Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "rosa" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra rosa para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- De Rosa.
- ¿Y Rosa?
- Sí, Rosa.
- Rosa Briones.
- ¿Sola, Rosa?
- Descuida, Rosa.
- Y te lo dice Rosa.
- Acuérdate de Rosa.
- Así lo quiere Rosa.
- Sí, tú, tú, Rosa.
- ¡Claro! exclamó Rosa.
- Tía de tus hijos, Rosa.
- Ahora va de veras, Rosa.
- Tú me casaste con Rosa.
- Pero, ¿murió acaso Rosa?
- Lo he consultado con Rosa.
- Y tú, Rosa, no llores así.
- Así no te haces valer, Rosa.
- ¿Dónde estaba el polvo rosa?
- No insistas, Rosa, no insistas.
- Lo pensaré, Rosa, lo pensaré.
- ¿me quieres, me quieres, Rosa?
- La pobre Rosa se echó a llorar.
- Aquí estoy, Rosa, aquí estaré.
- ¡Pobre Rosa! decía de continuo.
- Yo he oído a Martínez de la Rosa.
- El caso es que Rosa tiene ya novio.
- Sí, pero de la otra, de mamá Rosa.
- La faz, esculpida en cera color rosa.
- El pico de Cabreras se tinta en rosa.
- Don Frutos se bañaba en agua de rosa.
- ¿Y no has quedado escarmentada, Rosa?
- No pienses ahora sino en Rosa, Ramiro.
- Muchas gracias, señorita Rosa murmuró.
- El Magistral arrancó un botón de rosa.
- Pero yo hablo de ello, Rosa, y es igual.
- Rosa empezaba a quejarse de su fecundidad.
- Y tú, Rosa, estabas a esas horas despierta.
- Pero es que esta Rosa no hace nada por vivir.
- Volvieron los colores de rosa a sus mejillas.
- Pero si Rosa no quiere hacerme celosa, Manuela.
- ¿usted ha oído hablar de Martínez de la Rosa?
- Pues bien, ¿piensas casarte con Rosa, sí o no?
- De este tercer parto quedó quebrantadísima Rosa.
- Que es un buen partido para Rosa y que se querrán.
- ¡Y a ti, Tula, a ti! exclamó entre sollozos Rosa.
- Y tú piensa en Rosa, recuerda a Rosa, ¡tu primer.
- Llámeme usted Rosa o Rosita, como me dicen en casa.
- El capullo se convertía en rosa y la crisálida en.
- ¿Quién no ha oído hablar de Martínez de la Rosa?
- Es verdad, pero me los perdonas, ¿no es verdad, Rosa?
- Pero los defectos de Ramiro no son los que Rosa dice.
- Rosa ha salido y soy yo quien tengo ahora que hablarte.
- Ya en el barco me pintaron el porvenir de color de rosa.
- Sonreía y tenía un poco de color rosa en las mejillas.
- Dámelo, Rosa, dámelo, y vete a entretener a tu marido.
- Rosa cayó en brazos de su hermana, que le dijo al oído.
- La otra era la señorita de Briones, y puso una rosa roja.
- ¡Yo le hablaré de eso, Rosa, déjalo de mi cuenta! ¿Tú?
- Señorita Doña Rosa, vuestro Don Rafael está bueno y sano.
- Nunca creí, Rosa, que el matrimonio pudiese entontecer así.
- Dijo Rosa acercándose y dejándose caer abatida en un sillón.
- No, pues a la cara se le puede mirar, que la tiene como una rosa.
- III DON Primitivo autorizó y bendijo la boda de Ramiro con Rosa.
- Al principio, al veros, al ver a la pareja, sólo reparé en Rosa.
- Rosa, tu mujer, te dice por mi boca que te cases con la hospiciana.
- Pero Rosa entreabrió los ojos y se encontró con los de su hermana.
- Se acercó al sepulcro de Zalacaín y dejó sobre él una rosa negra.
- Soñaba lo que habría sido si Ramiro hubiese dejado por ella a Rosa.
- Porque sabía, Rosa, que su sola presencia santificaba nuestra voluntad.
- Me has dicho que quieres a Rosa y que estás resuelto a casarte con ella.
- ¿No sintió acaso en sus entrañas los dolores de los partos de su Rosa?
- El cielo de otoño, un cielo azul y rosa, sin una nube, iba obscureciendo.
- Cómo él vivía ahora la muerte de su Rosa y se moría en su propia vida.
- Así me pasó con mi tío y así me ha pasado con mi hermana, con tu Rosa.
- ¿No querría él lo bastante a Rosa o no le querría lo bastante Rosa a él?
- Yo no sé, Manuela le decía a ésta Caridad, su cuñada qué hacer con Rosa.
- Yo no he oído a nadie que tuviera la dulzura que tenía Martínez de la Rosa.
- No sabes bien qué días tan malos estoy pasando desde que murió la pobre Rosa.
- Le he despedido porque me debo, ya te lo dije, a tus hijos, a los hijos de Rosa.
- O por lo menos, así lo creían ambos, Ramiro y Rosa, al atraerse el uno al otro.
- A Ramiro, tío, se le ha metido Rosa por los ojos y cree estar enamorado de ella.
- Su hermana Rosa logró su deseo y gozó y dejó los hijos que había querido tener.
- Sólo un ligero tinte de rosa coloreaba una mejilla, mientras la otra estaba pálida.
- Era muy blanco y fino el cutis, que una emoción cualquiera teñía de color de rosa.
- Yo no te he dicho eso, Rosa, y ahora, en este momento, no puedo, ni por piedad, mentir.
- ¡Hijo! No, Rosa, su Rosa, no se había muerto, no era posible que se le hubiese muerto.
- Y en cuanto a su otra sobrina, a Rosa, le bastaba para protección y guía con su hermana.
- Cierta mañana, encontrándose las tres, Caridad, Manuela y Rosa, comenzó ésta el ataque.
- En la tertulia de don Eugenio se hablaba de Martínez de la Rosa y de su malogrado Estatuto.
- Muchas veces, para distraer al herido, Rosa le leyó novelas de Dumas y poesías de Bécquer.
- IV EN el parto de Rosa, que fué durísimo, nadie estuvo más serena y valerosa que Gertrudis.
- Es verdad, sí dijo Rosa con los ojos henchidos de lágrimas, como sencillo no he conocido otro.
- Mientras Rosa, vencedora de la muerte y de la vida, sonreía con los domésticos ojos apacibles.
- ¡sí o no! Rosa bajó la frente con los ojos, arrebolóse toda y llorándole la voz tartamudeó.
- Aquí sabemos todos lo que queremos decir y yo sé, además, lo que me digo, ¿me entiendes, Rosa?
- Es de tafilete rosa, con la punta agudísima y con el tacón altísimo de madera, aforrado en piel.
- ¡a darnos muchos hijos! Y ahora le respondió Rosa te vendrás a vivir con nosotros, por supuesto.
- ¡Qué de proyectos! ¡qué de horizontes de color de rosa! Y siempre, siempre juntos Víctor y ella.
- Al día siguiente de estas palabras estaban ya en lo que se llaman relaciones amorosas Rosa y Ramiro.