Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "rendido" aquí tienes una selección de 17 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra rendido para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Por eso estoy rendido.
- Me he rendido, y espero tranquilo el cese.
- Pero al fin, ella se ha rendido, no te quepa duda.
- Pero a pesar de todo durmió, rendido por tanta fatiga.
- A todos, que a uno solo jamás se hubiera rendido el San Juan.
- Verdad era que en aquellos dos años había rendido otras fortalezas.
- Muy mal debe andar la máquina, cuando a mitad de la calle de Alcalá ya estoy rendido.
- Rendido de cansancio, y juzgando que Don Alonso podía necesitar de mí, fui a la cámara.
- El gobierno de tal casa, que habría rendido a cualquiera mujer, no fatigaba visiblemente a Isabel.
- Por supuesto, concluía, siempre y cuando que la fortaleza no se haya rendido al caudillo de la iglesia.
- Rendido el Bucentauro, todo el fuego enemigo se dirigió contra nuestro navío, cuya pérdida era ya segura.
- Se ha rendido a mi navío, y por un instante disputaron reclamando el honor de la victoria para uno u otro de los buques a que pertenecían.
- Quisieron que el comandante accidental del San Juan decidiera la cuestión, diciendo a cuál de los navíos ingleses se había rendido, y aquél respondió.
- En la estación de Valencia mandó un telegrama a su familia, compró algo de comer y unas horas más tarde volvía para Madrid, embozado en su capa, rendido, en otro coche de tercera.
- Y por último, simpática amiga mía, ya sabe que estoy a sus órdenes, que tiene en mí el más rendido de los servidores para cuanto se le ocurra, amigo diligente, reservadísimo, buena persona.
- Ella le quería, y aunque le diese algún disgusto, consideraba a Rafael, a pesar de su sotana mugrienta y su cara de granuja, como un rendido trovador de los que en aquella época de romanticismo hacían el gasto en todos los extravíos de imaginación femenil.
- Él, el conquistador a lo Alejandro, el que había rendido la castidad de una robusta aldeana en dos horas de pugilato, el que había deshecho una boda en una noche, para sustituir al novio, el Tenorio repentista, en los casos graves procedía con la paciencia de un estudiante tímido que ama platónicamente.