Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "rey" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra rey para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Ahí está el Rey.
- Y va el rey y dice.
- Y mi rey tiene hambre.
- Sirva al Rey y a Dios.
- ¿Es un rey o un mendigo?
- Y el rey estaba durmiendo.
- Hijas, que el rey se marcha.
- ¡Lástima de Rey! Yo le dije.
- Lo dicho, no quiero servir al Rey.
- ¡rey de su madre! Ya no lo vería más.
- ¿Qué me dices del Rey que hemos traído?
- Esta señorita te ha cuidado como a un rey.
- ¡rey de sa mare! 21 gemía la pobre Teresa.
- Pero estos serían tratados a cuerpo de rey.
- La verdad es que este rey es un rey ridículo.
- El tronco de caballos negros era digno del rey.
- En fin advirtió Foja yo ni quito ni pongo rey.
- Estos bestias están dispuestos a morir por su rey.
- Lo mismo le pido al Rey que al último de los obreros.
- Aquí hay algunos papeles que hay que entregar al rey.
- ¿No ha visto lo satisfecho que está el rey de la casa?
- Este es el deber de los que sirven al Rey y a la patria.
- Siquiera aquí, mal o bien, es uno el rey de la comarca.
- Tiene el rey austriaco ancha la cara de mentón saledizo.
- En otro de Rey Don Jaime, a caballo, entrando en Valencia.
- ¡y válgate Dios por salón! A la moda del rey que rabió.
- La Reina tenía gran empeño en ello, y el Rey no dijo nada.
- Parece mentira que el Rey trate tan mal a los que le sirven.
- Pero a este buen señor, ¿qué le va ni le viene con el Rey?
- Este rey tenía una nené bunita bunita, como la frol de mayo.
- Me dicen estos tontainas que has roto el camello del Rey negro.
- Y había un pagarito sobre un árbole, y oyó al rey, y dijo, dice.
- Y va el pagarito y con el bico le saca un ojo, y el rey queda chosco.
- (Guiñaba el ojo izquierdo, mostrando cómo el rey se halló tuerto).
- Y todo porque Jacinta le había cortado la cola al camello del rey negro.
- Pero, en fin, se vive, y el que se sabe bandear es rey, con poco que tenga.
- Este los tenía por auténticos, por coetáneos del hijo del rey caballero.
- Pero por diez mil ochavos venderían ustedes al Rey, y toda su descendencia.
- Unas veces se lamentaba como el rey Lear y otras blasfemaba como un carretero.
- Pues será usted incluido en la combinación que va mañana a la firma del Rey.
- Y en honor de la verdad se ha de decir que un rey se le iba y otro se le venía.
- En el gasto, que en verdad que si se dan tanta prisa no baste la hacienda del Rey.
- Pues desde que se puso a modelo sabía que Nabucodonosor era un Rey que comía hierba.
- Md., que las ánimas de mi madre y hermano se lo pagarán en oraciones, y el Rey acá.
- (Perucho hacía horribles muecas a fin de expresar la fealdad extraordinaria del rey).
- Y decía que luego se la quería ir a enseñar al Rey, por ser en favor de los católicos.
- Decían ellos que presto podrían decir que habían servido a su Rey por mar y por tierra.
- Pero disculpábase conmigo diciendo que le venía de casta como al rey de Francia sanar lamparones.
- Era verdad lo del rey Veremundo y lo de la emigración de la piña pérsica a las columnas árabes.
- Y mi niño es el rey de España, y nada tiene que ver con Ballester, que es su amiguito y nada más.
- Al fin, preguntó por don Ramiro, un hombre de negocios rico, que hizo agora tres asientos con el Rey.
- Una ves empezaba el cuento era un rey muy malo, muy galopín, que se comía la gente y las presonas vivas.
- (Recostaba la cabeza en las espigas de maíz y roncaba estrepitosamente para representar el sueño del rey).
- Y ansí sería, porque cierto en aquel tiempo no me debían de quitar el sueño los cuidados del rey de Francia.
- (solo de este instrumento), y entré por una porta y salí por otra, ¡y manda el rey que te lo cuente otra vez!
- Aquella mañana fue con Barbarita a casa de Eulalia Muñoz, que vivía en la Calle Mayor, a ver la entrada del Rey.
- El Rey paga mal, y después, si queda uno cojo o baldado, le dan las buenas noches, y si te he visto no me acuerdo.
- Había tenido la dicha inmensa de estar en Palacio formando parte de una de las comisiones, y el Rey habló con él.
- ¿que todo el río va a venir arrastrando monedas de cinco duros con la carita del rey y que todo va a ser para usted?
- Y el malo bribón del rey quería comerla, porque era el coco, y tenía una cara más fea, más fea que la del diaño.
- Los árboles ostentando cuajarones que parecían de algodón, y el Rey Felipe III con pelliza de armiño y gorro de dormir.
- Cómo, en fin, en el cuerpo del Rey y en el del caballo, se desleían los copos y chorreaba la humedad por el bronce abajo.
- Pésame que nos deshonra a todos, y a mí principalmente, que al fin soy ministro del Rey y me están mal estos parentescos.
- Contestaba a los saludos como si tuviese el alma puesta en ellos, doblando la cintura y destocándose como si pasara un rey.
- Quizá eran restos de una de las torres que Diego García de Herrera levantó, por orden del rey de España, cerca de la costa.
- Algunos que habían oído hablar de un don Alfonso, hermano de don Carlos, creían que a este don Alfonso le habían hecho rey.
