonaba la voz gangosa de una hija del Barón.
  • Ballester se reía y Maximiliano estaba muy serio, lo que reparó la fundadora, apresurándose a decir.
  • ¡Y cómo se reía don Eugenio de la manía novelesca de su Melchorico, como cariñosamente le llamaba.
  • Maximiliano se reía de aquella incultura rasa, tomando en serio la tarea de irla corrigiendo poco a poco.
  • Y el viejo reía como si gozase interiormente de repetir a su hermana en todos los tonos que era muy pobre.
  • El escribano reía también el chiste y los concejales sonreían, no por la gracia, si no por la intención.
  • Sí, amiga mía el Magistral reía al decir esto lo que usted necesita, para calmar esa sed de amor infinito.
  • Y reía al decir esto con una risa misericordiosa, como si se sintiera elevado por encima de todas las miserias.
  • En el salón sentaba mal lo capitoné, según su dogma, pero la Marquesa se reía de estas imposiciones oficiales.
  • La chiquita, sin transición, había pasado de la furia a la bonanza, y reía abriendo un palmo de desdentada boca.
  • Jacinta se reía de la danza de los algarrobos, y de ver los pájaros posados en fila en los alambres telegráficos.
  • En cambio, era buena para los viejos y para los enfermos, comprendía sus manías, sus egoísmos, y se reía de ellos.
  • Reía con los labios, con el mirar, con los pies bailarines, que descargaban pataditas menudas en el muslo de Perucho.
  • Aquello le entretuvo agradablemente, y se reía pensando en la felicidad que iba a repartir entre sus amistades londonenses.
  • Y el maldito se reía detrás de su infernal careta, gozoso de ver que todos se ocupaban de él, aunque fuera para escarnecerle.
  • Cuando pasaba por delante de la taberna alguna chica bonita, Tellagorri lanzaba un ronquido tan socarrón que todo el mundo reía.
  • Hurtado no podía soportar la bestialidad de aquel idiota de las patillas blancas, Aracil se reía de las indignaciones de su amigo.
  • Doña Paula encogía los hombros y Froilán reía pasando la mano por las barbas de puerco espín que tenía debajo del mentón afeitado.
  • Edelmira, maestra ya en el arte de divertirse al estilo de la casa de sus tíos, estaba como una amapola y reía y gozaba con estrépito.
  • El de Naya, incapaz de mantenerse dentro de los límites de su papel justiciero, insultaba, reía y vapuleaba a un mismo tiempo a los beodos.
  • Me reía, créelo, me divertía viéndote entre esa aristocracia, hecho un caballero, una persona decente, vamos, con el pelito sobre la oreja.
  • Como en él lo principal era el político, transigía con la religión de los mayores de Paco y se reía de la separación de la Iglesia y el Estado.
  • Pero pensando en ello, te lo digo ahora en confianza, salí a la calle, me reía solo, y sin saber lo que me hacía, me metí en el Bazar de la Unión y.
  • Tan pegados estaban el uno al otro, que parecía que Jacinta se reía con los labios de su marido, y que este sudaba por los poros de las sienes de su mujer.
  • Ella le proponía el viaje, el marinero se reía, le decía que sí, la cogía en los brazos, pero el pícaro la llevaba a casa del aya y la volvían al encierro.
  • Pero el profesor, un viejecillo seco y malhumorado, les salió al encuentro, y les dijo que de él no se reía nadie, ni nadie le aplaudía como si fuera un histrión.
  • Y Batiste, sereno, firme, sin arrogancia, reía de la inquietud de su familia, mostrándose cada vez más atrevido según iba transcurriendo el tiempo desde la famosa riña.
  • Desde su alcoba, donde continuaba encamada, Fortunata se reía de las ocurrencias de Segismundo buscándole la lengua a Platón y a Ido del Sagrario, a quien solía llamar maestro.
  • La diabla, al oír esto, se reía más, diciendo que su marido era un santo, un verdadero santo, y que si le canonizaban y le ponían en los altares, ella le rezaría y le escupiría.
  • Después de esta observación, y otras por el estilo, Petra se paraba a coger florecillas en los setos, se pinchaba los dedos, se enganchaba el vestido en las zarzas, daba gritos, reía.
  • Amparo y el teniente, en un extremo del balcón, volviendo casi la espalda a la plaza y aislados del grupo juvenil que hablaba y reía junto a ellos, tenían el aspecto de verdaderos novios.
  • Cuando corría hacia la barraca, asustado por los gritos de su madre, había visto venir por el camino un grupo de hombres, gente alegre que reía y cantaba, regresando sin duda de la taberna.
  • Noé, encorvado como un arco, apoyado convulsivamente en su bastoncillo, enseñaba el palomo que llevaba en su diestra a aquella muchedumbre que reía locamente ante esta caricatura de la vejez.
  • Mas ella se reía mucho, porque como yo la había dicho que sabía hacer burlas y encantamentos, pensó que había caído por gracia y nigromancia y no hacía sino decirme que subiese, que bastaba ya.
  • La gente parábase entre asombrada y curiosa, el cochero reía abriendo sus quijadas de a palmo, y el vejete, cabizbajo, como si todo aquello no rezase con él, escurríase discretamente entre el gentío.
  • Ni cinco minutos tuvieron que esperar, porque al punto entraron dos madres que ya estaban avisadas, y casi pisándoles los talones entró el señor capellán, un hombrón muy campechano y que de todo se reía.
  • Quintanar le seguía muerto de sueño, encerrado en su uniforme de cazador, de que se reía no poco Frígilis, quien usaba la misma ropa en el monte y en la ciudad, y los mismos zapatos blancos de suela fuerte, claveteada.
  • Fortunata se reía, y para calmarle aquel desasosiego que sus estrafalarios pensamientos y aprensiones le causaban, prodigole aquella noche, hasta que se separaron, los cariños y cuidados de una hija amantísima con el mejor de los padres.
  • Sus infortunios como carretero le habían hecho conocer las bestias, y se reía interiormente de algunos curiosos que, influídos por el mal aspecto del caballo, discutían con el gitano, diciendo que sólo era bueno para enviarlo á la Caldera.
  • Explicó su estancia en un pueblo, con el batallón metido en una iglesia, sin poder moverse por estar los caminos intransitables por la nieve, no comiendo más que habichuelas y teniendo por retrete un confesionario, y dió tales detalles, que todo el mundo reía a carcajadas.
  • Ya alcanzaba á contemplar su huerto, ya se reía del miedo pasado, cuando vió saltar del bancal de cáñamo al propio Barret, y le pareció un enorme demonio, con la cara roja, los brazos extendidos, impidiéndole toda fuga, acorralándolo en el borde de la acequia que corría paralela al camino.
  • Mas como creyera que era muy desairado no ofrecer nada absolutamente ante el tribunal de la penitencia, revolvía su magín buscando algo que pudiera tener siquiera un tufillo de maldad, y se rebañaba la conciencia para sacar unas cosas tan sutiles y sin sustancia, que el capellán se reía para su sotana.
  • A menudo se juntaban ambas mesas, la de abajo y la de arriba, y se discutía, y se reía y se contaban cuentos subidos de color, y se despellejaba a azadonazos porque no cabe nombrar el escalpelo a Trampeta y a los de su bando, removiendo entre risotadas, cigarros e interjecciones, el inmenso detritus de trampas mayores y menores en que descansaba la fortuna del secretario de Cebre.