Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra roto

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra roto en el contexto de una oración.

Término roto: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "roto" aquí tienes una selección de 48 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra roto para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Y lo hemos roto.
  • Se había roto el encanto.
  • Se habían roto dos copas.
  • Llevamos otra vez el tiro roto.
  • Bien, vida mía, bien roto está.
  • Ya me ha roto tres espejos, y un día.
  • ¿Qué tripa se le habrá roto a este?
  • Me siento en el roto fuste de una columna.
  • El cuello estaba todo abierto de puro roto.
  • ¡Ay, señora! si ha roto usted tres de esos tiestos nuevos.
  • Me dicen estos tontainas que has roto el camello del Rey negro.
  • Que me ausculte bien, porque este corazón parece un fuelle roto.
  • Lo roto se pega con cuidadito con unas tiras de papel transparente.
  • No, el otro, el que había roto los vidrios, era el que los tenía que pagar.
  • Sacábanlos a la vergüenza y cada uno, de puro roto, llevaba la suya de fuera.
  • Un día dio por roto el parentesco, faltándole poco para que pegara a su sobrino.
  • En su pucho roto y agujereado almacenaba lagartijas, mariposas y mariquitas de Dios.
  • Este arquetón es viejo y grande y roto por algunas partes, aunque pequeños agujeros.
  • Se le figuraba que dentro de ella se había roto algo, la virtud, la fe, la vergüenza.
  • Roto el cascarón, Maximiliano se encontró más valiente y dispuesto a medirse con la fiera.
  • Se había roto una correa y tuvieron que arreglarla, haciéndole un agujero con el cortaplumas.
  • ¡y el cuadro de las mariposas se ha hecho pedacitos! ¡y se ha roto una vitrina de herbario! y.
  • Roto el secreto, Frígilis tosía fuerte abajo a propósito, para que le oyera Ana, como diciendo.
  • Unas veces tomaba pie de alguna falta advertida en la ropa, botón caído, ojal roto, o cosa semejante.
  • Contra ese bloque científico del determinismo, afirmado ya por los griegos, ¿cuántas olas no han roto?
  • La pipa medio podrida arrimada al muro, como al descuido, los palos del espaldar roto formaban otra escala.
  • Benítez escupió un pedazo del puro, que había roto con los dientes, y contestó con la misma sonrisa de antes.
  • Sabía que su marido había roto definitivamente con Clarita, aquella mala piel que vivía en la calle del Puerto.
  • ¡Un huevo crudo! Con mucho donaire, la muchacha se llevó a la boca por segunda vez el huevo roto y se atizó otro sorbo.
  • No podía consultar el reloj de bolsillo, porque el día anterior al darle cuerda le había encontrado roto el muelle real.
  • Y una vez roto el fuego, rompió la señora en acusaciones contra su hijo por aquellas maneras nuevas de hablar y de vestir.
  • Traía encima de muy buena camisa, jubón, ropa, saya y manteo, un saco de sayal roto, de un amigo ermitaño que tenía en las cuestas de Alcalá.
  • Desconociéronme en esto las huéspedas y respondieron que allí no vivía sino un don Ramiro de Guzmán, más roto que rico, pequeño de cuerpo, feo de cara y pobre.
  • Roto el hielo de la cortedad desde el momento en que la tremenda cuestión salía a vista pública, le brotaban del fondo del alma aquellos alientos grandes para su defensa.
  • Las largas filas de hachas encendidas, se perdían a lo lejos hacia arriba, mostrando la luz amarillenta de los pábilos, como un rosario de cuenta, doradas, roto a trechos.
  • Entraron luego otros dos, el uno con una ropilla de paño, larga hasta el medio valón y su capa de lo mismo, levantando el cuello porque no se viese el anjeo, que estaba roto.
  • Si él quiere volver a embarcarse con su pierna de palo, su brazo roto, su ojo de menos y sus cincuenta heridas, que vaya en buen hora, y Dios quiera que no vuelva a parecer por aquí.
  • Ya provenía de que el amo del café se portó cochinamente cobrando a la tertulia unas copas, que se habían roto al discutir las verdaderas causas de la muerte de Concha en Montemuru.
  • Atravesaron impávidos el abismo y penetraron en la sala, que al menos poseía un piso clavado, aunque en muchos sitios roto y en todos casi reducido a polvo sutil por el taladro de los insectos.
  • Su cuerpo no tenía forma de mujer, y al andar parecía desbaratarse y hundirse del lado izquierdo, imprimiendo en el suelo un golpe seco que no se sabía si era de pie de palo o del propio muñón del hueso roto.
  • Pimentó contaba con risotadas brutales cómo se había roto él mismo la cabeza volviendo de la taberna, á consecuencia de su apuesta, que le hizo andar con paso vacilante, chocando contra los árboles del camino.
  • Hay viejas cámaras con puertas cuadradas, con cerraduras chirriantes, con techos inclinados de retorcidas vigas, con lejas anchas, con armarios telarañosos que encierran un espejo roto, un velón, una careta de colmenero.
  • Gustábale ir roto y sucio como los sopistas, y cada una de estas hazañas enfurecía al Fraile, haciéndole gritar que aquello era robarle el dinero, y que el mejor día de un puntapié en tal parte iba a poner en la calle al desvergonzado sobrino.
  • El pobre muchacho, roto el freno de su timidez, hablaba con vehemencia, meneaba los brazos para afirmar sus palabras, sin ver que hacía danzar locamente el paraguas, que conservaba abierto, y que varias veces estuvo próximo a meter una varilla por los ojos de la joven.
  • Nucha tiró de ellos y salió el cuerpo, y tras del cuerpo las manos, en las cuales venía ya el plato que apetecía el ama de casa, pues los huevos que el chico acababa de ocultar se le habían roto con la prisa, y la tortilla estaba allí medio hecha, batida por lo menos.
  • ¡Ja, ja! Yo la he visto, con estos ojos, y le aseguro a usted que si tengo algún pesar, ¡es el de no haberle roto una pierna, para que no baile más por unos cuantos meses! Guardó silencio el capellán, sin saber qué responder a la inesperada revelación de celos feroces.
  • Yo iba caballero en el rucio de la Mancha, y bien deseoso de no topar nadie, cuando desde lejos vi venir un hidalgo de portante, con su capa puesta, espada ceñida, calzas atacadas y botas, y al parecer bien puesto, el cuello abierto más de roto que de molde, el sombrero de lado.
  • De noche, en el tren, cuando volvían solos a Vetusta en un coche de segunda, por miedo al frío de los de tercera, Frígilis que miraba el paisaje triste a la luz de la luna, que aquella vez había podido más que el sol y había roto las nubes, Frígilis sintió un suspiro como un barreno detrás de sí, y volvió la cabeza diciendo.