- Si vos no lo sentís, no es mucho, que criado con hambre desde niño, como el otro rey con ponzoña, os sustentéis ya con ella.
- El Rey pasó, y Jacinta le vio confusa y vagamente, entre la agitación de la multitud y el tururú de tantas cornetas y músicas.
- Pidámosle sin falacia al alto Rey sin escoria, pues ve nuestra pertinacia, que nos quiera dar su gracia, y después allá la gloria.
- Y el rey a despertar y a llorar, llorar, llorar (imitación de llanto) por su ojo, y el pagarito a se reír muy puesto en el árbole.
- Aquel día había entrado en Madrid el Rey Alfonso XII, y Don Baldomero estaba con la Restauración como chiquillo con zapatos nuevos.
- Cuando bajaba a tierra a visitar al rey Badegú o al mariscal Taparrabo, les rogaba que mandasen azotar a los negros que iban a vender.
- Sólo conseguía hacerle llorar desesperado, como el infeliz rey Lear, o que montase en cólera y le arrojase a la cabeza algún trasto.
- Mire usted, don Víctor le decía a su amigo esa niña merece un rey, y por lo menos un magistrado que pronto será Regente, como usted, v.
- Al Rey Luis XVI dijo, y a la Reina Doña María Antonieta les cortaron la cabeza, naturalmente, porque no querían darle libertad al pueblo.
- Preguntéle dónde iba, y después que nos pagamos las respuestas, comenzamos luego a tratar de si bajaba el turco y de las fuerzas del Rey.
- Llegó (por no enfadar) el de unas Carnestolendas, y trazando el maestro de que se holgasen sus muchachos, ordenó que hubiese rey de gallos.
- Y no lo pienso poner en ejecución si primero el Rey no me da una encomienda, que la puedo tener muy bien, y tengo una ejecutoria muy honrada.
- Que un hidalgo no debe a otro que a Dios y al rey nada, ni es justo, siendo hombre de bien, se descuide un punto de tener en mucho su persona.
- Las tropas del rey, unidas con algunos desertores de Aguirre, fueron acorralando al capitán vasco como a una bestia feroz, para darle muerte.
- Si alguien me hubiera dicho que no era el rey, el czar, el emperador, el niño mimado de la suerte, le hubiera mirado con olímpico desprecio.
- Pero allá se verá, que agora lo pienso imprimir con otros trabajillos, entre los cuales le doy al Rey modo de ganar a Ostende por dos caminos.
- Créame usted, repetía, no sabe su cuerpo lo que es una esponja, se lavan como gatas y se la pegan al marido como en tiempo del rey que rabió.
- Pero tú no irás, Alonso, tú no irás, porque estás enfermo y porque has servido bastante al Rey, quien por cierto te ha recompensado muy mal.
- Sí señor acudía Paco a decir, lo afirma Víctor Hugo en una novela que en francés se llama El hombre que ríe y en español De orden del rey.
- Llegáronse otras y con ellas pícaros, y alzando zanahorias, garrofales, nabos frisones, tronchos y otras legumbres, empiezan a dar tras el pobre rey.
- Salía muy poco, y decía a sus amigos íntimos que no se cambiaría por un Rey, ni por su tocayo Espartero, pues no había felicidad semejante a la suya.
- Huyó la vaga imagen del rorro, y otra vez se presentó el esbelto don Álvaro, pero de gabán blanco entallado, saludándola como saludaba el rey Amadeo.
- Doña Lupe y Fortunata se levantaron, y la fundadora saludó con aquella gracia y amabilidad que eran iguales para el Rey y para el último de los mendigos.
- Hay, además, en su edición lyonesa de 1675, el curiosísimo Tesoro de las dos lenguas, francesa y española, que compuso César Oudín, intérprete del rey.
- Era la justicia patriarcal y sencilla del buen rey de las leyendas saliendo por las mañanas á la puerta del palacio para resolver las quejas de sus súbditos.
- Costáronme veinte y cinco o treinta reales y eran más para ver que cuantos tiene el Rey, pues por estos se veía de puro rotos y por esotros no se verá nada.
- Traíamos mucho dinero del Rey y de particulares, y también lo que llamamos la caja de soldadas, que son los ahorrillos de la tropa que sirve en las Américas.
- Más me cuestan a mí esos estados que al Rey, porque ha catorce años que ando con un arbitrio que, si como es imposible no lo fuera, ya estuviera todo sosegado.
- Hasta entonces la patria se me representaba en las personas que gobernaban la nación, tales como el Rey y su célebre Ministro, a quienes no consideraba con igual respeto.
- Hallábanse las dos solas en el balcón de la alcoba de Eulalia, y ya sonaban los clarines anunciando la proximidad del Rey, cuando Amalia, ¡plum!, le soltó el pistoletazo.
- Y ansí, de aquél de mi tierra que me atestaba de mantenimiento nunca más le quise sufrir, ni sufriría ni sufriré a hombre del mundo, del rey abajo, que Manténgaos Dios me diga.
- Este libro lo dice, y está impreso con licencia del Rey, y yo sustentaré que es verdad lo que dice, con el cucharón y sin el cucharón, aquí y en otra parte, y, si no, midámoslo.
- Entre ella y yo, ¡qué diferencia! Yo soy madre del único hijo de la casa, madre soy, bien claro está, y no hay más nieto de don Baldomero que este rey del mundo que yo tengo aquí.
- Estas me dieron dijo defendiendo a París, en servicio de Dios y del Rey, por quien veo trinchado mi gesto, y no he recibido sino buenas palabras, que agora tienen lugar de malas obras.