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Ejemplos de oraciones con la palabra rita

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra rita en el contexto de una oración.

Término rita: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "rita" aquí tienes una selección de 62 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra rita para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Pero Rita.
  • Su prima Rita.
  • Rita es una tonta.
  • Rita, para servirte.
  • Rita los clasificaba.
  • Rita es una gran moza.
  • Rita no estaba sin algún enredillo.
  • Rita es mayor que usted, ¿no es verdad?
  • Pero podía ser ama como la señora Rita.
  • ¡al primo le seguía gustando más Rita!
  • Si fuese por el estilo de su hermana Rita.
  • Pues usted debe conocer perfectamente a Rita.
  • Rita sanó pero Paula no salió de la Rectoral.
  • Al recogerse, sus hermanas daban matraca a Rita.
  • Según frase suya, Rita le escamaba terriblemente.
  • Rita llevaba ventaja en sus familiares angosturas.
  • Colocada Rita, lo demás era tortas y pan pintado.
  • ¿Cuándo se determinará el rapaz a pedirme a Rita?
  • La señorita Rita tiene el genio así, franco y alegre.
  • En fin, no he tenido culpa ninguna del disgusto de Rita.
  • Rita no cesaba de explicar al primo mil particularidades.
  • Empujó la puerta tras la cual juzgaba parapetada a Rita.
  • Sin culpa mía, quedamos reñidas Rita y yo desde entonces.
  • A la que no se podían poner tachas era a Rita, la hermana mayor.
  • La señorita Rita cumplirá ahora veintisiete o veintiocho años.
  • Rita era un encanto con la dulleta de seda verdegay de la abuela.
  • Mi hermana Rita ya era casi novia del primo cuando él me pidió.
  • Y tú, Rita, recógete esas melenas, mujer, que pareces una cómica.
  • Por esto pudo notar la señorita Rita la piedad de Paula bien pronto.
  • ¡Una real moza, la primita mayor! ¿Tú eres Rita, si no me equivoco?
  • Las mantenedoras de este torneo eran Rita y Manolita, las dos mayores.
  • ¿Sabe usted insinuó don Pedro que mi prima Rita se me figura algo casquivana?
  • No lograba el marqués vencer la irritante atracción que le llevaba hacia Rita.
  • Siempre alerta, el señorito estudiaba el tono y acento con que nombraban a Rita.
  • Solamente no le contentaba que don Pedro se hubiese ido a fijar en la señorita Rita.
  • Las chicas por el estilo de Rita siempre encuentran su media naranja en un forastero.
  • El cura habló a la chicuela, y aseguró a Rita que era una Teresa de Jesús en ciernes.
  • Ni Santa Rita de Casia, amiga Teresa, sufrió tanto como yo con aquel hombre endemoniado.
  • Carmen y Nucha solían ir delante, y las seguían Rita y Manolita, acompañadas por su primo.
  • En una enfermedad del ama, el párroco pidió a Raíces su hija para reemplazar a Rita en su servicio.
  • Era Rita, en chambra, con un pañuelo de seda atado a lo curro, luciendo su hermosa garganta descubierta.
  • Acordábase mucho, mucho, con extraños remordimientos casi incestuosos, del robusto tronco de su cuñada Rita.
  • También se disgustó mucho porque la tía Marcelina, que pensaba instituirme heredera, creo que va a dejarle a Rita los bienes.
  • Encomiando el salero de Rita, y la hermosura de Rita, y la buena conformación anatómica del cuerpo de Rita, añadió como al descuido.
  • Mientras Rita se atrincheraba tras los restos de una silla de manos y una desvencijada cómoda, huyeron dos chicas, las menos valientes.
  • A los dos años la señora Rita salía de la casa del cura enseñando los puños a Paula y llevándose en un cofre sus ahorros de veinte años.
  • Mas debía ser errónea tan maliciosa suposición, porque Rita aprovechó un segundo de suspensión de hostilidades para huir nuevamente, gritando.
  • Se acusó a Rita de haber insultado agriamente a su hermana porque le quitaba el novio, y a Carmen de ayudarla, porque Nucha reprendía su ventaneo.
  • Marchóse con estas despachaderas el marqués, y a la hora de la cena estuvo taciturno y metido en sí, haciendo caso omiso de las zalamerías de Rita.
  • Y sobre todo, ¿cómo indicar ni lo más somero y mínimo de aquello de la señorita Rita, que maliciosamente interpretado tanto podía dañar a su honra?
  • Parece que la señorita Rita había engatusado de tal manera a la tía vieja de Orense, que ésta la dejaba por heredera universal, desheredando a su ahijada.
  • Y habiendo tenido Manolita la buena ocurrencia de cegar momentáneamente a su primo arrojándole a la cabeza un chal, pudo evadirse también Rita, jefe nato del motín.
  • Aquí te queremos le replicaban Rita y Manolita, palmoteando triunfantes, porque aunque te empeñes, no hay medio de correr tras de nosotras, ni de hacernos barrabasadas.
  • De eso ya me he enterado, sin molestarme en ir a la Alameda contestó el primo echando a Rita una miradaza que ella resistió con intrepidez notoria, y pagó sin esquivez alguna.
  • Rita y Manolita obligaban al primo a fijarse en los retratos que las representaban apoyadas en una silla o en una columna, actitud clásica que por aquel tiempo imponían los fotógrafos.
  • Se aseguró que las hermanas no cruzaban ya palabra alguna en la mesa, y lo confirmó ver a Rita en paseo sola con Carmen delante, mientras el primo seguía detrás con don Manuel y Nucha.
  • Doña Paula con su hábito negro de Santa Rita, total estameña, su mantón apretado a la espalda, y su pañuelo de seda para la cabeza, bien pegado a las sienes, ya está vestida para todo el año.
  • Rita, siempre animada y provocadora, lo era mucho con su primo, y no poco con los demás, pues don Pedro advirtió que a las miradas y requiebros de sus admiradores correspondía con ojeadas vivas y flecheras.
  • Salió la corta edad de la muchacha, su delicada salud, y hasta su poca hermosura alegó el padre, sazonando la observación con alusiones no muy reservadas al buen palmito de Rita y al mal gusto de no preferirla.
  • Crecieron los comentarios cuando Rita salió para Orense, a acompañar una temporada a la tía Marcelina, según dijo, y don Pedro para una posada, por no considerarse decoroso que los novios viviesen bajo un mismo techo en vísperas de boda.
  • Aprovechando la ocasión propicia, acercáronse disimuladamente las dos mayores a don Pedro, y mientras Rita le plantaba en la cabeza un sombrero de tres picos, Manolita le echaba por los hombros una chupa color tórtola, con guirnaldas de flores azules y amarillas.
  • Lo que más cautivaba a su primo, en Rita, no era tanto la belleza del rostro como la cumplida proporción del tronco y miembros, la amplitud y redondez de la cadera, el desarrollo del seno, todo cuanto en las valientes y armónicas curvas de su briosa persona prometía la madre fecunda y la nodriza inexhausta.