Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "rosita" aquí tienes una selección de 54 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra rosita para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- ¿Qué Rosita?
- ¿Cómo está Rosita?
- Rosita era lindísima.
- Rosita no decía palabra.
- Ramirín, Rosita y Elvira.
- Con Rosita y Elvira basta.
- Rosita se puso muy encarnada.
- Se lo has dicho al oído a Rosita.
- Los ojos de Rosita prometían mucho.
- Entre yo, Rosita y Elvira le cuidaremos.
- ¡Si ya no hay Rosita! Si ya se acabó Rosita.
- Rosita lanzó un grito terrible y cayó desmayada.
- Y Rosita no estaba tan mal como el médico decía.
- Para mí, era Rosita entonces lo primero del mundo.
- Llámeme usted Rosa o Rosita, como me dicen en casa.
- Rosita apilaba pliegos y resmas sin decir una palabra.
- Y usted preguntó Jacinta a Rosita, ¿en qué se ocupa?
- Una tarde se presentó en Hernani el hermano de Rosita.
- La encantadora y sin par Rosita, de quien hablaré después.
- Rosita Briones y su madre doña Pepita le mimaban y le halagaban.
- Desde entonces Rosita andaba con la mayor circunspección y gravedad.
- Rosita era graciosa, pero desmedrada y clorótica, de color de marfil.
- Rosita y su madre recibieron a Martín con grandes muestras de amistad.
- Vamos, Rosita, no te pongas así, y perdóname le dijo dándole un beso.
- Rosita, durante la convalecencia, tuvo largas conversaciones con Martín.
- Un día que contaba su vida y sus aventuras, Rosita le preguntó de pronto.
- La ciencia ofrece la salud de Rosita con aires de aldea, allá junto al mar.
- ¡Rosita! Y no le dejó comentar la intangibilidad y la plenitud de la luna.
- Todos se quedaron como lelos, y Rosita más blanca que el papel en que escribo.
- Por Dios, papá dijo Rosita, que había entrado detrás de su padre, no nos asustes.
- Al entrar en la casa, creí que Rosita pertenecía a un orden de criaturas superior.
- Doña Pepita, la madre de Rosita, era una señora romántica, con unas ideas absurdas.
- Doña Pepita le abrazó y Rosita le estrechó la mano varias veces y le dijo imperiosamente.
- Al día siguiente, Rosita y su madre iban a San Sebastián, para marcharse desde allí a Logroño.
- A Rosita Briones le centellearon los ojos y envolvió a Martín en una de sus miradas enigmáticas.
- Una muchacha, que debía de ser Rosita, contaba los pliegos ya enlutados y formaba los cuadernillos.
- Rosita tardó mucho en traer el agua, y Nicanora se había dado la inmensa satisfacción de ir a la compra.
- Pero cuando el convento esté edificado y las mujeres puedan trasladarse a él, nuestra Rosita habrá muerto.
- Aunque en rigor era Rosita la que buscaba a Caridad y le llevaba sus quejas, sus aprensiones, sus suspicacias.
- De un lado, Rosita, la hija mayor de Rosa, aliada con Caridad, con su cuñada y no con su hermano, no con Ramiro.
- Doña Pepita dijo que su hija había tenido el capricho de aprender la guitarra é incitó a Rosita para que cantara.
- Si no fuera por Catalina pensó era capaz de quedarme aquí y ver si Rosita Briones está de veras por mí, como parece.
- Llegó la noche, y con ella la tristeza al alma de Rosita, pues ya no había esperanza de verle hasta el día siguiente.
- Se encontraban a la puerta de la venta Martín y Bautista, cuando pasó, envuelto en su capote, Briones, el hermano de Rosita.
- Y Rosita, al cantar esto, miraba a Martín de tal manera con los ojos brillantes y negros, que él se olvidó de que le esperaba Catalina.
- La religiosidad de mis amos se escandalizó tanto con aquel hecho, que no pudieron disimular su enojo, y Rosita fue la víctima principal.
- Martín nunca había oído versos y le hicieron un efecto admirable, pero lo que más le sorprendió fué la discreción de los comentarios de Rosita.
- Y en cuanto a Rosita y Elvira, sí, son sus hermanas, la quieren como tales, pero no entienden de eso, y además la pobre, aunque se aviene a todo, no se halla sin mí.
- Rosita sacó la guitarra y cantó algunas canciones, acompañándose con ella, y luego, como en honor de Martín, entonó un zortzico con letra castellana, que comenzaba así.
- Cuando ésta se fue a misa con Rosita, advertí que el señor se daba gran prisa por meter en una maleta algunas camisas y otras prendas de vestir, entre las cuales iba su uniforme.
- ¡Y ojalá les salga pronto el novio a ella y la novia a él! XXV EL otro grupo lo formaban en la familia, no Rosita y Ramiro, sino la mujer de éste, Caridad, y aquella su cuñada.
- ¡Si no callas, viene un cocón y te come! ¡ Velo ahí viene! ¡Calla, soliño, paloma blanca, rosita! No por virtud de las exhortaciones, pero sí por haber conocido a su amigo predilecto, la niña callaba ya.
- Esta hija se llamaba Rosita, de edad poco mayor que la mía, pues apenas pasaba de los quince años, y ya estaba concertado su matrimonio con un joven oficial de Artillería llamado Malespina, de una familia de Medinasidonia, lejanamente emparentada con la de mi ama.
- ¡Peor que incómoda! Desde aquel tronco, mirando al mar, hablaban de mil nonadas, pues en cuanto el hombre deslizaba la conversación a senderos de lo por pacto tácito ya vedado de hablar entre ellos, la tía tenía en la boca un ¡Ramirín! o ¡Rosita! o ¡Elvira! Le hablaba ella del mar y eran sus palabras, que le llegaban a él envueltas en el rumor no lejano de las olas, como la letra vaga de un canto de cuna para el alma.